Viggo Mortensen: «El peligro siempre es no hablar, ni escuchar»

«LEJOS DE LOS HOMBRES». El actor regresa a la gran pantalla con una adaptación de un relato de Albert Camus situado en los años de la independencia de Argelia

Viggo Mortensen
Viggo Mortensen

El actor regresa a la gran pantalla con una adaptación de un relato de Albert Camus situado en los años de la independencia de Argelia

En «Lejos de los hombres», Viggo Mortensen interpreta a un profesor que se retira a un pequeño pueblo argelino, convencido que ya ha cumplido con la sociedad. Sin embargo, tener que custodiar a un preso musulmán a un pueblo cercano le obligará a tomar de nuevo partido.

– ¿Qué le atrajo a una película como «Lejos de los hombres?

– He leído a Albert Camus y conocía el cuento y me pareció una adaptación fantástica. Me pareció que eran unos grandes personajes, en una época, a finales del 54, en plena sublevación de Argelia de Francia que hablaba directamente de los conflictos político culturales actuales y de los problemas de relación entre oriente y occidente, del mundo de tradición cristiana y el musulmán.

– ¿Cuál era su relación con la obra de Camus?

– Me encanta Camus, lo admiro tanto como escritor como humanista. Además de su hermoso e inteligente manejo del idioma, sabía mover a la reflexión y al pensamiento profundo con unl enguaje que lo entendiese todo el mundo, alejado de lo elitista. No tenía miedo de meter el pie en el fango y decir sin miedo lo que creía, sin preocuparse por generarse amigos u enemigos. Y cuando no sabía, no tenía problema en admitirlo, pero siempre con la idea de que la discusión siempre vale la pena y que hemos de escucharnos, algo que ejemplifica con esta historia.

– ¿Le sorprendió que hicieran una adaptación de esta historia?

– No, lo que me sorprendió es que no se hubiese hecho antesLa última adaptación que se ha hecho de Camus era la de su novela póstuma, «El primer hombre», que si hubiese podido acabarla hubiese sido, sin duda, la gran novela de Camus. La adaptación, sin embargo, no salió bien, fue fallida. Nosotros hemos hecho una adaptación excelente, expandiendo la historia porque el cuento era corto, pero manteniendo los personajes. Catherine Camus, su hija, nos ha dicho que está muy contenta.

– La película se vive como una «road movie», incluso como un «western»

– Por los paisajes, los ritmos, los silencios, la cuestión de los pueblos originarios, de ir a territorios inexplorados, con esa idea imperialista de civilizador para imponer leyes y normas de otro lugar, todo remite a un western. Mi personaje podría ser una especie de Gary Cooper de «High Noon», un hombre que ya ha vivido la violencia, la corrupción y cree que ya ha hecho suficiente y no quiere saber nada más, pero que se ve metido a la fuerza en otro conflicto.

– ¿Cómo describiría a Daru, el profesor que interpreta?

– Es una persona que cree que ya ha cumplido y sóloquiere vivir una vida tranquila, sin complicaciones, haciendo su bien a pequeña escala, como profesor. Tiene una vida sencilla, casi como un monje, sin molestar a nadie, pero descubrirá que no se puede huir de los problemas de la vida, que tienes que implicarte en los conflictos sociales. La relación de amistad inesperada con Mohammed, el preso, le enseñará que no se puede evitar tomar posiciones morales que él había evitado.

– ¿Se ha identificado con su personaje?

– En el sentido que yo también disfruto de la soledad. Tengo amigos que están nerviosos si no miran su móvil cada media hora. Yo me vuelvo inquieto si no disfruto de momentos de calma. Disfruto mucho del silencio, aunque no lo parezca porque hablo mucho.

– La película habla, sobre todo, de la necesidad del diálogo con lo que no conocemos

– Demuestra que es posible hablar, aunque a los políticos les convenga decir que no se puede viajar a ciertos países, que hay que matarlos, que no hay que aprender nada del otro, generando tensión y miedo. Daru y Mohammed creen que saben todo lo que hay que saber de los áraber, el primero, y de los europeos, el segundo, pero su diálogo les descubrirá que no sabían nada. Eso es lo que perdemos si nos dejamos llevar por las políticas del miedo.

– Llegó ayer a Barcelona, en plena jornada electoral

– Llegué ayer tarde y en cada canal explicaban un cuento diferente. Todos ganaban. El peligro siempre es no hablar, y sobre todo no escuchar. Se puede gritar, sacudir la bandera, pero no se aprende nada con eso. Vivimos en una era en que sólo queremos reafirmar nuestras ideas, no aprender lo que es el otro, lo que nos abre y hace más ricos.