Madrid

Cuando la ilusión viene de Guinea o El Salvador

Los Reyes Magos designan como emisarios a personas en situación de exclusión para transmitir alegría a enfermos de cuidados paliativos.

Los Reyes Magos designan como emisarios a personas en situación de exclusión para transmitir alegría a enfermos de cuidados paliativos.

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Hasta hace tres años, Sebastián (nombre ficticio) desconocía la existencia de los Reyes Magos, ni su leyenda del viaje que realizaban desde Oriente para adorar al niño Jesús y regalarle oro, incienso y mirra. Él buscó su propia estrella y, a lo largo de dos años viajó desde Guinea hasta Ceuta donde saltó la valla para poder entrar en nuestro país. Él, al contrario que Melchor, Gaspar y Baltasar, no contó con unos camellos que le ayudaran a recorrer los más de 3.400 kilómetros que le separaban de su nueva vida. «Lo hice andando. Fue muy duro», recuerda este joven de 32 años que ayer, por unas horas, se convirtió en el «rey de la barba blanca» para «transmitir alegría» a los pacientes del centro de cuidados paliativos de la Fundación Vianorte Laguna. Antes de ajustarse, Sebastián saca su móvil y enseña una foto: «Es mi hijo, de 10 meses». Vive en un centro de acogida de la Comunidad. Está muy bien, gordito, pero hasta que no encuentre trabajo no me dejarán que viva conmigo». Ése es el deseo que le pide a los verdaderos Reyes Magos.

En esta iniciativa también colaboran alumnos de la Universidad de Villanueva, que promovieron la iniciativa, junto a la Fundación Luz Casanova –trabajan con personas en exclusión social– y este centro de paliativos. Es el tercer año que realizan esta acción.

Junto a Melchor, Gaspar también ha recorrido una gran travesía. En su caso, Marvin, de 23 años, tuvo que huir de su país, El Salvador. «Allí la situación está muy mal, hay mucha violencia», explica. Sólo lleva tres meses en España.

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Su situación es difícil, ya que está en trámites de conseguir el asilo, sin embargo, a este joven no se le borra la sonrisa. «Me encanta hacer reír y por eso quise participar. Quiero transmitirles algo positivo, que recuerden su infancia». Y así lo hizo con Blanca, de 80 años, que ocupa una de las habitaciones. Padece cáncer y, desde hace varios días, «esperaba la llegada de los Reyes», reconoce la persona que la cuida. Charles, el Baltasar de origen nigeriano, se sienta a su lado y le coge la mano. Le lanza una pregunta algo comprometida: «¿Quién es su rey favorito?». Ella no duda: «Tú». Los dos ríen. Blanca recuerda cómo, desde pequeña, siempre ha sentido predilección por el tercer mago. Se emociona cuando dos pajes, Gabriela e Iciar, se acercan para darle un clavel. Lo huele. Quiere preservar cada uno de esos instantes para contárselos a sus hijos. Tiene tres y no hay día que alguno de ellos no vaya a visitarla.

Charles, aunque es el más veterano en repartir regalos, también se emociona. «El primer año lo pasé muy mal. Algunos nos dicen que es su última Navidad», reconoce. Tiene 55 años y lleva 20 años en nuestro país. «Al llegar entré en la cárcel porque traía droga», reconoce. Ahora se dedica a la venta ambulante y aún recuerda con dolor los dos años que vivió en la calle. «Fue muy duro, pero gracias al Samur Social y a las fundaciones salí adelante». Cuenta con brillo en sus ojos cuál ha sido el regalo adelantado de los Reyes: «La fundación RAIS me ha conseguido una casa». E insiste orgulloso: «Para mí solo».

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Tras recorrer varias habitaciones de paliativos, los emisarios de sus majestades pasan a la residencia. En la sala común les esperan Desi, María, Concepción, Valentina, Rosa, Inocencio... Son algunos de sus residentes. Charles se acerca a Pilar con un regalo. Está rodeada de sus cuatro nietos Fernando, Joaquín, Pilar y Covadonga y de su nuera. Acuden cada domingo a pasar la tarde con ella, a jugar a algún juego de mesa, pero ayer fueron por ser un día especial. «Sabíamos que venían los Reyes», dice una de las pequeñas. Le ayudan a desenvolver el detalle que le ha dado Baltasar. ¿Qué es?, le preguntan. Ella les mira con ternura. Es un marco de foto, pero no está vacío. La imagen es la de sus cuatro hijos. «Para que la pongas en tu cuarto», le dice uno de sus nietos. Pilar agarra el recuerdo con fuerza. No hay mejor regalo que tener a la familia cerca.