Los familiares afirman que el celador sometió a sus víctimas a una agonía

El celador, Joan Vila, durante el juicio por la muerte de once ancianos en el geriátrico
El celador, Joan Vila, durante el juicio por la muerte de once ancianos en el geriátrico

El juicio al celador del geriátrico La Caritat de Olot, Joan Vila, se reanudó ayer en la Audiencia de Girona con las declaraciones por primera vez de familiares de las víctimas. La sobrina de una de las ancianas presuntamente asesinadas aseguró que su tía sufrió mucho por la ingestión de lejía y productos corrosivos. «La agonía fue muy dolorosa», aseguró.

Anna Diago explicó que fue a visitar a su tía por la mañana y la vio bastante bien. Por eso le extrañó mucho que, poco después, le avisaran de que su tía vomitaba sangre. Cuando volvió a residencia ya no pudo hacer nada. «Que veas que tu tía no te puede reconocer, que no te puede hablar, que no podía hacer absolutamente nada... Sufría tanto», lamentó en el juicio.

Los familiares de la última víctima de Vila, Paquita Gironès, relataron que la anciana «no quería estar a solas con él, le tenía miedo porque le hacía daño». La anciana, de hecho, contó a las demás cuidadoras y a sus familiares que Vila la había querido ahogar con un cojín, que la había intentado quemar, que la había pinchado y que la quería matar, pero nadie la creyó debido a sus episodios puntuales de demencia senil. Seis días más tarde, el 18 de octubre de 2010, detuvieron Joan Vila por la muerte de otra abuela del geriátrico. Diago ató cabos y avisó a los Mossos que investigaran el caso de su tía. La Policía preguntó a Vila y éste reconoció que también la había matado.

Al menos las tres últimas víctimas de Vila agonizaron de forma dolorosa por culpa de la lejía. Sus familiares explicaron que el propio celador les consoló tras las muertes y que mostró su afecto con las ancianas. «Fue muy cariñoso con la yaya, le tocaba la pierna, como si la acariciase», explicó Marta Vallé, nieta de una de las víctimas. Para más frustración y enojo de los familiares de la víctima, Vila es vecino, pared con pared, de ellos. «Me sentí engañada, no me lo hubiese esperado nunca», añadió. De hehco, varios falimiares reconocieron que Villa era especialmente atento con los ancianos mientras agonizaban. Esto hacía que algunas de las víctimas se sintieran reconfortadas e incluso se lo agradecieran.

La sobrina de otra de las ancianas, relató que al llegar al Hospital, cuando la mujer agonizaba, tanto el médico del Sistema de Emergencias Médicas (SEM) como el de urgencias les dijeron: «Esta señora ha tenido que ingerir algún tóxico». La sobrina pensó que era muy «extraño» y les dijo que no podía ser porque «no caminaba y no se podía mover sola de la cama». Al verle la mejilla y los labios, hinchados y quemados pidió explicaciones al geriátrico pero no supieron que había ocurrido.

El juicio seguirá hoy con las declaraciones de más familiares. Por la tarde empezarán las periciales con los doctores que certificaron la muerte de los ancianos del geriátrico.