Teatro

Desirée Rancatore: «En la época del cine, la ópera exige grandes voces y actores»

¿Qué significa Verdi para usted?

– Como italiana, lo significa todo y ha sido vital en mi carrera. Debuté en mi primer gran plaza estadounidense, en San Francisco, interpretando a Gilda en «Rigoletto». Mi corazón vibra cada vez que canto esta ópera y escuchar «Falstaff» y pensar que el compositor ya era un hombre muy mayor, y aún así pudo escribir algo así, es algo increíble. Además, este año he podido debutar en el papel de Violeta en «La Traviata», una de mis óperas favoritas y aún no puedo creer mi suerte.

– ¿Qué le gusta tanto de «La Traviata»?

– Me gusta absolutamente todo, la música, la personalidad de sus personajes, la historia. Es la ópera que más veces he visto en mi vida. En Palermo, mi madre y mi padre ya me llevaban a la ópera con apenas cuatro años y he podido ver a las mejores voces cantándola.

– ¿Recuerda alguna de esas divas?

– A la más grande, Mariella Devia. Su Violetta te hacía temblar. Incluso recuerdo a Maria Callas, en sus últimso años, sobre todo en «Aida». Aprendí mucho de ellas, aunque entonces no pensaba que me dedicaría a cantar.

– ¿Qué fue lo que le llevó al canto?

– Yo estudiaba violín y piano, pero había una asignatura obligatoria de canto coral y de repente vi que era algo que me encantaba. Me enamoré por completo. Cuando le dije a mi madre que me quería dedicar, se quedó muda. Pero si tú nunca cantas en casa, me dijo. Pero fue como un arrebato y todavía continúa.

– Empezó muy joven y hoy, con sólo 36 años, ya es toda una veterana.

– Empecé a estudiar a los 16 años y a los 18 ya participaba en el Festival de Salzburgo en el papel de Barbarina en «Las bodas de Fígaro» de Mozart. Empecé con una voz con extrema coloratura, pero poco a poco he conseguido ganar volumen, calidez y rotundidad. Gracias a esto he podido llegar a Violeta. Pero nunca he querido correr más de la cuenta. Todo ha sido muy razonado, en cada debut lo he pensado mucho. Empecé muy joven, supongo que por eso no tengo urgencias.

– ¿Cree que ese es un problema para las jóvenes voces, que muchas veces quieren ir demasiado rápido y aceptan papeles por lo que no están preparadas?

– Como dice Josep Bros, que también canta en los conciertos del Liceo, el caballo bueno se ve en las carreras largas. En cierta manera es fácil debutar en un gran teatro, pero lo más difícil es mantener el nivel y que te sigan llamando.

– ¿Se prepara tanto a nivel actoral como a nivel vocal?

– En la época del cine, una cantante no se puede quedar quieta y dar el do de pecho. Tiene que moverse, vivir el personaje o el espectador no se lo cree. Las historias de las grandes óperas ya son lo suficiente increíbles así que el cantante tiene que darlo todo para que se crean estas historias.

– El Liceo no vive su mejor momento. ¿Cómo viven los cantantes, los protagonistas absolutos de la lírica, la crisis actual?

– Los grandes teatros italianos están igual o peor que el Liceo. Da mucha pena ver la situación en que se encuentran instituciones míticas como el Liceo. Los cantantes siempre buscamos maneras de ayudas, empezando por bajarnos los cachés. La obligación es acercar como sea la ópera a las nuevas generaciones.

– ¿No es esa una causa perdida?

– Ni mucho menos. Más allá de los tópicos, existe una numerosa representación de jóvenes melómanos. Los veo cada vez más en los teatros. Incluso hay que ves que te sigue allá donde vas.

– ¿Qué se siente cuando ve que la gente le sigue de ciudad en ciudad?

– Pues una gran responsabilidad. Siempre quieres agradar a todo el mundo y te esfuerzas al máximo, pero sientes más obligaciones con estas personas a las que gustas tanto que incluso te siguen de teatro en teatro. Aman lo que haces, creen en ti, y eso es maravilloso.

– ¿Con qué momentos se queda de su carrera?

– Todo ha sido tan increíble que deberían haber hecho una película de mi vida. Mi debut en Salzburgo determinó todo lo increíble que viviría después. Debutar a los 22 años en el Covent Garden, cantar en la reapertura de La Scala de Milan dirigida por Ricardo Muti y lo mejor es que todavía quedan tantas cosas que hacer.

–¿Cuáles son los retos que se marca?

– Ir día a día y llegar siempre a un nivel más alto. Mi sueño era poder debutar en «Manon», de Jules Massanet, y lo voy a hacer, ya tengo una fecha para dentro de tres años. Y, por supuesto, debutar en una ópera escenificada en el Liceo, que todavía no lo hecho. Espero que el nuevo director artístico me tenga en cuenta.

Homenaje a Verdi

El Liceo arranca su nueva temporada esta noche con el primer de los cuatro recitales dedicados al bicentenario del nacimiento de Verdi. Serán cuatro grandes galas en las que se podrán escuchar arias y dúos de las 28 óperas del compositor italiano, desde sus primeras obras a las de su senectud. Y no sólo se ofrecerán los fragmentos más conocidos, sino que se ha querido rescatar arias muy poco representadas o variaciones de sus grandes clásicos. Para empezar, se podrá escuchar la obertura de «Oberto conte di San Bonifacio», la primera ópera verdiana. Además, Leo Nucci y Lola Casariego cantarán fragmentos de «Nabucco». Josep Bros interpretará el aria del segundo acto de «I due Foscari»; y Desirée Rancatore debutará en el Liceo cantando a dúo con Antonino Siragusa el célebre «corro al re», de «Un giorno di regno». La sigueinte sesión será el 6 de octubre y Rancatore podrá deleitar con su Violeta de «La Traviata».