Ángel Carromero: «Pensé que no salía de Cuba en 30 años o que me mataban»

En su libro «Muerte bajo sospecha» (editorial Oberón), Ángel Carromero ofrece su versión de la muerte de los disidentes cubanos Oswaldo Payá y Harold Cepero en julio de 2012, cuando el propio Carromero conducía un vehículo cerca del municipio cubano de Bayamo. El régimen castrista le condenó a cuatro años de prisión como responsable de homicidio imprudente. Tras conseguir su traslado a España, Instituciones Penitenciarias le concedió el tercer grado. El vicesecretario general de Nuevas Generaciones asegura que no hay indulto más justo que el suyo.

–¿Escribir este libro ha sido una experiencia liberadora?

–Contar todos los detalles de lo que realmente ocurrió era fundamental para la familia Payá y para mí. Cuando caiga la dictadura nadie podrá decir que no dije nada; ya estará escrito lo que pasó. Mucha gente de la que ahora me critica quizá tenga que pedir disculpas.

–¿Todos en el PP presionaron con tanta intensidad como Esperanza Aguirre para traerle a España?

–El Gobierno consiguió traerme de vuelta contra todo pronóstico y siempre estaré agradecido. No hay que olvidar que hay un ciudadano norteamericano, Alan Gross, al que tienen retenido en una habitación de un hospital en Cuba y que EE UU no ha sido capaz de devolverle a su país porque Cuba pide a cambio cinco terroristas que están presos en cárceles norteamericanas. A nivel de partido me siento muy arropado, no sólo por Esperanza, sino también por Cospedal –que hizo un alegato público a mi favor– y por el resto de dirigentes.

–¿Está satisfecho con la gestión de Margallo para traerle a Madrid?

–Estoy muy agradecido a Margallo, y por eso nada más llegar a España quise hacérselo saber a través de su jefe de gabinete.

–Varios partidos políticos han pedido una investigación sobre lo sucedido, como UPyD, CiU, PNV, ¿por qué el PP no apoya esa investigación, tal y como lo ha hecho el Parlamento Europeo?

–También la han pedido el secretario de Estado norteamericano, la embajadora de EE UU ante la ONU y varios organismos. Yo me atengo a lo que dijo Margallo en la comisión de Exteriores en el Congreso de los Diputados, y es que Cuba había pedido un precio político por mí, pero que el Gobierno se negó a pagar ninguna contraprestación política. En cualquier caso, el PP va a hacer todo lo posible porque la Posición Común europea sobre Cuba se mantenga mientras en la isla no haya respeto a los derechos humanos.

–Muchos piensan que el Gobierno pactó con Cuba su regreso a cambio de algo.

–A día de hoy, ni partido ni Gobierno me han contado que eso fuera así.

–¿Era Oswaldo Payá el enemigo número uno del régimen cubano?

–Había sido premio Sajarov e impulsó el proyecto Varela para democratizar el país. Iba a ser nominado al premio Nobel y era la persona que tenía mayor proyección. Era el disidente que tenía más peligro para el régimen y estaba llamado a protagonizar la transición en Cuba. Ya lo advirtió Fidel cuando dijo que él iba a sobrevivir a Oswaldo.

–¿Qué pasó aquel día?

–Hay que aplicar la lógica. En una carretera de Cuba es imposible ir rápido porque está llena de baches. Nos sacaron de la carretera, yo perdí el conocimiento y después me llevaron al hospital. ¿Cómo es posible que los dos europeos saliéramos ilesos de ese accidente y que los dos opositores murieran supuestamente en el acto? ¿De dónde aparece, en mitad de la nada, una ambulancia? ¿Cómo se llena el hospital de militares? En las fotos que mostró el régimen cubano nuestro coche a veces está al lado de un riachuelo y en otras al lado de la maleza. Cuando estábamos en el hospital, Aron (el político sueco que le acompañó en el viaje a Cuba) me dio los teléfonos de Oswaldo y de Harold. ¿Cómo llegaron esos teléfonos a Aron? Pues porque tras el accidente, Oswaldo y Harold se los dieron a él porque temían que el régimen los confiscara y tuviera acceso a información de otros disidentes.

–¿Por qué cuando llega a Madrid no organizó una rueda de prensa para contar su versión?

–Cuando llegué a España ingresé en la cárcel y después me dieron el tercer grado. Nadie me explicaba nada. Llegué a mi casa y a los dos días tenía que ir a un centro de reinserción social a dormir. Llevaba seis meses incomunicado en Cuba. No tenía ni idea de lo que había pasado. Teniendo en cuenta cómo estaba, creo que tardé poco tiempo en hablar.

–¿Y por qué decidió hablar?

–Porque ya no podía acarrear en conciencia ese silencio, no podía callarme lo que realmente le había pasado a dos personas. Tenía que hacerlo para empezar una nueva vida y dejar esto atrás.

–¿Aun sabiendo que podía perjudicar la postura del Gobierno español?

–Decir la verdad nunca puede ser malo.

–¿Cree que el Gobierno aprobará su indulto?

–Consultando la hemeroteca, desde que estamos en democracia no he encontrado –aunque quizá los haya– ningún indulto que haya sido pedido por la parte agraviada a favor del condenado. Mi indulto lo están pidiendo las familias de los fallecidos. No hay indulto más justo que el mío.

–¿Cuánto ha cambiado su vida después de todo esto?

–Yo creía que me mataban o que me dejaban treinta años en la cárcel, por eso, ahora vivo con otras prioridades. Disfruto mucho más las cosas pequeñas y no pienso a largo plazo.

–¿Qué aspiraciones tiene en política?

–Ninguna. Estoy muy bien como estoy. Quiero colaborar con el partido y apoyo todas las políticas que está llevando a cabo el Gobierno. Estábamos en crisis y el Gobierno está trabajando para salir de ella.

–¿Siente más la comprensión de la gente en la calle que el rechazo?

–Sí, siempre que me paran en la calle es para darme ánimos. Además, es gente variopinta. Y lo agradezco.

–¿Por qué cree que hay una imagen tan dura de usted en una parte de la sociedad?

–Escribir en Twitter cuatro mentiras es gratuito. Se han dicho de mí barbaridades. No le doy casi importancia a eso porque es gente que no da la cara. Al final, no les gusto porque yo soy testigo de que lo que ellos quieren vender de una idílica revolución cubana es sólo una dictadura más.