El Sónar arranca con una mezcla perfecta de furia y calma

Arab Strab, Jamie Woon y Black Madonna se llevan los mayores aplausos de la tarde

Arriba, una participante del Sónar. Abajo, un momento de la actuación de James Rhodes
Arriba, una participante del Sónar. Abajo, un momento de la actuación de James Rhodes

El mundo es cada vez más pequeño o tenemos los pies cada vez más grandes. El Sónar inició la jornada del jueves más global que nunca, con una vuelta al mundo en 80 scratches, con sir Phileas Fogg muy integrado, sin camiseta, tatuaje de Walter White en el pecho, y un amigo enorme con cara de buldog que iba diciendo «woooo woooo woooo» y girando como si fuera un faro. Ningún barco se chocó, bien.

La aldea global suena a fiesta en el Sónar. Arrancaron The Spanish Dub Invasion, con el inglés Mad Professor, que empezaron muy dub y acabaron eufóricos con el «Happy» de Pharrell Williams y los minions entre el público, incluido sir Fogg y el amigo faro bailando como locos. A escasos metros, el ecuatoriano Nicola Cruz mezclaba las flautas andinas y los vientos aztecas con electrónica de arrasados colores que hizo estragos, con proyecciones de paisajes infinitos. Y entonces aparecieron los franceses de origen magrebí Acid Arab, y ahora el público estaba bailando en el Sáhara oriental con los tuaregs y los bubugags y los camellos de cuatro gibas. Fogg saltaba con la ayuda de cuatro holandeses de 55 años de largo pelo seco, seco, seco con beats áridos y una electrónica acelerada que no agotaba, sino que vivificaba, o al menos la gente cada vez saltaba más alto.

En el Sónar Complex, el canadiense Martin Messier se convirtió en un joven Nicola Tesla haciendo bailar en la oscuridad total a rayos azules mientras los golpeaba con una vara de violín. También jugó con sombras y dio cabezazos a dos paneles de sonido y fue como una representación fantástica de científico loco.

Después llegó el piano clásico de James Rhodes, que interpretó piezas de Glück, Chopin y Bach con unas bambas rojas fluorescentes asegurando que «no me puedo creer que yo esté en el Sónar. Lang Lang debe estar ocupado. Me he comprado estas zapatillas para que los que hayan tomado éxtasis se sientan como en casa». «Woo woo woo», dijo el amigo de Fogg.

Antes, King Midas Sound & Fennez volcaron toda su lava de sonido triphopero que invitó al público a llorar por todos sus pecados. Al mismo tiempo, la rapera Lady Leshurr, con entrada triunfal con el «God save the Queen» invitó al público que se dio cita en el primer día de certamen a amarse unos a otros mientras se burlaba de Rihanna.

Para acabar, el crooner electrónico Jamie Woon lucía voz pero el sonido retumbaba por todos lados y sólo sonaba a tormenta. Mejor le fue a Kelela, otra voz portentosa a lo FKA Twigs, pero el público estaba en otra parte y no lo vió.

Ya con la llegada de la noche, el Auditori acogió con entusiasmo a la OBC interpretando «Become Ocean», de John Luther Adams. Cuando los tres ensembles de vientos, cuerdas y percusiones se unían en un in crescendo, la sensación de ser arrastrado por tres grandes olas era alucinante.

Y como aperitivo final, el trío de Brooklyn Dawn of MIDI encontraron nuevas vías para el jazz electrónico más experimental. Así fue la primera jornada del festival, un viaje por el mundo a dos velocidades, la clásica y la furia más bailable.