El parlamento catalán, fuera de la ley

El Parlamento catalán ha vivido esta mañana un bronco enfrentamiento entre JxSí y la CUP, por un lado, y la oposición, por otro

El presidente de la Generalitat Carles Puigdemont y el vicepresidente, Oriol Junqueras
El presidente de la Generalitat Carles Puigdemont y el vicepresidente, Oriol Junqueras

Junts pel Sí (JxSí) y la CUP han hecho valer hoy su mayoría absoluta de 72 diputados en el Parlament para aprobar las conclusiones del proceso constituyente, que abren una vía unilateral a la independencia, desobedeciendo así al Tribunal Constitucional (TC).

Los soberanistas ganaron las últimas elecciones catalanas, pero no el plebiscito sobre la independencia que habían planteado. El independentismo sumó el 48,7 % de los votos, aunque se las ingenió para reconstruir un relato con el que avalar sus correrías hacia el estado catalán. Desde el 27-S, el Govern lo único que hace es decir que cumple con el mandato democrático de las urnas cada vez que da un paso hacia la independencia. Pasos ha dado muchos, aunque hasta la fecha, todo eran planes. Y mientras el Govern planea cómo alcanzar la independencia, como decía John Lenon, la vida pasa. Cataluña registra casi medio centenar de desahucios cada día y como no se han aprobado presupuestos, la promesa para reducir un 50 % las listas de espera ha quedado en «stand by».

Pero ayer, los soberanistas dieron un paso inaudito. Cumplieron con la amenaza de desobedecer el ordenamiento jurídico español. Junts pel Sí y la CUP hicieron valer su mayoría absoluta en el Parlament de Cataluña para consumar el mayor desafío visto hasta la fecha al Tribunal Constitucional (TC): forzaron una modificación del orden del día del pleno y aprobaron las conclusiones de la comisión de estudio del proceso constituyente, pese a que una interlocutoria del TC había prohibido el debate e instaba a la Mesa del Parlament a impedirlo.

¿Qué dicen estas conclusiones para que el TC prohíba su debate? Contemplan «mecanismos unilaterales», que la CUP reduce a un referéndum unilateral, para activar la «desconexión» de Cataluña con España». Para más inri, el documento avisa a las instituciones españolas de que «las leyes de desconexión no son susceptibles de control, suspensión o impugnación por parte de ningún otro poder, juzgado o tribunal».

No sorprende entonces que ayer se viviera una de las sesiones plenarias más tensas de los últimos tiempos en el Parlament, con permiso de Pasqual Maragall y el 3%. C’s y el PP abandonaron el Hemiciclo antes de la votación y el PSC, pese a quedarse, no participó. Las conclusiones que avalan la vía unilateral a la independencia, se aprobaron con el voto de sólo 83 diputados, los 72 a favor de JxSí y la CUP y los 11 en contra de Catalunya Sí que es Pot (CSQP).

La sesión fue una maraña de broncas, brazos alzados para intervenir y el uso de leyes como arma arrojadiza. Los soberanistas invocaron el artículo 57.1 del Estatut, que dice que «los miembros del Parlament son inviolables por los votos y las opiniones que emitan en el ejercicio de su cargo» y que «durante su mandato tendrán inmunidad a los efectos concretos de no poder ser detenidos salvo en caso de flagrante delito». El bloque restante –CSQP, PP, PSC y C’s– rebatió que el auto del Constitucional es de rango jurídico superior al reglamento del Parlament.

La algarabía empezó ya en la sesión de control al president de la Generalitat, Carles Puigdemont. Y siguió cuando el presidente del grupo parlamentario de JxSí, Jordi Turull, alzó la mano y pidió la palabra para ampliar el orden del día con la intención de ratificar las famosas conclusiones. La portavoz de la CUP, Anna Gabriel, intervino para expresar su apoyo. Los soberanistas tenían los diputados suficientes para modificar la agenda, pero el resto de grupos expusieron mil y un argumentos legales para frenar el debate. El socialista Miquel Iceta reprochó a JxSí y a la CUP que «no tienen derecho a situar al Parlament fuera de la Ley porque es de todos».

La orden que los servicios jurídicos del Parlament hicieron llegar a Carme Forcadell, instando a preguntar a Turull y a Gabriel si eran conscientes de la interlocutoria del TC, tampoco frenó el debate. Turull se amparó en el artículo 57.1 del Estatut. Gabriel estaba emocionada con la idea de consumar el desafío: «Por la independencia, no tenemos miedo a nada». Antes de votarse los cambios en el orden del día, los representantes de la Mesa del Parlament del PSC, CSQP y C’s constataron que es el pleno quien valida la votación. Forcadell zanjó el debate alegando que «el Pleno es soberano» y se cumple el reglamento.

Este paso, entre la desobediencia y la gesticulación, da argumentos a Puigdemont para convencer a la CUP de que le ayude a superar la cuestión de confianza, que será el 28 de septiembre. JxSí y la CUP volvieron a aliarse para rechazar la enmiendas a la totalidad presentadas por la oposición y permitir que se admitiera a trámite la primera de las tres leyes de ruptura, para crear la Agencia Catalana de Protección Social. La intención es impulsar una seguridad social catalana antes de la «desconexión».