Emociones flamencas

En 2010, cuando tenía 26 años, Rocío Molina ganó el Premio Nacional de Danza, que reconocía en su fuerza y su misterio una forma emocionante y nueva de entender el flamenco desde el baile contemporáneo. Coreógrafa y bailaora, Molina representó a España junto a otros artistas en el Flamenco Festival de 2003 y ha paeticipado en espectáculos junto a Carlos saura, Pitingo, Israel Galván y María Pagés, en cuya compañía se formó. Ahora, la malagueña pasa de nuevo por Madrid con su nuevo espectáculo, «Afectos», que describe como una «reflexión emocional y un desafío artístico, basado en la lucha del ser y en la capacidad de hallar la sencillez, la naturalidad y la confianza a traves de la existencia y del flamenco».

En «Afectos», una indagación del flamenco en diversas emociones, Molina ha vuelto a trabajar –aunque esta vez al alimón– con Rosario «La Tremendita», cantaora y guitarrista sevillana de la misma quinta que la bailaora, 1984.

Dividido en cinco bloques, el montaje pasa del «Cante del centenil» y «Recuerdo de Sevilla Moro» a «Chiribi, chiribi» y la «Bulería de Enriqueta la pescaera»; una solea y una petenera, la de la «Dama Hermosa», componen la tercera parte, seguidas de un cuarto apartado con sabor colonial: habrá guajiras, tangos y la «Rumba café con ron». Completa la noche el bolero que da título al espectáculo. Todo, con la guitarra de «La Tremendita» y el contrabajo y los «loops» de Pablo Martín. Y una forma de encarar el baile y la puesta en escena que apuesta por lo nuevo.

Aunque, pese a lo que tiene de contemporánea, ninguna olvida que el flamenco es emoción: escuchar el dolor, perseguir el placer, apostar por la emoción. «Hemos hecho un trabajo muy duro pero también muy bonito, que hemos probado en muchos ensayos generales. Te das cuenta de lo que va ocurrir o por el poso que deja personal y emocionalmente. Es de una entrega absoluta. Vamos, como un parto», asegura Molina.