De amor y de paz

La Razón
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Soplan vientos raros para los buenos deseos. Algunos brotes de optimismo colorean de verde el final del 2013 y nubarrones nos auguran un año 2014 pesadísimo de agravios de Madrid. España no nos entiende. Por favor, Europa danos cariño que te queremos mucho.

Lo que sucede, y no es poco, es que esta noche es Nochebuena y mañana Navidad. Eso, cantado o escrito, significa momentos de tregua en homenaje que rendimos los creyentes al Hijo de Dios que vino al mundo a enseñarnos un camino de paz. Y, también, significa eso que tantas veces olvidamos los adultos y que vemos reflejado en los ojos ilusionados de los niños. Algo llega al alma cuando, en el festival del colegio, ves a tu hijo o a tus hijas cantar un villancico o cuando ves la alegría en sus ojos al desenvolver un regalo, por mucho que éste sea un extraño juego de «play no sé qué» que cuesta un ojo de la cara, abulta como un mechero y va envuelto en una caja que da miedo.

Momentos de alegría y de nostalgia por los ausentes, de pensar lo rápido que pasa el tiempo y darse de cuenta que los mejores momentos son aquellos que compartimos con quienes queremos de verdad.

Buenos deseos y propósitos para el Año Nuevo. Olvidados el gimnasio, las clases el inglés y de informática, prefiero centrarme en desear que, por mucha tabarra que nos den los profesionales de la pesadez política, sigamos teniendo el espíritu optimista, el cuerpo con salud, el día con trabajo y la noche plácida y tranquila con la conciencia limpia y a ser posible después de un puro, un gintonic y una buena tertulia con familia y amigos. Feliz Navidad.