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La cruzada de dos padres por una "infancia libre"

  • Gracias a la resolución del caso de Rafa (derecha), Daniel ha recuperado a su hija. «Tenemos mucho que hablar», afirman. Foto: Jesús G. Feria
    Gracias a la resolución del caso de Rafa (derecha), Daniel ha recuperado a su hija. «Tenemos mucho que hablar», afirman. Foto: Jesús G. Feria

Tiempo de lectura 5 min.

15 de mayo de 2019. 02:45h

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Belén V. Conquero Madrid. 15/5/2019

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Rafa llega nervioso a la Quinta de los Molinos. Pendiente del móvil, de la información que le va trasladando su abogada. «Hay tantas similitudes... estoy confirmando que comparten el mismo abogado por la vía penal». Ya sabe que la letrada por lo civil de su ex esposa María es la misma que el de Patricia, la ex mujer de Daniel, al que quería conocer desde el pasado sábado, cuando supo que él también había sido víctima de la asociación Infancia Libre. Sus dos hijos fueron secuestrados por sus madres. «Lo peor es no saber si tu hija está viva o muerta», insiste Daniel.

Al encontrarse se dan la mano. Por fin se ponen cara. Saben que la resolución del caso de uno ha sido clave para encontrar a la hija del otro. «Tenemos mucho que hablar», dicen. Cuando Rafa ve que Daniel llega acelerado, sonríe. «Está viviendo la misma vorágine que padecí yo los primeros días tras recuperar a Samuel». La batería del móvil no supera el mediodía. El revuelo mediático les sobrepasa y les salen peticiones de nuevos frentes cada minuto. Los dos últimos días han sido caóticos, frenéticos. «Desde el sábado por la tarde no he dejado de encadenar entrevistas. Empiezo a las ocho de la mañana y hasta las diez de la noche no termino. Necesito parar». Reconoce que el encuentro con LA RAZÓN va a ser el último. «Me quiero centrar en mi hija, en estar con ella y llevarla al médico, comprobar si tiene el calendario vacunal al día. Son muchas cosas...». Las mismas por las que ha pasado Rafa. No son solo el reflejo de una injusticia compartida, de un calvario similar, sino que su lucha judicial inmediata también va a ser mutua. Ambos quieren desenmascarar a una asociación que, supuestamente, protegía a la infancia y que, en realidad, solo buscaba separar a padres e hijos.

Intercambian nombres de abogados, fechas aproximadas... sus historias se han fraguado de forma paralela. «Los primeros años después de la separación fueron normales, veía a mi hija en los momentos marcados por la Justicia. Salvo algunos momentos puntuales, todo fue bien», recuerda Daniel. «Sí, todo era normal hasta que la pedí la custodia compartida. En ese momento entró en cólera», responde Rafa. Y empezó a hacerle la vida imposible. «Poco a poco van comiéndoles la cabeza a los niños. Les convencen de que somos malos», sostiene el ex marido de María Sevilla, la presidenta de la asociación Infancia Libre.

Daniel tiene muchas preguntas. «¿Cuánto tiempo estuviste sin ver a tu hijo?». Rafa no lo olvida: «Desde diciembre de 2016 y hasta abril de este año. Ha sido una tortura». El ex marido de Patricia, la detenida el pasado sábado en La Cabrera (Madrid), aporta su cálculo: «Yo algo menos, unos dos años. Desde 2017». Insiste: «Cuando la Unidad especializada, la que dirige Pedro Agudo, encontró a tu hijo, aprendió mucho de su ''modus operandi'' y por eso consiguieron localizar a mi hija en pocos días». Siempre en contacto con la Policía, «he estado varios fines de semana pendiente del móvil». Podía ser el día que abrazara de nuevo a su pequeña. «Yo estuve pegado al móvil desde las ocho de la noche hasta las cuatro de la mañana, cuando consiguieron entrar en la finca de Villar de Cañas (Cuenca) donde tenían retenido a Samuel. En los dos casos, los movimientos de las nuevas parejas de las madres fueron clave para rescatar a los menores. «Se esfumó de Madrid e hizo lo mismo años después cuando se trasladó a Granada –a dónde fue como experta para realizar un estudio sobre maltrato y abuso infantil en Andalucía, solicitado por Podemos–. Aportó hasta cinco direcciones distintas», describe Rafa. «En mi caso, mi ex y su novio utilizaban teléfonos de prepago para evitar ser localizados». Eso sí, «las condiciones en las que encontraron a mi hija fueron mucho mejores que las del suyo. Su madre la sacaba cada día a la calle a pasear», afirma Daniel.

¿Cómo fue el primer contacto, abrazar a un hijo después de tanto tiempo? Los ojos de ambos se iluminan. Fue el mejor regalo, aunque no respondieron de la misma forma. La de Daniel no acababa de entender lo que ocurría. «Cuando entraron los agentes en la casa, ella se puso a llorar. Decía que no quería venir conmigo». Él la esperaba en la comisaría de plaza Castilla. Horas más tarde, «estaba feliz, jugando con mi familia, con sus abuelos». En el caso de Rafa, «Samuel se alegró mucho cuando me vio, pero me preguntó si no iba a volver a ver a su madre. Le tranquilicé y volvió a sonreír». A lo largo del último mes, el hijo de Rafa solo le ha preguntado en dos ocasiones. No sabe si se va a volver a encontrar con ella. «Le digo que me pregunte todo lo que quiera, pero que son los jueces los que decidirán si ve o no a su madre».

«¿Qué tal se ha adaptado al colegio? La mía ha estado dos años sin escolarizar y no sé cómo va a afectar a su progreso», plantea Daniel. «La verdad es que le ha costado, antes de desaparecer ya tenía una adaptación curricular y ahora ha entrado en primero de Primaria –Samuel tiene 11 años, debería estar en quinto o sexto».

Antes de secuestrar a sus hijos, estas madres de Infancia Libre ya generaron dudas en los colegios de los niños. «Llevaba partes médicos diciendo que la niña sufría ansiedad, problemas de espalda, dolores de cabeza... Así que faltaba mucho a clase. Cuando me enteraba e iba a la pediatra a preguntar, me decía que emitía los partes porque la niña se quejaba de esos dolores. No le quedaba otra». El pequeño de Samuel también faltaba cada cierto tiempo: «Siempre había un motivo, encima él es alérgico, así que las excusas se multiplicaban». Unas alergias que, desde que ha vuelto a vivir con su padre, el pequeño ha ido perdiendo. «Ahora vamos a empezar con el plan de choque del huevo», dice con orgullo.

Una de las secuelas que saben que no conseguirán superar es el estigma del abusador. «Aunque tres jueces hayan desestimado las acusaciones, con cada nuevo procedimiento aparecen en el informe y las dudas nunca se disipan», asevera Daniel. «Ya sé que para él lo más duro fue no ver a su hija durante tanto tiempo. Pero para mí, las acusaciones de que había violado a mi hijo me hicieron mucha mella. Estuve una semana llorando, no quería salir de casa». En esa época, Rafa trabajaba en un colegio. «Imagina lo que habría sido...».

Lo que tienen muy claro es que sin dinero no habrían recuperado a los dos niños. «Me he gastado entre 30.000 y 40.000 euros, como tú, ¿no?». Rafa asiente.

La conversación termina sin que hayan compartido todo lo que necesitan saber el uno del otro. «Te llamo luego, ¿vale?». Uno se aleja en moto, el otro, caminando.

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