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Tras los pasos de la maleta de Walter Benjamin

Arts Santa Mónica acoge una muestra donde se reflexiona sobre el pensador

Arts Santa Mónica acoge una muestra donde se reflexiona sobre el pensador

Walter Benjamin solía decir que «ser feliz es ser capaz de ser consciente de uno mismo sin miedo». Puede parecer algo sencillo, que la felicidad está al alcance de la mano, pero para ser consciente de uno mismo y no sentir pavor ante la imagen que vemos de nosotros mismos lo más normal es una de dos, que vivamos en el delirio o la negación, o que seamos idiotas. La figura de Walter Benjamin es clave para entender el pensamiento occidental en los momentos convulsos años del levantamiento nazi y de la Segunda Guerra Mundial. Su suicidio en el puerto de Port Bou, cuando iba a ser detenido por la Gestapo y expatriado seguramente al mismísimo infierno, ha quedado como un símbolo de entereza y coherencia con uno mismo, como el suicidio de Sócrates. «El carácter destructivo se cimenta en la emoción. No es que la vida merezca ser vivida, sino que el suicidio no merece el esfuerzo», decía también y aún así se quitó la vida, porque la vida la define uno mismo, nunca es a la inversa. Él ya no veía vida en ningún sitio.

El Arts Santa Mónica acoge ahora la exposición itinerante «Las maletas de Walter Benjamin. Dispositivos migratorios», en los que una serie de artistas contemporáneos juegan con la célebre maleta que llevaba el pensador cuando iba a ser detenido para mostrar en imágenes su teoría de la historia y relacionarla con la situación de la Europa actual, marcada por la crisis, los refugiados y el pesimismo imperante en la condición humana.

El proyecto sirve para celebrar el 125 aniversario de Benjamin e involucra a centros e instituciones internacionals como l’École de Beaux-Arts de Bordeus, la Weissensee Kunsthochschule de Berlin, la Casa Velázquez de Madrid o l’Escola Llotja d’Arts i Disseny de Barcelona. El motor de inspiración que han utilizado los diferentes artistas es la última obra del ensayista, que realizó aquel mismo y fatídico 1940, «Tesis de la Filosofia de la Història», en la que da una vuelta de tuerca muy personal al materialismo histórico, a sus orígenes marxistas y a toda la dialéctica hegeliana. Sobre todo indicen en dos ideas, que la historia no la construyen los vencedores ni los vencidos, sino la masa anónima intermedia y la duda de que el progreso, sobre todo tecnológico, fuese sinónimo de bienestar. A partir de aquí, la imaginación era el límite

De esta forma, los artistas dan forma a sus propias maletas, sus últimas maletas, en las que dan prueba de la verdad de un momento histórico y de un lugar. La maleta de Benjamin contenía objetos muy prosaicos, pero simbólicos de un tiempo. Los artistas aquí hacen lo mismo, pero con ello crean un lenguaje en el que buscan comunicar qué es lo que está sucidiendo hoy mismo, como si fuese el inicio de un diálogo del presente consigo mismo 100 años en el futuro, cuando ya es esa «historia» en busca de interpretación.

De la Escola Llotja, por ejemplo, nos llega la obra de Neus Masdeu. Bajo el título «Ell, jo i tu», vemos una maleta de madera donde aparecen los viejos zapatos de un adulto y otras de un niño. Un espejo logra que el espectador pueda ver sus propios pies al apresenciar la obra, lo que da la sensación de que esa triste maleta podría ser la tuya. Otra de las piezas destacadas viene desde la Weissensee Kunsthochschule de Berlin, en el que sus alumnos han trabajado bajo la idea del término benjaminiano «l’Angelus Novus», metáfora que el pensador utilizó para referirse a la difícil idea de progreso. Quien quiera acercarse a Benajmin de forma inaudita, pero inmersiva y casi performática, que vaya al Arts Santa Mónica.