Navarro dice que era «el último eslabón de la cadena» de control de Terra Mítica

El ex director general de Terra Mítica Miguel Navarro, uno de los 34 procesados por el supuesto fraude mediante facturas falsas en la construcción del parque temático, ha defendido hoy que era "el último eslabón de la cadena"y que firmaba cheques ya aprobados por la dirección financiera.

En su declaración en la quinta sesión del juicio por estos hechos que se celebra en la Ciudad de la Justicia de Valencia, Navarro ha afirmado que firmaba "montañas"de cheques y ha insistido en que cuando lo hacía ya les había dado el visto bueno y estaban rubricados por el director financiero.

El exdirectivo de este parque de atracciones ubicado en Benidorm ha sostenido, además, que no conocía a los contratistas de los trabajos ni recomendaba "a nadie".

Según ha dicho, en el organigrama del parque él era un "ente unipersonal"frente al departamento de contratación, que contaba con una treintena de personas.

Tras "todos estos años"y su procesamiento, ha trasladado a la sala que sigue sin saber qué es lo que hizo "mal".

Navarro ha afirmado que no tuvo constancia de que ninguna empresa facturase al parque de forma simulada y, al igual que hizo ayer el expresidente, Luis Esteban, ha atribuido la responsabilidad de control a sus subordinados Miguel Izquierdo, Antonio Rincón y Justo Valverde.

Ha reconocido que desconoce el motivo por el que Vicente Conesa (padre), uno de los proveedores e imputados en la causa, firmó alguna de las actas de recepción de trabajos.

Según ha explicado, en todos los casos debían firmar quienes ostentaban la dirección facultativa de las obras (Global-Idom o Vobis) y ha reconocido no tener "ni idea"de por qué no sucedió así.

La fiscal ha preguntado a Navarro si pidió explicaciones a Conesa por haberse arrogado la dirección facultativa de unas obras, a lo que ha respondido que él no tuvo "ningún tipo de relación"con aquél y que no le conocía, si bien cree recordar que "estuvo en una UTE, colaborando en la redacción de proyectos con Global"y que obtuvo el contrato de mantenimiento del parque.

Sobre la existencia de contratos de obra que supuestamente no pasaron por la comisión ejecutiva, ha afirmado que no recuerda ninguno y ha añadido que él, como director general, no firmó ninguna certificación de obra.

Según ha explicado, en las actas de la sociedad consta que un año antes de su incorporación, en 1998, "ya se habla de modificaciones del proyecto que supondrían unos 4.500 millones de pesetas".

Asimismo, ha detallado que el parque se proyectó por el sistema de 'fast track', para que se fuesen acometiendo fases antes de disponer del proyecto ejecutivo total por lo que "evidentemente, el coste total no se sabe hasta que se dispone del último proyecto entregado".

"Lo que se quería era tener el parque en verano de 2000", ha explicado Navarro, quien ha detallado que a principios de ese año la dirección se dio cuenta de que "había un retraso enorme", lo cual podría ocasionar pérdidas porque "estaba toda la estructura contratada, más de 2.000 personas preparándose para la apertura".

La fiscal le ha mostrado dos contratos de ajardinamiento y riego que suponían el desembolso mensual respectivo de 16 y 21 millones de pesetas y le ha preguntado si no le llamó la atención la existencia de estas dos facturas, una emitida por una UTE (Terraverd) y la otra por una firma de Conesa, a lo que el ex director general ha respondido: "Dos veces al mes me pasaban una montaña de más de 500 o 600 cheques para firmar, de todo tipo de facturas".

"Firmé más de 1.900 contratos laborales y no conozco a las personas que fueron contratadas. Sólo en referencias de productos de 'merchandising' había más de 1.800", ha relatado Navarro.

Al igual que explicó ayer Esteban, Navarro ha atribuido la responsabilidad del control económico y financiero y de la supervisión de los trabajos realizados a Miguel Izquierdo, como responsable de ese área.

A preguntas del abogado del Estado, Navarro ha afirmado que no conoce a ninguna de las empresas que supuestamente facturaron a Terra Mítica por trabajos no realizados, entre ellas C3 Ingenieros de Vicente Conesa, que llegó a facturar hasta 293,5 millones de pesetas.

"Es completamente imposible que conozca la relación de facturas, no tuve ninguna relación con proveedores y contratistas", ha detallado Navarro, quien ha afirmado que en los últimos meses antes de su apertura Terra Mítica pudo realizar inversiones por valor de unos 35.000 millones de pesetas.

"Si hubiese conocido alguna irregularidad la hubiese denunciado, pero ni por consejeros ni por empleados o directivos me llegó. No lo hubiese consentido", ha afirmado.

La mujer de Vicente Conesa, Matilde Ripoll, también imputada en la causa, ha afirmado desconocer los detalles de la actividad empresarial de su marido, con la que no tiene nada que ver, y que firmó con total confianza todo lo que le pidió éste.