Cataluña

1-O | El separatismo llama a la desobediencia masiva

Otro pinchazo tras la Diada. La participación en Barcelona ha sido la décima parte pese al llamamiento de los líderes independentistas. Hubo un detenido y varios identificados

Otro pinchazo tras la Diada. La participación en Barcelona ha sido la décima parte pese al llamamiento de los líderes independentistas. Hubo un detenido y varios identificados.

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La conmemoración del segundo aniversario del 1-O se convirtió ayer en un nuevo reflejo de las horas bajas que atraviesa el independentismo. El separatismo, como en la Diada, se volvió a quedar lejos de las multitudinarias movilizaciones en las que tanto eco ha cosechado aunque aprovechó la cita para proyectar una imagen de unidad en la antesala de la sentencia del «procés» y agitar a las bases con apelaciones a la desobediencia civil masiva y la lucha no violenta. La jornada fue de menos a más y estuvo rodeada por una tensa calma hasta última hora, aunque se saldó sin apenas incidentes ni acciones que pusieran en aprietos el normal funcionamiento de las infraestructuras en toda la autonomía.

Una imagen resume con claridad el desarrollo de la jornada y el estado en el que se encuentra el independentismo: los CDR, activados desde primera hora de la mañana en Gerona, se vieron obligados a hacer llamamientos a través de las redes sociales para que la gente acudiera a dar apoyo. «En Gerona continúa la movilización en la subdelegación del Gobierno. Hace falta gente», decía Arran, mensaje parecido al que también difundió el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans: «¡¡Necesitamos gente, no te quedes en casa!!». Lo cierto es que, salvo puntuales desórdenes públicos –algún contenedor volcado, algún corte de calle o lanzamiento de huevos y pintura–, la jornada apenas registró episodios de tensión ni los Mossos d’Esquadra se vieron demasiado exigidos. A última hora, un joven fue detenido y se identificó a varios manifestantes más en la zona de la Travessera de Dalt en la Ciudad Condal.

La mayor parte de las concentraciones, en todo caso, estaban convocadas por la tarde, pero se desarrollaron también con tranquilidad. De hecho, por la tarde, el líder de Vox, Santiago Abascal, estuvo en Barcelona para arropar a la Guardia Civil en el cuartel del barrio de Gràcia, pidió aplicar el 155 y detener a Torra. La principal movilización tuvo lugar en el centro de la capital catalana, organizada por la Asamblea Nacional Catalana, que congregó a 18.000 personas, según la Guardia Urbana, lo que serían diez veces menos que el año pasado (180.000) –50.000 personas asistieron ayer, según los organizadores–. Después, de manera descentralizada, se convocaron protestas en diferentes puntos de la autonomía, pero tampoco generaron excesivo ruido.

La manifestación en Barcelona arrancó desde Plaza Cataluña, recorrió Paseo de Gracia hasta la sede de la Comisión Europea, y de ahí pasó por la delegación del Gobierno, donde pese a estar rodeada por un fuerte dispositivo policial, se registraron los momentos de mayor tensión. La convocatoria culminó en un lugar simbólico para el independentismo, el Instituto Jaume Balmes, en la calle de Pau Claris, uno de los puntos de votación donde las cargas policiales fueron más contundentes. El sosiego presidió toda la marcha, que quedó lejos de los disturbios del año pasado, cuando el acto celebrado en los aledaños del Parlament acabó poniendo contra las cuerdas tanto a los líderes políticos como a los Mossos: entonces, los más radicales aprovecharon para increpar a Quim Torra y a otros dirigentes políticos y desbordaron a la policía catalana que se encontraba acordonando el edificio. En este sentido, tanto JxCat como ERC parecen haber aprendido la lección y apenas tuvieron representación en la manifestación: Torra se marchó a visitar a los presos. y JxCat protagonizó un acto a las puertas de la cárcel de Lledoners, mientras la plana mayor de ERC celebró un acto en Fonollosa (Barcelona).

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Sin apenas ruido en la calle, el independentismo se tuvo que consolar con proyectar cierta unidad política a las puertas de la sentencia del «procés», aunque tampoco se tradujo en algún anuncio que concretara el nuevo rumbo. El Govern, en pleno, organizó un homenaje oficial al 1-O en las dependencias de la Generalitat y se conjuró ante el porvenir con declaraciones de intenciones tan vacías como ambiguas. En este sentido, Quim Torra se comprometió a avanzar «sin excusas» hacia la independencia para «que sea una realidad».

Por otro lado, los partidos y entidades separatistas se unieron por la mañana en otro acto para poner las bases del ciclo de movilizaciones que pretenden llevar a cabo durante las próximas semanas, pero no arrojaron concreciones, a la espera, según matizaron, de que se conozca el fallo del Tribunal Supremo (si es condenatorio) y la fecha. En todo caso, se hicieron llamamientos a la desobediencia civil pacífica y la lucha no violenta. Tanto la ANC como Òmnium, eso sí, advirtieron de que será una época «larga» de protestas contra la sentencia.

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