El frenillo, un obstáculo fácil de salvar

El diagnóstico y evaluación deben hacerlo profesionales. Es importante una buena exploración y valoración de la succión

No hay más bebés con frenillo, sino que como estamos volviendo a la cultura de la lactancia nos encontramos con más casos (LA RAZÓN)
No hay más bebés con frenillo, sino que como estamos volviendo a la cultura de la lactancia nos encontramos con más casos (LA RAZÓN)

El diagnóstico y evaluación deben hacerlo profesionales. Es importante una buena exploración y valoración de la succión

¿Es ahora la prevalencia de bebés con frenillo lingual corto o anquiloglosia mayor? La respuesta es no. Lo que sucede es que afortunadamente estamos viviendo un retorno a la cultura de la lactancia, y por lo tanto nos encontramos con más frecuencia con algunos obstáculos que impiden una lactancia placentera y eficaz.

La movilidad de la lengua es de gran importancia para una buena succión del pecho. Si la lengua no puede extenderse o elevarse del suelo de la boca, debido a la existencia de una membrana de tejido mucoso que se extiende desde el suelo de la boca hasta la cara inferior de la lengua (frenillo) en su línea media y que impide una correcta movilidad, es decir se pone freno a la capacidad de realizar los movimientos necesarios para que se produzca un buen agarre al pecho, una eficiente succión y deglución de la leche, supondrá un problema para que el bebé pueda alimentarse.

Como el bebé no es capaz de envolver el pezón con su lengua, es fácil que este sea traumatizado entre ambas encías como compensación a la reducida movilidad de la lengua. Causará grietas y dolor en la madre. Pero además la anquiloglosia es muy variopinta, es decir, sus consecuencias pueden ser diversas. Algunos bebés utilizan mecanismos para compensar la limitada movilidad de la lengua. Podemos encontrarnos con situaciones contrapuestas, es decir, desde niños con anquiloglosia que no ganan peso, mientras que en otros la curva de peso no se ve afectada.

En otros casos las tomas se hacen largas, interminables, porque nunca se deciden a soltarse del pecho, mientras que los hay que se cansan al poco de estar succionando y son de tomas cortas y constantes, lo cual puede traer en consecuencia más problemas digestivos como regurgitaciones, cólicos o gases puesto que toman mucha más leche de inicio rica en lactosa y más difícil de digerir.

Además cuando el agarre no es correcto, el pecho no se vaciará bien, siendo más fácil que se produzca una ingurgitación mamaria y en consecuencia el riesgo de mastitis es mucho mayor, o en contra, si el agarre no es bueno, no se produce una estimulación eficaz del pecho y puede ser la causa de una menor producción de leche.

Todos estos problemas mencionados pueden desencadenar en un destete temprano y no deseado.

Por tanto, es importante que la anquiloglosia sea diagnosticada y valorada por un profesional cualificado en lactancia materna y experimentado además en este tipo de problemas. Es fundamental una buena exploración y valoración de la succión, y no considerar tan solo la parte anatómica para estimar que el dolor o la falta de peso son consecuencia de una anquiloglosia. Un mal diagnóstico puede producir que tras realizar la frenectomía (así se llama la técnica para liberar el frenillo) que el problema continúa.

La evidencia actual parece demostrar que, a pesar de la anquiloglosia, la mayor parte de los bebés son capaces de alimentarse al pecho con éxito, por lo que antes que nada es importante verificar que la técnica de amamantamiento es correcta y en caso de que no sea adecuada, recurrir a la frenectomía para no poner en riesgo la lactancia.

La técnica para liberar el frenillo es sencilla, no requiere de anestesia y se realiza ambulatoriamente, pero debe hacerla personal cualificado (matrona, enfermera o médico). Inmediatamente después del corte, el bebé puede amamantar de nuevo, ya que el frenillo apenas sangra y no necesita realizar cura alguna. Es conveniente enseñar a los padres una serie de ejercicios de rehabilitación para evitar que la herida cicatrice antes de que los músculos que mueven la lengua puedan ejercitarse correctamente.

Para realizar un correcto diagnóstico hay que valorar y mejorar otros aspectos que pueden influir en la lactancia porque, de lo contrario podemos caer en el error de realizar una frenectomía y que la lactancia no mejore, pero si el problema es debido a una anquiloglosia, la frenectomía sí la salvara.

Pueden enviar sus preguntas a
consultalactancia@larazon.es