Forcadell ofende a medio Parlament: «¡Viva la república catalana!»

Jxsí y la CUP redactan la declaración con la que arranca la independencia que se aprobará en las próximas semanas

El president de la Generalitat en funciones, Artur Mas, junto a la diputada de Junts pel Sí, Carme Forcadell
El president de la Generalitat en funciones, Artur Mas, junto a la diputada de Junts pel Sí, Carme Forcadell

Jxsí y la CUP redactan la declaración con la que arranca la independencia que se aprobará en las próximas semanas

Lo de Carme Forcadell ha sido llegar (al Parlament de Cataluña) y besar el santo. Apenas quince minutos después de tomar el acta de diputada por primera vez, era elegida con 77 votos a favor –los 72 que suman Junts pel Sí y la CUP, más cinco inesperados de la marca catalana de Podemos–, 57 en contra y un voto nulo como presidenta del Parlament de la XI legislatura catalana, que se prevé tan o más extravagante que la fotografía que ayer ofrecía el hemiciclo. Liberales sentados en la bancada de la izquierda y comunistas en la derecha, una imagen insólita en los parlamentos europeos desde tiempos de la Revolución francesa, además de camisetas de colores que rompen con el gris uniforme de los trajes que ahora sólo se llevan en CDC, Ciudadanos, el PP y algunos socialistas, además de Antonio Baños, el hombre de la CUP que ha hecho de la corbata su seña de identidad.

El mérito de Forcadell para suceder a Núria de Gispert ha sido liderar la ANC, la plataforma que ha organizado los «saraos» de las tres últimas diadas. Su única experiencia en política fueron cuatro años como concejala de ERC en Sabadell. «No he sido nunca diputado ni lo pensaba ser», dijo al arrancar su discurso, «pero estoy aquí por un proyecto excepcional». Tan «excepcional» como crear la república independiente catalana. Así acabó su primera intervención como presidenta con un «¡Viva la república catalana!», aplaudido y desaprobado a partes iguales por el hemiciclo. Pero Forcadell sólo escuchó los vítores y envalentonada por el fervor soberanista pidió a los diputados que despidieran la sesión con «el himno nacional de Cataluña, “Els Segadors”». El resultado fue un Parlament dividido, unos diputados cantando y otros guardando un incómodo silencio.

«No es la presidenta de todos los catalanes». Con estas palabras rompió su silencio Xavier García Albiol una vez acabada la sesión, ya fuera del hemiciclo. El presidente del PP catalán lamentó que Forcadell no estuvo a la altura de las circunstancias porque no tuvo en cuenta a los catalanes que no votaron por opciones independentistas. Lo mismo expuso Inés Arrimadas. «Forcadell excluye a la mitad de los catalanes por su tono soberanista», denunció la líder de Ciudadanos. Incluso el socialista Miquel Iceta, que se animó con «Els Segadors», censuró el carácter político del discurso, tras lamentar que se ha hecho un Parlamento por y para los independentistas.

Pese traerlo preparado, el discurso de Forcadell fue un desaguisado. Metió en una coctelera ideas contradictorias y citas de Gandhi, Galeano y Lincoln para intentar vestirlo, pero le salió un personaje de Tim Burton. Se comprometió a representar a «todos» los catalanes. Y para demostrar su voluntad de respeto a la pluralidad invitó a la CUP y al PP, los dos grupos que no tienen presencia en la Mesa, a asistir a sus reuniones, aunque sin derecho a voto «porque la Ley no lo permite». Sin embargo, no sólo acabó con un «viva la república catalana», sino que dio por cerrada la etapa autonómica y anunció un proceso constituyente que debe culminar con un parlamento nacional. La CUP y Junts pel Sí redactan ya el texto de la declaración que anuncia el proceso de independencia. Si no se lían, podrían aprobarla en un pleno la próxima semana.