Compromiso laboral

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Mi amigo Antonio, el frutero de quien ya he hablado en algunas ocasiones, me preguntó días pasados qué era el «compromiso laboral», porque había oído muchas veces que los empleados deberían estar comprometidos con la empresa en la que trabajaban y no sabía exactamente qué era eso.

Le respondí que en la actualidad existe consenso respecto a que el compromiso organizacional es un constructo multidimensional, es decir, que bajo la denominación de compromiso común existen diferentes tipos de compromiso independientes entre sí, de manera que una persona puede desarrollar uno u otro tipo de compromiso y que Meyer y Allen, allá por los años noventa, postularon que las personas pueden sentir, simultáneamente y con distinta intensidad, diferentes formas de compromiso creando así uno de los modelos multidimensionales más populares.

Para estos autores, el compromiso se divide en tres componentes: Compromiso afectivo, es decir la adhesión emocional del empleado hacia la empresa, adquirido como consecuencia de la satisfacción por parte de la organización de las necesidades que el trabajador siente. Compromiso de continuación, como consecuencia de la inversión de tiempo y esfuerzo que la persona tiene por su permanencia en la empresa. Y Compromiso normativo, o deber moral o gratitud que siente el trabajador que debe responder de manera recíproca hacia la empresa como consecuencia de los beneficios obtenidos.

De todas formas, el caso es conseguir que el trabajador se sienta a gusto en su empleo, porque así será más feliz y, lógicamente, rendirá más.