Hallan restos de ADN de la tía del casero de Majadahonda en la picadora

Registro de la Guardia Civil en la finca de Santa Cruz de la Zarza, Toledo
Registro de la Guardia Civil en la finca de Santa Cruz de la Zarza, Toledo

El abogado de Bruno lo tendrá complicado de cara al juicio oral que se celebre una vez concluyan los análisis de Criminalística de la Guardia Civil y la investigación del Juzgado de Instrucción número 1 de Majadahonda. Los investigadores han encontrado sangre y restos de ADN de dos perfiles genéticos distintos que le incriminarían en dos homicidios: el de Adriana Gioiosa, la mujer argentina de 55 años y última inquilina del chalé de Majadahonda y, ahora también, el de la tía del imputado: Lidia Hernández, un anciana que, según el acusado, está en una residencia de ancianos de Ávila pero que no aparece por ningún lado. La Guardia Civil sospechó desde el primer momento que Bruno, de 32 años y que se convirtió en el casero del chalé tras la desaparición de la mujer hace unos cinco años (aunque nadie denunció este extremo), también la había matado y el informe del laboratorio de Criminalística de la Dirección General parece confirmar las peores sospechas, tal y como se muestra en un informe del que han dado traslado al juzgado que lleva el caso. Los restos biológicos hallados en la picadora que tenía Bruno –un hombre con problemas mentales y brotes de esquizofrenia muy acusados–, en el chalé de la calle de La Sacedilla coinciden con el perfil genético del padre de Bruno y hermano de la desaparecida.

Según confirmaron a Efe fuentes de la investigación, los agentes han entregado en el juzgado que lleva la causa un nuevo informe en el que se detalla que algunos de los restos encontrados en la máquina, que ya ha sido totalmente desmontada y analizada, son de la tía del detenido. El informe también afirmaría que se ha encontrado ADN de esta mujer en uno de los serruchos que se intervinieron en el chalé de Majadahonda que Bruno alquilaba.

Ante las preguntas de los agentes de Homicidios de la Guardia Civil, Bruno aseguró siempre que su tía –la propietaria original del chalé de La Sacedilla– le había cedido en usufructo la vivienda de Majadahonda. Sin embargo, la mujer no ha podido ser localizada en ninguna residencia de ancianos ni en cualquier otro sitio, lo que hizo pensar a los investigadores que Bruno le hubiera dado el mismo final que a Adriana.

El caso salió a la luz gracias a la denuncia del hermano de Adriana, la mujer argentina y última inquilina del chalé de Majadahonda. Llevaba un tiempo que su hermana no le cogía el teléfono y sólo le contestaba a los whatsapp pero no le parecían comentarios de ella. El hombre cogió un vuelo, se vino a España y se fue al Burger King donde trabaja Adriana. Allí le confirmaron que llevaba varios días sin ir a trabajar, por lo que se fue directo al Puesto de la Guardia Civil a interponer la correspondiente denuncia por desaparición. Los agentes acudieron a primeros de abril al chalé en cuestión y allí estaba Bruno, quien sin autorización judicial no les dejó entrar. En esos momentos estaba pintando, lo que hizo temer los peores presagios de los agentes por el temor a destrucción de pruebas. Volvieron poco después con la autorización del juzgado de guardia y tras una primera inspección ocular se llevaron detenido a Bruno. Al pasar a disposición judicial se decretó su prisión provisional. Días después volvieron con él al chalé para una inspección más profunda. Los perros del servicio cinológico se volvieron locos. Había restos de sangre por todas partes.