Música

Sónar con humor

El sentido del humor no es algo que domine mucho dentro del mundo de la electrónica. Sin embargo, cuando aparece, nunca deja indiferente. Ayer arrasó en la segunda jornada del Sónar de día con la presencia del indescriptible Christeene. Su electro sin prejuicios y su desfachatez conquistaron a un público que a veces está harto de tanta innovación e impostura. Christeetene es un hombre a medio camino entre Lady Gaga y Adam Sandler, que actúa desnudo y adorna su cuerpo. Hizo disfrutar de lo lindo al público con sus peroratas paródicas sobre la libertad sexual. Con una pareja de go-gos cerveceros y un competente pinchadiscos a sus espaldas, hizo piruetas con un abanico que Locomía nunca se atrevió ni a imaginar.

Más sesudas e intensas fueron las tormentas sonoras de Chris Carlson en el Sónar Complex. A pesar de construir turbulencias bien resueltas, que llegaban a rozar un punto emocional, certificaron en este Sónar que las tablet son el peor instrumento de la historia. Carlson las manipulaba con talento, pero el resultado seguía siendo decepcionante.

Muy pingüino, fuera de lugar, quedó el pop electrónico de los islandeses Sisy Ey, que en el Sónar Village parecía una especie de ABBA para «hipsters». Quizá hacía demasiado calor para gente llegada del frío. Entonces, le tocó el turno a los Foreign Beggars, nueva reformulación del «grime» y el hip hop londinense, que sin embargo sonó a lo mismo de siempre. Tuvieron, eso sí, momentos estelares, como cuando admitieron haber crecido con Slayer y Pantera y empezaron a gritar en lugar de «rapear». Gritos y risas, eso es lo que a veces se echa de menos en los escenarios y ayer estuvieron muy bien representados en el Sónar de día.

No lejos de allí, Atom Tm cumplió con todos los estereotipos del tecno alemán. Una especie de Kraftwerk para las nuevas generaciones, conquistó al público con lemas contra la MTV y el imperialismo pop de Lady Gaga y Selena Gómez. A esas alturas, el Sónar de día era un auténtico hervidero, con la sensación de haber doblado el número de gente del día anterior. Los austríacos Elektro Guzzi hasta convirtieron en pequeño al Sónar Dome con una electrónica orgánica que se llevó la ovación unánime. Matthew Herbert y Jamie Liddel cerraron con brillantez la jornada a la espera de arrancar las actuaciones nocturnas.