Cada vez más castellanos y leoneses acuden a tratamientos por desórdenes alimenticios

Un repunte masculino que coincide con el aumento del 23% de bulimia y anorexia en hombres y mujeres

La trabajadora social y dietista de Aclafeba y Cetras, Vinda González, atiende a una persona afectada por este problema en su sede de Valladolid
La trabajadora social y dietista de Aclafeba y Cetras, Vinda González, atiende a una persona afectada por este problema en su sede de Valladolid

Hace unos años, si de cada diez casos de personas afectadas por desórdenes alimenticios que acudían en busca de una solución todas eran mujeres, ahora la tendencia es otra, y dos ya son hombres. Así lo desvela la Asociación Castellano Leonesa de Ayuda a Familiares y Enfermos de Bulimia y Anorexia (Aclafeba), creada por el doctor Blas Bombín, que en sus casi 20 años de historia ha ayudado a 1.200 pacientes y sus familias, a través de recursos terapéuticos, para llevar a cabo su rehabilitación.

Una tendencia que va a más, con un aumento en los casos generales del 23 por ciento en los últimos dos años, con presencia incluso de jóvenes extranjeros que se encuentran estudiando en Valladolid. Y eso que la mayoría de casos no están catalogados ya que se estima que alrededor de un 5 por ciento de la población española sufre este tipo de enfermedad .

«El abanico, a nivel clínico, es que la edad media en anorexia es entre 15 y 25 años, mientras que los pacientes por bulimia nerviosa es a partir de los 30 años», señala a LA RAZÓN, la trabajadora social y dietista de esta asociación, Vinda González. Lo que está claro, afirma es que «el enemigo es la enfermedad y no el paciente y las circunstancias de cada caso son distintas. Aquí se intentan atajar todos los frentes que tiene un trastorno alimenticio, tanto desde el punto de vista psiquiátrico y psicológico como nutricional y social», indica.

A. P., que ejerce de voluntario en la asociación, cuenta su experiencia. Yo tenía mucho estrés, motivado por los estudios, inseguridades, mala relación con los compañeros de colegio, la sociedad en general. Y aquí, además de encontrar consuelo, hallas consenso. Y cambia tu vida de manera radical, sobre todo en la relación con mis padres».

Y es que el problema no es sólo personal, sino que también afecta al núcleo familiar como señala otra de las voluntarias de Aclafeba, B. B., que vivió en sus carnes el drama del problema con su hija. «Venimos descolocados por qué no sabemos cómo actuar, qué decir o qué hacer, por que hagas lo que hagas no aciertas nunca. ''Hija, que bien te quedan esos zapatos'', es lo único que te atreves a decir», comenta.

«Pero cuando es otra persona que no sea un hijo la afectada o afectado el problema se agrava», señala Vinda González. «Una madre o la pareja no pueden cambiar los roles». En su trabajo como dietista -en las terapias individuales-, la trabajadora social señala que es importante «trabajar en una educación alimenticia, y fomentar un comportamiento adecuado para evitar atracones o restriccciones».

Unas normas básicas que también se enseñan en campañas de sensibilización y concienciación, realización de talleres y charlas que realizan a lo largo del año por la toda la Región.