Alex Ross: «El siglo XX ha sido el mejor»

Crítico musical y escritor

–¿Qué le lleva a Barcelona?

– Estoy escribiendo un libro sobre Wagner y cómo influenció no solo a la música, sino también a artistas plásticos, arquitectos, escritores. Fue un gran fenómeno y la influencia en los artistas catalanes fue muy relevante. Dalí tenía un claro interés en el compositor y Gaudí, aunque es difícil saber si lo escuchó o no, tiene planteamientos muy parecidos. Así que este viaje me servirá para hacer un poco de investigación.

– ¿Vuelve a utilizar la música para hablar de otras disciplinas?

– Siempre me ha preocupado encontrar formas de hablar de música a través de otros elementos y ver las conexiones que tiene con otros fenómenos. Tanto en «El ruido eterno» como en «Escucha esto» mi obsesión giraba en torno a hacer comprensible y cercana una macrohistoria universal cosida a través de la música.

– ¿Y qué le interesa de Wagner?

– Es un tema fascinante y muy difícil de capturar en su totalidad. Fue un auténtico fenómeno cultural y su registro puede verse en gente como Proust, Joyce, Kandinsky, Eisenstein, Buñuel. Su figura no está domesticada y todavía es polémica. En directores de cine como Terence Malick continúa siendo una influencia poderosa.

– ¿De dónde surgió la idea de relacionar música y política?

– Mi formación como periodista me llevó a salir del tópico de ensayo técnico de música, que se limita a explicar estilos o biografías de compositores. En el «New Yorker» te animan a no dar por supuesto que el lector sabe de lo que estás hablando e intentar ser claro y entretenido. La dimensión política de la música es evidente y a veces hasta siniestra e investigar en ese vínculo me pareció interesante.

– ¿Siente que ha revolucionado el género del ensayo crítico de música?

– Hay libros muy buenos sobre estilos y técnicas. El problema es que ha habido una cierta actitud fría y distante a la hora de hablar de música clásica. Se habla con cierto desapasionamiento, cuando ya en el siglo XIX gente como Berlioz o Schumann tenían una forma muy vital y apasionada de escribir sobre música, por no hablar de Bernard Shaw. Yo sólo he querido recuperar esa vitalidad.

– El director de orquesta Lawrence Foster asegura que ya no existen buenos críticos musicales, que no tienen conocimientos suficientes. ¿Se siente aludido?

– El problema es que la crisis de la prensa escrita ha dejado el espacio para la crítica en una anécdota. Muchos críticos han perdido su trabajo y los que quedan no tienen espacio para argumentar nada. Si perdemos la tradición de la crítica cultural, perdemos fuerza como sociedad. E internet no es la solución, se necesitan cabeceras fuertes que muevan estados de opinión.

– ¿La música del siglo XX sigue sin estar aceptada por el público?

– Gente como Britten o Stravinsky han conseguido ser populares en el repertorio habitual de las grandes orquestas, pero otros como Schönberg o Webern son más complicados. El problema está en los propios auditorios, construidos para las grandes orquestas del XVIII y XIX, por lo que el modernismo queda extraño. El siglo XX es el siglo más interesante de la historia de la música, por su variedad. Pero soy optimista. Ahora Pollock es una superestrella y Schönberg también lo será.

– ¿Y es optimista en la capacidad de la música clásica de rejuvenecer su público?

– Claro. Los músicos de las grandes orquestas son todos más jóvenes que los Rolling Stones y hay muchos veinteañeros en los auditorios. Si se bajan las entradas y a través de internet creas la sensación de evento, los jóvenes vendrán. Ayuda también explicar a la audiencia lo que van a escuchar, por ejemplo.

– ¿Y qué es lo más interesante de la creación contemporánea?

– La nueva generación de minimalistas americanos y los conjuntos «avant garde» europeos están ofreciendo cosas antitéticas, pero igual de interesantes. Mi trabajo ahora es presentarlos al público y mostrar sus puntos de unión. Britten y Stockhausen eran coetaneos y tampoco tenían nada que ver.

De Brahms a Bob Dylan

Con «El ruido eterno», Alex Ross, crítico musical del «The New Yorker» consiguió que toda una nueva generación se interesase por los ninguneados compositores del siglo XX. ¿Cómo? Descubriendo su relación con los acontecimientos políticos de su época y plagando de anécdotas sus vidas hasta crear casi una especie de «¡Hola!» de la alta cultura. Ahora regresa con «Escucha esto», una recolección de ensayos y escritos en que vuelve a relacionar a los grandes compositores con otras raras referencias, la música pop. De esta forma, se pasa de Mozart a Bob Dylan, de Brahmas a NIrvana, de Schubert a Radiohead. Ross no escuchó música pop hasta los 20 años, pero escuchó bien.