Política

Zipi y Zape recuperan todo su color

Los iconicos personajes de Josep Escobar regresan con una exhaustiva reedición

Las viñetas de Zipi y Zape de Josep Escobar respiran nueva vida en una exquisita reedición
Las viñetas de Zipi y Zape de Josep Escobar respiran nueva vida en una exquisita reedición

La nueva vida de Bruguera recupera las historias largas de los icónicos personajes de Escobar

Cuando Josep Escobar regresó a su casa al anochecer tenía todas las mangas de la camisa manchadas de pintura. Cuando se dio cuenta fue justo cuando tenía la mano en el picaporte para abrir la puerta. De un acto reflejo volvió a cerrarla y empezó a correr escaleras arriba. En ese momento, su madre abrió la puerta y preguntó quién había allí. ¡Me va a matar!, pensó Josep. Tenía doce años y un terror intenso al mal humor de los adultos.

Había pintado toda la fachada del edificio de la calle Sant Roc de Granollers con caricaturas de sus ídolos, Samitier y Zamora. Su gran esperanza era que un editor de tebeos lo viese y le diese así un trabajo. Ahora todos sus sueños se habían roto porque sabía que sería hombre muerto cuando su madre viese cómo había dejado las mangas de su camisa blanca.

Entonces le vino la idea. ¡Claro! Lo único que tenía que hacer era remangarse la camisa. Lo hizo y desaparecieron las marcas de la camisa. Algún día se daría cuenta, pero no entonces, y eso era lo único que necesitaba. Abrió la puerta confiado en su estratajema y fue a saludar a su madre, que estaba barriendo la cocina. Al verle, la mujer soltó un grito, «¡Dios míos, que has hecho!», exclamó, llevándose las manos a la cara. No había visto la pintura de las mangas, pero la cara tenía tintes de todos los colores.

Su madre cogió al niño de la oreja y se lo llevó a la calle, para que le enseñara qué había hecho. Cuando vio aquel gran mural, la mujer se fijó por primera vez en las mangas de la camisa del niño y casi le arranca las orejas. «Al menos no los has firmado, niño, nadie sabrá que lo has hecho tú», dijo con un suspiro de alibio. No así Josep Escobar, que intentó arrancarse las orejas él mismo.

Esto era en el año 1920 y fue la primera vez que Josep Escobar, el creador de personajes míticos como Zipi y Zape, Carpanta o Petra, comprendió que el horror son los adultos y que no hay mayor felicidad que alterar su mundo y disfrutar. En 1948 crearía sus míticos niños Zipi y Zape, versiones de ese niño que había sido y que sabía como poner a los adultos en su sitio. Los niños de hoy día son los llamados Generación Z y lo son porque son más Zipi y Zape que nunca. No había otra alternativa que recuperar sus icónicas aventuras y dar auténticos referentes de comportamiento a estos niños.

Historias largas

La nueva vida de la editorial Bruguera, bajo el paraguas de RandomHouse ha decidido recuperar las 16 historias largas que Escobar creó para los personajes. De esta forma, con una reedición exhaustiva mejorando el color y ciertas expresiones, podremos volver a leer o leer por primera vez iconos como «La vuelta al mundo» o «El tonel del tiempo». En junio seguir´´a la serie con «Detectives en acción». «Lo que pretendemos es volver a dar valor a la marca Zipi y Zape para que pronto podamos pedir a dibujantes de hoy que creen nuevas aventuras para los personajes», sentenció Sergio Escobar, nieto del gran dibujante, dramaturgo e inventor.

Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón y compañero de Josep Escobar durante muchos años, fue el encargado de glosar ayer la figura del mítico dibujante. «Era un hombre que sabía de todo, sencillo, un gran amigo y compañero. Lo único que ehcaba para atrás era el humo que soltaba su pipa, que no dejaba nunca. Ojalá pudiera volver a ver ese humo y que surgiera detrás su figura una vez más», recordó ayer Ibáñez, rememorando cómo se burlaban unos de otros en aquella Bruguera de los 60. «Nos dibujábamos unos a otros. Siempre nos metíamos con él porque era más mayor. Le decíamos apolillado y otras cosas, y él siempre las aceptó con gracia para luego devolvérnosla», aseguró el dibujante.