Literatura

Philippe Claudel: «El psicoanálisis debería utilizar aromas para descubrir traumas»

BARCELONA- ¿Puede un olor descubrirnos algún secreto íntimo de nosotros mismos? ¿Los aromas son la llave para abrir el inconsciente? ¿Un perfume puede conmovernos hasta las lágrimas? Es difícil decirlo, pero lo que seguro que puede hacer es ayudarnos a evocar un tiempo que de otro modo quedaría olvidado para siempre. Esto es lo que ha hecho el escritor Philippe Claudel que en «Aromas» (Salamandra) reúne 63 textos en que, a través de la evocación de un olor, recupera un episodio de su vida, sobre todo de su infancia y adolescencia.

– ¿Su idea era escribir una autobiografía de una manera original?

– Ni mucho menos. El carácter autobiográfico de los textos apareció contra mi voluntad. Mi idea principal era escribir sobre olores, perfumes, aromas, pero de forma neutra, pero fue imposible empezar y desprenderme de todos los recuerdos que evocaban cada olor.

– ¿Los olores siempre fueron importantes para usted?

– Desde que puedo recordar, he visto el mundo a través de los olores. Crecí en un pequeño pueblo industrial, pero tenía el campo a dos pasos al salir de casa. Aún recuerdo mis paseos y los aromas que descubría, del río, de las plantas, de la tierra. Te impregnaban con fuerza.

– ¿Qué le llevó a tener la necesidad de escribir sobre estos aromas?

– Siempre he considerado que escribir es una actividad que nace de las sensaciones y las percepciones de la realidad que luego se verbalizan a través de la inteligencia y la razón. Yo siempre me fijo más en las sensaciones que recibes que en la inteligencia.

– ¿Qué olor es su magdalena proustiana particular?

– Hay muchos. El olor es una memoria de uno mismo más inmediata, animal, y por tanto profunda. Consigues una memoria arcaica, con un poso más fuerte, real, menos maleado por el paso del tiempo. En este libro era como un sabueso que iba siguiendo las pistas con el olfato para cazar mi presa.

– ¿Le ha sorprendido algo que había olvidado y haya recordado gracias a los aromas?

– Muchas. Creo que es un ejercicio muy sano hacer una lista de olores que uno recuerda y pensar en ellos. Lo que pueden evocar es casi mágico. Se descubren cosas de uno mismo sorprendentes.

– ¿Debería existir una terapia olfativa?

– No sé si se ha hecho nunca, pero el psicoanálisis debería haber investigado esta vía. Sería una terapia brillante para guiar a las personas y recuperar recuerdos olvidados, mucho mejor que la hipnosis. No ahy mejor manera para descubrir traumas o recuperar momentos felices que los olores. Es interesante ver qué aromas nos gustan, cuáles nos repelen. Siempre hay una historia detrás.

– ¿Cuáles son sus olores favoritos?

– Todos aquellos que me evocan a una persona, a mi hija cuando se despierta, a mi mujer, a mi madre, mi tío. Cada uno tiene su aroma especial, me encanta la mezcla del olor corporal con el perfume que llevan.

– ¿Usted hizo esa lista de olores que habla para escribir el libro?

– Por supuesto, así empecé. Hice una lista de 110 olores. A partir de aquí escribí unos 90 textos. Algunos los reagrupé, otros los revisé, otros los rechacé por su valor literario y acabé con los 63 que forman el libro.

– ¿Por qué dominan las evocaciones de infancia y adolescencia?

– Porque es la etapa en que uno se forma como hombre. Todo lo que soy, todo lo que he escrito tiene su explicación en esos años. De 8 a los 12 años conformamos nuestra esencia. Aunque también hablo de episodios contemporáneos, por supuesto.