El reducto taurino de Cataluña

Más de 40 localidades mantienen algún tipo de espectáculo con los toros como protagonistas, ERC gobierna en ocho de ellas

El incidente del pasado fin de semana en Vidreres (Girona) ha devuelto a la palestra la silenciada realidad de los toros en Cataluña
El incidente del pasado fin de semana en Vidreres (Girona) ha devuelto a la palestra la silenciada realidad de los toros en Cataluña

Más de 40 localidades mantienen algún tipo de espectáculo con los toros como protagonistas, ERC gobierna en ocho de ellas

La Cataluña antitaurina que buena parte de la clase política intenta dibujar en contraposición al resto de España dista mucho de ser un relato homogéneo. Es cierto que las nuevas generaciones, como en el resto del país, sienten poco apego a este tipo de tradiciones. Pero no siempre fue así. De hecho, pocas ciudades pueden presumir, como Barcelona, de albergar dos plazas de toros que, aunque en desuso, reflejan el interés que la capital catalana tuvo por la fiesta. Así, la legislación antitaurina aprobada en 2010 lejos de marcar distancias con el resto del país escondía una realidad que, aunque menguada por el paso del tiempo, sigue muy presente en muchos rincones de Cataluña. El incidente de Vidreres (Girona) del pasado fin de semana, en el que un toro saltó a la grada dejando a su paso varios heridos, no ha hecho más que devolver a la palestra una realidad silenciada por el independentismo. Así las cosas, 43 localidades de Cataluña todavía tienen a los toros como protagonistas de sus fiestas.

En 2010, por 68 votos a favor, 55 en contra, y 9 abstenciones, el Parlamento catalán aceptaba la Iniciativa Legislativa Popular que pedía prohibir las corridas de toros en la comunidad. La normativa no escondía, sin embargo, una doble vara de medir ya que se prohibieron las corridas de toros en Cataluña, pero permitían los «correbous», incluyendo actos como el «bou embolat», en los que se colocan a un toro dos bolas de fuego en sus astas a la luz de la noche. El animalismo termina donde comienzan los votos. Y el éxito de este tipo de espectáculos en la provincia de Tarragona dejó abiertas varias puertas traseras en la legislación, con el beneplácito de CiU, ERC y PSC. Alegaron que si el toro es protagonista de la fiesta la tradición merece ser respetada porque forma parte de la cultura local.

Al margen de la escuela taurina que todavía sobrevive en Cataluña, encierros, toros embolados, ensogados, «correbous» y «bous al carrer» sumaron 17.698 eventos en 2018 en toda España, según las estadísticas de asuntos taurinos del Ministerio de Cultura. A Cataluña le correspondieron 64, seis más que el año anterior, curiosamente. No obstante, AnimaNaturalis, una asociación animalista, eleva esta cifra en Cataluña a 457. La mayoría (439 actos) tuvieron lugar en las Tierras del Ebro, donde la tradición está más que consolidada. De hecho, Vidreres es la última población de Girona en la que todavía susbsiste la fiesta taurina. Por poner unos ejemplos, en Amposta, Santpedor, Cardona o Alcanar, todos gobernados por ERC, todavía se celebran espectáculos taurinos.

Mientras desde AnimaNaturalis piden «valentía política para iniciar un debate firme y serio» e incluso una consulta para conocer el futuro de los toros en Cataluña, ERC parece hacer oídos sordos a la cuestión. Aunque no sin cierta dificultad. En Vidreres, tras los incidentes, el partido se inclina por prohibir los toros, pero los republicanos no lo tienen tan claro habida cuenta de los votos que les reporta en las Tierras del Ebro. La Generalitat, por su parte, echa balones fuera y apuesta por abrir un debate «profundo y sereno» sobre los correbous. La portavoz del gobierno catalán, Meritxell Budó, explicó esta mismo semana que la Generalitat está «estudiando y valorando» qué ha pasado, pero no se pronunció sobre si el Ejecutivo es partidario de revisar las leyes existentes, como la que regula los espectáculos con animales.