Nadal asume que el PSC está «más cerca que nunca» de la ruptura

Hace sólo seis años, en 2008, el PSC vivía uno de los momentos más dulces de su historia. Nadie hubiera imaginado la escena que se vivió anteayer en el Parlament, con tres diputados castigados en la última fila por haber roto la disciplina de voto para apoyar la consulta soberansita de Artur Mas. Ni la de ayer, con los críticos denunciando a Pere Navarro por «mobbing» a los tres rebeldes, Marina Geli, Joan Ignasi Elena y Núria Ventura, y el partido «más cerca que nunca de la ruptura», Joaquim Nadal dixit.

Hace seis años, el PSC acababa de aupar a José Luis Rodríguez Zapatero a la Moncloa con un resultado extraordinario en Cataluña, 25 diputados en unas elecciones generales, y gobernaba en Madrid y ambos lados de la plaza Sant Jaume. Funcionaba como aquello para lo que había sido inventado en 1978, unir las diferentes sensibilidades que había en Cataluña. Sólo una persona se atrevió a cuestionar la «pax romana» socialista, Pasqual Maragall. Porque no era oro todo lo que relucía, para muestra las broncas entre el PSC y el PSOE durante el proceso del Estatut y el consecuente tira y afloja entre las dos almas de los socialistas.

Joaquim Nadal explicó ayer, durante la presentación de su libro, «Testimoni de càrrec» (Proa), un retazo de este relato. Maragall llamó a los entonces consellers Antoni Castells, Marina Geli y al propio Nadal, ahora críticos, a su despacho. Les planteó la posibilidad de presentarse como candidatos alternativos a José Montilla en unas primarias socialistas. «No tendríamos que aceptar la dinámica que nos imponen –los llamados capitanes del Baix Llobregat, más próximos a las tesis del PSOE–», les dijo.

Pero en aquel entonces ninguno se atrevió a «sacudir las aguas quietas del PSC». Montilla fue reelegido como primer secretario de los socialistas catalanes con el 96,44 por ciento de los votos de los delegados que participaron en el XI congreso del PSC, un cónclave tan feliz que hasta había talleres de yoga y las jornadas acababan en la piscina del hotel Juan Carlos I, anexa al Palau de Congressos.

«¿Qué hubiera pasado si uno de los tres ex consellers hubiera plantado cara a Montilla?», se preguntó ayer Nadal. «No lo sé», admitió, aunque también reconoció que jamás hubiera imaginado un desenlace tan triste como el de ahora. «El PSC está más cerca que nunca de un punto de ruptura», lamentó. «Hay cosas que pasaban hace 25 años», explicó Nadal, cosas que relata en su libro, un compendio de 700 páginas y en el que aparecen 1.500 nombres, que sale de los diarios que el ex conseller ha escrito durante los últimos 40 años. Pero por muy escandalosas que fueran las broncas entre las dos almas de los socialistas catalanes o el PSC y el PSOE, no podía imaginar el serial actual.

Nadal avanzó que dejará su escaño si la dirección del PSC acaba expulsando a los tres críticos. Una opción que ve más que posible, porque la situación actual, de tener a los rebeldes castigados en la última fila del hemiciclo «no tiene recorrido».

Nadal añadió que del mismo modo que no desea la expulsión, tampoco acepta que se les humille. El ex conseller que no encuentra calificativos para describir la actuación de la dirección se sumó a la denuncia por «mobbing» a los diputados díscolos que la corriente cítica «Avancem» envió al consejo de garantías del partido.

Si bien admitió que no habla con Navarro, tampoco lo hace con Ernest Maragall. No contempla refundar otro partido.