Así es al aula-capilla de la Complutense: 22 metros cuadrados para 36 personas

El rector rechaza la oferta del Arzobispado de reducir el actual templo y obliga a trasladar el oratorio a una clase de 22 metros cuadrados

Imagen del aula desde la parte posterior.
Imagen del aula desde la parte posterior.

El Arzobispado de Madrid y la Universidad Complutense han llegado hoy finalmente a un acuerdo en torno a la polémica por la capilla de la Facultad de Geografía e Historia.

El rector de la Universidad Complutense, José Carrillo, y el decano de Geografía e Historia, Luis Enrique Otero, lograron ayer que el cierre de la actual capilla de esta facultad sea definitivo. A pesar de que este recinto fue pensado y construido como capilla por el propio arquitecto del edificio –las proporciones de la estancia, la doble altura del techo, sus ventanas bajas están pensados a tal efecto– nunca más se volverá a oficiar una eucaristía en su interior. Ocho días después de que el rector y el decano ordenaran el cambio de la cerradura para impedir el acceso a los alumnos y profesores católicos, el Arzobispado de Madrid aceptó ayer el traslado de este espacio sagrado hasta la que será su nueva ubicación. El padre Feliciano, responsable pastoral en la universidad madrileña, y el decano mantuvieron durante la jornada de ayer una última reunión. En el transcurso de la misma, Otero rechazó la propuesta del Arzobispado de mantener la actual ubicación de la capilla a cambio de renunciar a una parte de ella, en la que, tal y como pretendía la Universidad Complutense, se hubieran podido instalar una o dos clases nuevas. En este contexto, y con la intención de no alargar más el conflicto, el representante del arzobispo en la Complutense aceptó instalar la capilla en una de las aulas ofrecidas por el decano durante las negociaciones.

De esta forma, la nueva sala de oración estará ubicada en un aula de la segunda planta de la facultad. Tendrá una dimensión menor no sólo que la actual capilla, sino incluso que el espacio de la actual sacristía. En total, 22 metros cuadrados, en los que, según los datos de la página web de la UCM, caben 36 personas. Sin embargo, este «aforo» se verá sensiblemente reducido una vez que se proceda al traslado del mobiliario del actual oratorio.

Después de dar su brazo a torcer, el Arzobispado hizo público un comunicado en el que subrayaba que el resultado de las conversaciones con el equipo decanal no habían tenido como resultado «el acuerdo deseado». Del mismo modo, el Arzobispado confirmaba que en los próximos días se efectuará la desacralización de capilla y el traslado del mobiliario hasta el aula B-23B. «Pedimos que se acondicione este nuevo espacio para el nuevo uso, de manera que se pueda hacer simultáneamente el traspaso de un lugar a otro de los vasos y los ornamentos sagrados, así como de los demás utensilios propios de la capilla y de la sacristía», subrayan desde el Arzobispado.

Desde la Universidad Complutense, sin embargo, se insistió en que los representantes de la Iglesia han terminado aceptando «uno de los cinco espacios que la Facultad ofreció hace dos años, cuando se les comunicó el traslado de la capilla por necesidades docentes». Una situación que, para la UCM, pone en evidencia «el contenido artificial» de las protestas que se han sucedido a lo largo de la pasada semana en el recinto universitario: «No tenían mucha razón de ser, ya que acabaron aceptando la nueva ubicación, según el portavoz. Lo que ha ocurrido no es una oferta de ahora ni tampoco una consecuencia de las protestas».

Con el traslado acordado ayer se pone fin a casi diez días de conflicto. Durante este tiempo, los responsables de la UCM han justificado la necesidad de cerrar el actual oratorio debido a las necesidades de aulas por la implantación de la normativa de Bolonia que obliga a subdividir los grupos en determinadas asignaturas y grados para que los alumnos cursen las prácticas. Sin embargo, las necesidades de espacio –derivadas de la convivencia de los grados y de las licenciaturas a extinguir– desaparecerían el próximo mes de septiembre según un documento firmado por el equipo decanal en 2012. En cualquier caso, el traslado de la capilla significará que la Complutense podrá disponer de dos nuevas clases en el actual espacio de la capilla, pero perderá una, precisamente en la que instalará el nuevo oratorio. De esta forma, la facultad de Geografía e Historia, tras esta polémica, pasará de tener 40 clases a 41, a las que se suman las cinco aulas de informática y el aula de grados. A lo largo de estos diez días, el propio rector de la Universidad Complutense, el catedrático José Carrillo, negó que todo respondiera a una persecución a los católicos. Aseguró que algunos responsables de la UCM habían recibido amenazas y advirtió de la problemática de la cuestión al indicar que en los últimos meses algunos grupos de alumnos musulmanes también habían reclamado su espacio para rezar.

El padre Feliciano Rodríguez: «La capillla molestaba en la Universidad»

Durante la misa, el padre Feliciano Rodríguez aseguró que «los cristianos no son una minoría dentro de la universidad» y también insistió en que le parece importante que la Iglesia esté viva y se rece en el campus. Por eso, el delegado de Pastoral en la Universidad espera que los estudiantes se sigan reuniendo en la nueva capilla. El sacerdote considera que el móvil de esta acción es la molestia de la presencia de la capilla para algunos miembros de la universidad. Aseguró que «esta medida no soluciona la cuestión de los espacios y, sin embargo, sí afecta claramente a los derechos de los cristianos». Respecto al patrimonio artístico y religioso que alberga la capilla clausura, el padre Feliciano comentó que pertenece a la Facultad y que primero tendrán que cederlo y en el nuevo aula quizás no quepa todo.