«La acumulación de la proteina miloide en el cerebro permite encontrar una ventana para la prevención del Alzhéimer»

Juan Domingo Gispert, responsable de investigación de Neuroimagen de la fundación Maragall, explica que «as técnicas de neuroimagen permiten entender mejor la fase preclínica de la enfermedad»

Juan Domingo Gispert, responsable de investigación de Neuroimagen de la fundación Maragall, explica que «as técnicas de neuroimagen permiten entender mejor la fase preclínica de la enfermedad».

- ¿En qué consiste el Alzhéimer? ¿Existen factores o datos que anuncien el riesgo de desarrollo de esta enfermedad?

–Es una enfermedad neurodegenerativa que consiste en que se van muriendo neuronas del cerebro, lo cual provoca una serie de síntomas, el más conocido de los cuales es la pérdida de memoria, y acaba incluso condicionando las capacidades cognitivas del enfermo. El principal riesgo de desarrollar esta enfermedad es el peso de la edad. En este sentido, a partir de los 65 años, el riesgo de sufrirla se multiplica cada 5 años. En cuanto a datos que anuncien un posible desarrollo de la enfermedad, en los últimos años, se ha visto que en el cerebro se producen alteraciones por la acumulación de una proteina miloide y éstas se pueden producir de forma silenciosa muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas de Alzhéimer. Esta acumulación de proteina constituye un factor de riesgo y nos permite encontrar una ventana para la prevención, pese a que a día de hoy no hay un fármaco aprobado para reducir la carga de miloide en el cerebro y es necesario mejorar las técnicas de detección, ya que éstas deben ser menos invasivas y más sencillas.

–¿Cómo pueden detectarse esas señales de un posible desarrollo de la enfermedad y cuáles son?

–Las únicas técnicas que existen son la neuroimagen o la punción lumbar y ninguna de las dos son apropiadas para su aplicación en la población general.

–¿En qué consisten exactamente estas técnicas?

–La tomografía por emisión de positrones (TEP) es una técnica de la medicina nuclear cara y que utiliza la radioactividad, por lo que antes de recurrir a ella es necesario valorar muy bien el riesgo que conlleva su uso y el beneficio que aporta. En cuanto a la punción lumbar, es una técnica dolorosa e invasiva. Así pues, se trata de técnicas que, por precio e invasividad, no son apropiadas para su uso masivo, como sí lo es por ejemplo un análisis de sangre, y a día de hoy aún no sabemos para qué perfil de paciente es más apropiado recurrir a ellas.

–En este contexto, en 2012 la Fundación Pascual Maragall puso en marcha el Estudio Alfa con el impulso de la Obra Social «La Caixa». ¿Con qué fin? ¿Cuáles son sus características?

–Persigue dos objetivos principales. Por un lado, estudiar los biomarcadores de la enfermedad para entender mejor qué ocurre en la fase preclínica. Por el otro, probar tratamientos preventivos para impedir que se desarrolle o avance la enfermedad. Ahora existen tratamientos que reducen los síntomas del Alzhéimer pero éstos no cambian el curso de la enfermedad. Para ello, en el estudio, que es por un tiempo indefinido -algo que es posible gracias al apoyo de la Obra Social ‘laCaixa’- participan cerca de tres mil voluntarios sanos, a los cuales les realizamos una evaluación cognitiva, la historia clínica, análisis de sangre, cuestionarios de estilos de vida, y les sometemos a técnicas de neuroimagen. A algunos de ellos les realizamos resonancias magnéticas o tomografías por emisión de de positones o bien punciones lumbares. No todos los voluntarios se someten a todas estas pruebas, El perfil de estos voluntarios es el de una persona de entre 45 y 75 años de edad, muchos de los cuales son familiares de pacientes con Alzhéimer y ello no es poque sea una condición indispensable por las características del estudio, sino porque son personas que tienen una motivación clara para soportar las incomodidades que conlleva el participar en un estuido así.

–¿Por qué hay tantas expectativas depositadas en el Estudio Alfa? ¿Qué tiene éste de particular?

–Porque es de los estudios más completos a nivel mundial para estudiar la fase preclínica del Alzhéimer tanto por el número de voluntarios que participan como por la cantidad de pruebas que se les realiza. Hay que tener en cuenta que este estudio pertenece a una iniciativa europea de mayor alcance.

–¿En qué fase se encuentra a día de hoy el estudio?

–Estamos en la segunda visita, realizando las pruebas a los voluntarios en las nuevas instalaciones de la Fundación Pascual Maragall y ya se están publicando los primeros resultados en revistas científicas, como la validación de un nuevo test de memoria más sensible o información acerca de cómo interactúan factores genéticos y vasculares en el desarrollo de la enfermedad. En cualquier caso, al tratarse de un estudio a largo plazo, indefinido en el tiempo, los resultados más interesantes se darán en unos años, pero ya se está generando conocimiento.

–¿Las técnicas de neuroimagen son la mejor herramienta de prevención? ¿Hacia dónde va la investigación en este ámbito?

–La neuoroimagen es una ventana para ver qué ocurre en el cerebro. El futuro en este ámbito pasa por intentar que estas técnicas, que ahora son caras, costosas e invasivas se puedan hacer de forma más sencilla y permitan así ver los diferentes procesos biológicos y patológicos que tienen lugar en el cerebro para, a continuación, poder aplicar esta información al estudio y tratamiento del Alzhéimer. Además, ello crea una tendencia hacia la personalización del tratamiento de enfermedades relacionadas con el cerebro ya que permitirá ver la patología subyacente en cada persona para determinar así el tratamiento a seguir.