«Los que pueden hacer un mundo mejor no son las ONG o la Iglesia, sino los Gobiernos»

PADRE ÁNGEL GARCÍA. FUNDADOR DE MENSAJEROS DE LA PAZ. Es de los que ven la botella medio llena y de los que celebran que en cada familia haya una ONG. ¡La solidaridad no ha muerto!, grita

El padre Ángel dará próximamente una conferencia en el Club de Encuentro Manuel Broseta
El padre Ángel dará próximamente una conferencia en el Club de Encuentro Manuel Broseta

La globalización de la solidaridad tiene el rostro del Padre Ángel, fundador de la Fundación Mensajeros de la Paz, que comenzó ayudando a los huérfanos de Oviedo a encontrar «lo más parecido a un hogar» y ha acabado defendiendo, más allá de nuestras fronteras, a los que no tienen nada excepto su dignidad. Un hombre de Dios pero más de las personas, de las que trata de ver solo el lado bueno; azote de los políticos que niegan la realidad y no hacen nada por mejorarla.

– Visto lo ocurrido en los últimos días, ¿aún hay motivos para el optimismo?

-En la sociedad de hoy somos mucho más solidarios que hace cientos de años. El mundo que vamos a dejar a nuestros hijos tiene más sanidad, seguridad y cultura y más posibilidades. Hoy se suele compartir más.

-Pues da la impresión de que la solidaridad ha pasado de moda.

-No, no. Al contrario. En cada familia hay una ONG. Lo llevamos dentro. Es muy habitual encontrar un maratón, una boda, una comunión, un partido de fútbol... la gente se acuerda de los más desfavorecidos. Nuestros hijos y niños son, incluso, más capaces de compartir que los mayores. Esto es un orgullo.

-¿No tiene la tentación, a veces, de tirar la toalla?

-Había un ministro que decía que no tiraba la toalla ni en el baño (ríe), pues yo igual, pero cuando ves hechos como los de gasear a los niños en Siria o lo de los cristianos coptos me entristezco, pero uno sigue pensando que esos son hechos excepcionales. Lo normal y lo corrientes que vivamos en paz. En los últimos años han muerto veinte millones de niños menos, gracias a que hay vacunas, agua potable... Vivimos un momento en el que debemos sentirnos felices y seguros de que les vamos a dejar a nuestros hijos un mundo mejor. Las cosas mejoran, pero otra cosa es que las promesas de los políticos no se hagan, pero todos intentan hacer un mundo mejor, que haya más pensiones, que haya más seguridad, más educación y menos pobreza. Hasta el propio Gobierno ha reconocido que existe pobreza infantil cuando en los últimos presupuestos ha incluido una partida para erradicarla. No hay que ocultar lo que existe, pero creo que la botella está mucho más llena que vacía.

-¿Qué Gobiernos son más solidarios?

-Los ayuntamientos están más en la calle y hacen más servicio social. Pero quien puede hacer un mundo mejor no es la Iglesia, ni las ONG, quien lo puede hacer son los Gobiernos, que son los que suben las pensiones o hacen las carreteras. Por eso debería preocuparnos tener los mejores gobernantes posibles e intentar echar a los malos políticos y a esos los que en lugar de construir puentes, construyen muros. Allí donde hay un buen alcalde, un buen presidente de comunidad o un buen ministro, la cosa funciona.

-¿Qué opina de la decisión del Ayuntamiento de Valencia de restringir la presencia de simbología religiosa en edificios públicos o la prohibición del volteo de campanas en la iglesia de San Nicolás?

-Lo bonito de la sociedad es respetar y comprender y dejar en libertad a todos sin hacer daño a nadie. Rezar, oír música, el sonido de los petardos o el de las campanas... a unos les gusta y a otros menos. Pero creo que esos son brindis al sol, porque quienes piden eso son luego los que van a misa o piden que hagas una misa funeral, que asistas a una boda o que pongan unos buenos ornamentos para casar a su hijo. Son fuegos artificiales, no nos deben preocupar.

-¿Cree que existe una persecución a la Iglesia? Lo digo por la propuesta de Podemos de que deje de retransmitirse la misa de La 2.

-No, no, no. Estoy convencido de que ni Podemos ni otros son el diablo, ni de que en España exista una persecución a la Iglesia. Nos dejan salir en procesión, decir misas públicas, hablar... hay siempre excepciones, pero decir que nos persiguen es exagerar.

-¿La religiones unen o separan?

-Unen. No es verdad que en nombre de las religiones se mate a la gente. Al contrario, no hay una sola religión que diga que hay que matar. Es verdad que, a veces, algunos han aprovechado el fanatismo de la religión para hacer cosas bárbaras, pero eso entra dentro de los fallos humanos. Pero la religión está para amar, perdonar, compartir y para unir a las gentes y si no, no es religión, es una secta o una banda.

-¿Cómo se acaba con los radicales?

-Con el testimonio. Cuando los radicales ven que los que son buenos no matan. Ese testimonio es el que vale. Las armas no valen para nada. ¡Malditas sean las armas! El Papa Francisco está preocupado por este asunto. El mundo es mejor ahora, pero existen algunos enfermos que, a veces, lo que tendríamos que hacer es meterles en hospitales o apartarles de la sociedad, pero nunca matarles, para que no hagan daño a nadie.

-Los datos económicos dicen que ya ha pasado lo peor. ¿Usted cree que hemos salido de la crisis?

-De la dura sí, pero sigue habiendo esa crisis para los que llevan corbata, para los que han perdido el trabajo, para los que se les está acabando la renta y las prestaciones por desempleo. Menos mal que el Gobierno destinará una partida para acabar con la pobreza infantil, porque hubo un ministro de Hacienda (Cristóbal Montoro) que negaba lo que decía Cáritas y que no había. Pues hombre, ¡mira tú, ahora lo han reconocido! ¡Claro que hay pobreza y gente que lo pasa mal!

-Una de sus preocupaciones es la gente mayor. Si España ya es un país de ancianos, ¿qué futuro les espera dentro de veinte años?

-Tenemos que creer en los nacimientos y para eso hay que animar a la gente. Decían que pasaría, pero la humanidad no se ha muerto porque hayamos crecido. Los niños son el futuro. Por eso deberían hacerse campañas para fomentar la natalidad, pero eso no es suficiente. Hay que exigirle a los gobiernos que pongan medios para que los que quieran tener hijos los tengan. Y si no es así, dejar que vengan niños de otros países.