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Los barceloneses toman el mercado de Sant Antoni en su reapertura

Los 235 establecimientos abandonan finalmente las carpas provisionales para volver a su casa. Centenares de vecinos y curiosos se acercan al icónico recinto en su primer día tras casi nueve años de obras

Los 235 establecimientos abandonan finalmente las carpas provisionales para volver a su casa. Centenares de vecinos y curiosos se acercan al icónico recinto en su primer día tras casi nueve años de obras.

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Tras el disgusto que le supuso perder en los despachos el diseño del Eixample, el arquitecto Antoni Rovira i Trias encontró consuelo en el urbanismo barcelonés. De su cabeza surgió el trazado actual de Gracia, el barrio que le vio nacer, y varios mercados de la ciudad como la Concepció, la Barceloneta o Sant Antoni. Este último, 136 años después de su edificación, y tras casi una década de obras, volvió a abrir ayer sus puertas. Rovira i Trias, en su día, proyectó un ambicioso mercado, tres en uno, que se convirtiese en el centro neurálgico del barrio. El éxito, en ese sentido, fue rotundo y se mantuvo hasta que el mercado cerró para adaptarse a los tiempos que corren. Hasta ayer.

A las ocho de la mañana abría sus puertas el renovado mercado en su ubicación de toda la vida. De los tres pilares que configuran la oferta del mercado, ayer le tocaba el turno al producto fresco y los «encantes», que venden ropa y menaje del hogar. El mercado dominical del libro abrirá sus puertas este fin de semana. Son más de 53.000 metros cuadrados, distribuidos en cinco plantas; 52 puestos de comida fresca; 105 de «encantes» y 78 dominicales, un supermercado y un aparcamiento subterráneo. Las cifras del renovado mercado, el más grande de la ciudad, dan una idea de la magnitud del proyecto.

Tras un considerable sprint final, operarios y vendedores llegaron a tiempo. A las cinco de la madrugada, pescaderías y carnicerías comenzaban a colocar el género en las nuevas paradas y a las ocho, el mercado era ya un hervidero. Los paradistas no podían esconder su alegría, aunque sospechaban que la gente tendría más ganas de mirar que de comprar. Marta lleva una de las fruterías del mercado y se confesaba nerviosa. «Espero que a los clientes de siempre les guste la nueva parada», decía mientras invitaba a una copa de cava a los presentes. Con las primeras ventas se desvanecían los nervios ante la admiración de los clientes. A alguno, sin embargo, le disgustaba la frialdad del nuevo Sant Antoni. «Me recuerda más a un centro comercial que a un mercado de toda la vida. Aunque supongo que es lo que toca en estos tiempos», decía David, un vecino de la zona. «Tampoco entiendo que haya seguridad en las puertas. Espero que solo sea estos primeros días», señalaba Claudia, otra vecina clienta habitual.

La reforma del mercado ha permitido descubrir restos arqueológicos a varios metros de profundidad que han sido recuperados. De este modo, visitantes y clientes pudieron atravesar el mercado bajo tierra, a través de una calle ubicado en la planta -1. Esta vía permite visitar parte del foso medieval, así como una muralla reconstruida del siglo XVII. Toda esta parte queda justo debajo del mercado, por lo que el barrio ha ganado una suerte de plaza soterrada para actividades vecinales.

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En el plano institucional, el teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, señaló que el mercado será «un espacio fundamental para la vida social del barrio» y también «una referencia no sólo en Barcelona, sino en toda Europa». Por su parte, el presidente del grupo municipal del PP, Alberto Fernández, apuntó que «Sant Antoni debe ser referente de comercio y cultura, y estar al servicio de los vecinos que han soportado 9 años de obras». El presidente de ERC en el Ayuntamiento, Alfred Bosch, aseguró estar «muy contento», aunque le inquieta «cómo el barrio digiere este éxito» y también «cómo se afronta el encarecimiento de los alquileres, una preocupación a la que también se sumó la líder de Ciudadanos en el consistorio, Carina Mejías.

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