Cuando la fotografía era cuestión de tiempo lento

Vilasar de Dalt se llena con más de 50 exposiciones de fotografía analógica con la quinta edición del Festival Revela-T

Cómo revelar lo oculto a través de la fotografía. Una de las fotografías de Eduardo Momeñe en su serie «Las fotografías de Burton Norton.
Cómo revelar lo oculto a través de la fotografía. Una de las fotografías de Eduardo Momeñe en su serie «Las fotografías de Burton Norton.

Los ojos son devoradores de imágenes, y son insaciables, locos hambrientos, y tanto les da lo que les ofrezcan, muerden y engullen siempre.

Los ojos son devoradores de imágenes, y son insaciables, locos hambrientos, y tanto les da lo que les ofrezcan, muerden y engullen siempre. La era digital ha conseguido que mirar se haya convertido en una ansiedad. No hay pausa, no hay reflexión, no hay maravilla, sólo hambre, hambre, hambre. Claro que no fue así siempre. Hubo un tiempo en que los ojos eran un objetivo que enfocar, un certero recolector de memoria, que sabía repetir en su imaginación lo que acababa de observar y desvelar sus secretos. Era la época de la fotografía analógica. No hace tanto tiempo de ella, si alguien no lo recuerda.

La localidad barcelonesa de Vilasar de Dalt acoge hasta el 28 de mayo la quinta edición de Revela-T, el festival de fotografía analógica que está consiguiendo devolvernos a ese época precarnivora. Alrededor de 50 exposiciones de grandes fotógrafos y galerías nacionales e internacionales se unen en unos diez días intensos, en los que también hay talleres, mesas redondas y diferentes actividades culturales.

Este año se ha puesto un denominador común a todo el festival, «Hidden». Es decir, la revelación de aquello oculto a través de la llamada «Slow photography». Y la lista de fotógrafos es espectacular, con nombres de la talla de Kazuma Obara, Munemasa Takahashi, Martin Brandau, Juanan Requena, Estrella de Castro, Albarrán & Cabrera, Tagomago Collectors, Eduardo Momeñe, Jordi Esteva, Pam/Plossu y Peter de Graa, entre otros.

Mención especial merecen las fotografías de Manabu Yamanaka en «Gyahtei: Resigned to Death», en la que el fotógrafo retrata desnudas a mujeres de 92 a 102 años, imágenes impactantes para un festival revelador.