Carabanchel, territorio «Almaia»

El fenómeno de OT, capitaneado por los representantes de España en Eurovisión, se dejó sentir ayer en Vistalegre: miles de jóvenes hicieron que la recaudación de los bares y las tiendas de las zonas aumentaran sus ingresos un 40 por ciento.

El fenómeno de OT, capitaneado por los representantes de España en Eurovisión, se dejó sentir ayer en Vistalegre: miles de jóvenes hicieron que la recaudación de los bares y las tiendas de las zonas aumentaran sus ingresos un 40 por ciento.

«Estaba viendo ''OT1'' cuando estaba pariendo a mi hija, sólo quería empujar para que saliese mi niña, sana, y subir a la habitación para ver la gala». Lo dice Mónica que 16 años después está con aquella ya adolescente, Marta, y su hermana, en primera fila de una de accesos para ver el concierto de ''OT 2017'' en el Palacio Vistalegre en Carabanchel. Estaba la primera y para verla junto a ellas, entusiasmadas perdidas por un «talent» que, más allá de las audiencias, ha transcendido de una forma que Mónica lo explica como progenitora y espectadora. «Transmite valores positivos, la solidaridad, el trabajo, trabajo en grupo, buen rollo... Los padres estábamos hartos de “Gran Hermano” y los “edredoning”. Esto es distinto». Testimonio de madre, como otras tantas y otros padres, que acudieron ayer con sus hijos en una suerte de cómo un programa ha conseguido que se pongan de acuerdo. Lourdes, otra mamá que cuida a su descendencia como polluelos recuerda la primera edición, «no fui a ningún concierto, ahora por ellas sí», que llega con Claudia, de 12 años y Paloma, con 9, arrastrada por su entusiasmo. Las niñas son de «Aitana War» y lo que esperan es ver en directo cantar «Lo malo».

La edición de «OT 2017» es más que un fenómeno mediático, ha soliviantado conciencias. El jueves por la noche un puñado de muchachos ya estaban apostados intentando ser los primeros en entrar. Aunque había otras, y otros, que hicieron su «madrugá», incluso unas chicas de Castellón, Leire y una amiga. Llegaron a Madrid y a las 12:30 del mediodía del jueves, con una maleta rosa, se posicionaron en la cola y, claro está, estaban las primeras, con mantas, toda clase de chucherías y un entusiasmo que no les cabía en el cuerpo. Les pierde Aitana, pero mucho más «Almaia», el término que usan la nueva generación de «OT 2.0» para describir a Alfred y Amaia. «Mis padres se han hecho cuentas en Twitter para seguir las galas. Se las hice yo para que supiesen de qué estábamos hablando». Esperan, y lo van a conseguir, escuchar sus temas preferidos, tienen tantos que les cuesta elegir, como «Tu canción» y «Que sigan las luces», «Eloise»... Están felices, pero hay una queja compartida por la mayoría, «las entradas son muy caras, pero merece la pena». ¿Por qué? Rápida respuesta. «Son naturales, se esfuerzan y les gusta la música. Se han convertido en una inspiración porque nosotras formamos parte de un coro». Un grupo de chicos y chicas que estaban a su lado apostillaron, «¡pues presentaros en la próxima edición».

En la noche del jueves en este barrio de Vistalegre no nos imaginamos que con cuentagotas había una invasión. Algunos, con sus sacos y sus tableros de parchís, llegaron a la una de la madrugada. Se tumbaron en la calle y a dormir. Ya, por la mañana, con las pilas bien puestas empezaron a organizarse: camisetas para la ocasión, cantar «Camina» y otros temas y cantantes por los que muestran debilidad. Quieren que Aitana y Cepeda canten, y saben que lo harán, «No puedo vivir sin ti». «Nos da igual que sean amigos o pareja. Nos han enganchado por la música». La misma opinión sobre Alfred y Amaia que para ellos son «Almaia». Lo que les importa es el esfuerzo, como cantan y lo que decían mientras tanto. Por eso ha salido otro palabro «Ragoney», para dos concursantes, Raoul y Agoney, que se besaron en Barcelona y dieron visibilidad a los gays. También se sienten identificados con Alfred, porque, sin quererlo, o sí, ha puesto altavoz a lo que piensan. «Alfred dijo que era feminista pero también reconoció que tiene conductas machistas. Es una inspiración para nosotros», dice Alejandra.

Y mientras tanto, por un día, los comerciantes de este barrio cambiaron de piel. Sabían que iba a haber mucha gente, pero también conocían sus necesidades. Pocas reservas de alcohol, muchos refrescos y, como viandas, bocadillos y hamburguesas. Blady, propietario de la Sidrería Asgaya, afirmaba que la recaudación de ayer fue un 40 por ciento más que el resto de los días. «Abrimos a las 5:30 de la mañana y los muchachos llegaron a desayunar hasta el mediodía, venían desde Bilbao, Salamanca... Hayan sido clientes o no, a ninguno se le ha negado ir al baño después de pasar la noche a la interperie». Eran las seis y media de la tarde, se les oía, en pequeños grupos, en estas aglomeraciones siempre se termina haciendo amigos, cantando «Camina», «Lo malo», «Tu canción» mientras escuchaban las pruebas de sonido. Era el preludio de lo que venía, lo mejor. Y los bares y las tiendas de chinos se frotaban las manos.