«La hazaña no fue sólo mía, sin los pasajeros no le habríamos salvado»

Raúl- Conductor y «héroe» de la EMT

La del pasado jueves fue sin duda la noche más larga para Raúl, el conductor de la EMT que salvó la vida de un hombre al que tirotearon frente al autobús de la línea 118 que conducía por Carabanchel. «No he dormido casi nada, pero ha valido la pena por haberle salvado la vida a ese hombre», comentaba ayer, después de haber declarado ante la Policía lo sucedido en la calle General Ricardos.

Según relató, lo que parecía un día corriente se convirtió en casi una pesadilla cuando vio a un hombre que se tambaleaba por el carril bus por el que conducía su vehículo. «En un primer momento comencé a pitar para que se apartase y también para avisar a los conductores que pasaban por su lado, pero cuando estaba a pocos metros, ya casi parado, vi que se estaba sujetando el costado y sangraba mucho», recuerda Raúl.

Sin abandonar su puesto, el conductor volvió a usar la bocina con insistencia para alertar a la gente que iba por la calle y a los demás coches, porque el herido cruzó de lado a lado la calle General Ricardos. «Quería llamar la atención de la gente que iba por la acera y estaba sentada en unas terrazas cercanas, para que le auxiliasen», afirma. Entonces todo dio un vuelco, mientras trataba de avisar a los viandantes, Raúl observó cómo un hombre corría tras el herido. «Me asusté y les seguí en paralelo por el carril bus, mientras seguí pitando», señala.

Por suerte, la maniobra del conductor de acompañar el trayecto del herido surtió efecto y el hombre se acercó hacia el autobús buscando refugio. «La verdad es que no lo pensé cuando abrí las puertas, porque mientras el herido iba hacia la delantera, el que le perseguía fue hacia la de detrás y, según me contaron los pasajeros, llevaba una pistola», cuenta el conductor, que logró cerrar la puerta cuando el agresor estaba a unos centímetros de subir al vehículo. «Aceleré para alejarme e intenté parar antes de Marqués de Vadillo, pero un chaval se acercó a la puerta y me dijo que siguiese, que el otro hombre nos estaba persiguiendo y había disparado hacia el autobús», explica, todavía estremecido al recordar la tensión de ese momento.

Con el objetivo de llegar como fuese a la glorieta de Marqués de Vadillo, donde suele haber muy a menudo presencia policial, Raúl prácticamente cruzó de lado a lado la plaza, siempre con la bocina sonando para advertir a los coches de la maniobra peligrosa que estaba realizando. «Al llegar a la glorieta eché un vistazo y al final localicé a dos agentes de Movilidad junto a una sucursal de Bankia y para allí que me lancé», relata.

Ya en manos de los agentes, Raúl pudo hablar con el 112 mientras un pasajero le daba una rápida descripción a la Policía del agresor, que había huido por la calle Vicente Parra. «Sin los pasajeros ese hombre no habría sobrevivido –asegura el conductor–, porque ellos se ocuparon de taponarle la herida con un papel que les alcancé, le dieron aire porque se desvanecía, le calmaron mientras él gritaba que hicieran una foto al que le había disparado y me tranquilizaron a mí mientras hablaban con los servicios de Emergencia». Para Raúl, quizás el mérito del rescate fue suyo, pero sin la colaboración de los pasajeros no le habrían salvado la vida.