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El cuento mostoleño que salvó a una librería

En menos de dos días, el relato infantil que escribió «Suchi» desató una oleada solidaria que evitó el cierre de su establecimiento.

  • «Suchi», en el interior de su librería Delirio
    «Suchi», en el interior de su librería Delirio

Tiempo de lectura 4 min.

28 de octubre de 2018. 00:48h

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Laura Cano.  28/10/2018

«Una librería es un espacio donde se guardan ideas porque, un libro, es una idea». El autor de esta frase es Alejandro Bárzano, aunque en el barrio sus vecinos le conocen como «Suchi». Cada mañana desde hace siete años, Suchi levanta la reja metálica de la calle Sevilla 25 (Móstoles), un coqueto ángulo abarrotado de cuentos, novelas y tebeos. Se trata de la Librería Delirio, un negocio que se resite a desaparecer. «Corren tiempos difíciles para la lírica y los comercios locales madrileños –sobre todo las librerías tradicionales– atravesamos un momento complicado», expresa, con pesar. «El aumento de costes, nuestro ritmo de vida, cada vez más urbanita; el “dragón” de lo on-line... Poca gente baja a la calle a comprar un libro, ahora lo piden por Amazon», explica. Ir a una librería, ojear una contraportada o pedir consejo al librero para decidir qué titulo pasa a ocupar espacio en la bolsa de playa en peligro de extinción. Pero Suchi no es de los que se dan por vencidos. Ha creado un espacio «para todos los vecinos» con el que se confiesa está «muy comprometido».

Suchi no se puede permitir poner a la venta únicamente los libros que a él le gustan, los que ponen de relevancia la situación social. La clientela de paso es inusual en un municipio tan alejado del centro, y para el selecto grupo de clientes fijos, que entre tanto se ha ganado, es necesario que también ponga unos cuantos «best-sellers» en el escaparate. A pesar de todo, no son pocas las personas que se pasan a saludarle e interrumpen la entrevista. Dos adolescentes ojean los estantes en busca de un cómic que les convenza. «¿Nos recomiendas algo?», le piden. Suchi agarra un ejemplar. «Este es pequeño y cañero», recomienda. De súbito, dos pequeñuelos irrumpen en el local y corren a manosear un dragón y un conejo hechos con cordeles. Sus padres le saludan. «¿Cómo va eso, Such?». A lo largo de la tarde se cuelan varios «colegas», una mujer de origen africano que ha parado a verle «de camino al médico», una mujer con su hija de diecitantos... «Entra mucha gente porque hemos conseguido construir un espacio que ya es de todos pero, como ves, sólo he tenido una venta», apunta. Entonces, como caído del cielo, entra un hombre que le pregunta si ya puede adquirir su gran éxito: «Little Durruti».

Este librero llevaba meses dándole vueltas al problema económico que le suponía mantener a flote este «barco de la cultura» y, coincidiendo con el aniversario de Delirio, el 31 de agosto decidió actuar y lanzar la campaña de mecenazgo «Un libro para salvar una librería». La respuesta resultó abrumadora. En poco menos de dos días, Suchi alcanzó su objetivo: nada menos que 12.000 euros destinados a la librería, pero también a la contratación de un dependiente que pueda proporcionarle «vida y tiempo libre». Al cierre de esta edición, con el crowfunding concluido, 1.186 personas habían aportado más de 26.000 euros, lo que supone que el objetivo se haya cumplido al 216 por ciento. «Es alucinante que una librería pequeña, perdida en un municipio de Madrid, haya logrado la meta en tan poco tiempo», recalca Suchi.

El libro salvador es un cuento infantil, escrito e ilustrado por él. «Mi librería siempre está llena de niños, por eso decidí construir un libro para “peques”», explica. Se trata de un pequeño texto ilustrado con voluntad pedagógica «de ida y vuelta» porque, según explica en el portal para aportaciones, «está hecho de lo que nos gusta enseñar a los niños y niñas y de todo lo que nos han enseñado ellos y ellas». El libro trata de «no educar en la diferencia», por eso lo copan personajes de distintos géneros, razas y capacidades. Al momento de dar con la idea, Suchi le anunció la propuesta a los más pequeños. «Consideré que tenían que ser los primeros en enterarse, primero porque el cuento era para ellos y segundo porque me tienen mucho cariño y yo a ellos». A la hora de plantearles la situación, les dijo «tengo una noticia buena y una mala. La mala es que la librería va a cerrar. La buena es que... ¡vamos a escribir un libro para salvarla!». Inmediatamente, los pequeños le preguntaron qué podían hacer ellos por Delirio. Y la red se llenó de internautas solidarios.

Para despedirse, Suchi recalca que este proyecto no ha dejado de enseñarle cosas sobre los libros y las personas: «Ha habido lagrimones, cariño y apredizaje colectivo. He conocido a multitud de libreros que mantienen espacios de vida en sus barrios a costa de un esfuerzo casi titánico».

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