La revolución de las panderetas

Más de un centenar de madrileños reclamaron a Carmena con una «panderetada» que la Puerta de Alcalá recupere su Belén. Decenas de Nacimientos caseros suplen la imagen retirada.

Más de un centenar de madrileños reclamaron a Carmena la pasada semana con una «panderetada» que la Puerta de Alcalá recupere su Belén. Decenas de Nacimientos caseros suplen la imagen retirada.

Comenzó como una iniciativa individual y silenciosa, pero ha conseguido correr como la pólvora. Es la «revolución de las panderetas» o «de los Belenes»: un movimiento reivindicativo que está consiguiendo unir a los madrileños que no están de acuerdo con la desacralización de la Navidad que está llevando a cabo la alcaldesa de la ciudad, Manuela Carmena.

A pesar de que en el último tiempo, la regidora no ha tenido reparos en admitir el «origen cristiano» de la Navidad, lo cierto es que toda la programación municipal para estas fiestas, así como la decoración de las calles, se aleja cada año un poco más del sentido religioso de la Navidad, cuyo nombre ha empezado de forma paralela a sustituirse por la «fiesta de la luz», «solsticios» o «fiestas de invierno».

En este tiempo ha habido dos cambios evidente y simbólicos de esta «cruzada laicista»: la estrambótica Cabalgata del 5 de enero desprovista de toda tradición cristiana y la retirada del Belén luminoso de la Puerta de Alcalá.

A día de hoy, del desfile que prepara el Ayuntamiento de los Reyes Magos por el Paseo de la Castellana nada se sabe. Carmena ha querido ocuparse personalmente de ello ante la baja por maternidad de la concejala de Cultura, Celia Mayer.

El Nacimiento del arco central de la Puerta de Alcalá sigue sin volver.

Para pedir el regreso de esta Natividad luminosa, que era la única luz de la ciudad que hacía referencia al nacimiento de Jesucristo en la Navidad, se ha puesto en marcha una revolución silenciosa que cada día gana más adeptos. Comenzó con la colocación de Nacimientos caseros en el suelo sobre el que se levantaba el Belén de luces que el ex alcalde Alberto Ruiz-Gallardón instaló después de las duras críticas que recibió en 2004 cuando decidió felicitar la Navidad a los madrileños con una iluminación en el Paseo de la Castellana formada por palabras como «croqueta», «martillo», «semillas», «lujuria» o «mármol».

Los Belenes bajo el arco central de la Plaza de la Independencia ya han superado de largo el centenar, incluso se ha colocado uno de cartón sobre la actual iluminación que es casi una réplica del que había. Además, ayer, un grupo de madrileños, quiso ponerle sonido a la protesta con una «panderetada» con la que pidieron la vuelta de la Natividad a la Puerta de Alcalá.

La original idea nació de María Álvarez de Mendizábal que, al ver como la gente acudía a dejar sus Nacimientos bajo el céntrico monumento, decidió sumarse a la protesta. El objetivo de la «panderetada», explicó María, es «reivindicar de manera ordenada y pacífica el respeto a nuestras tradiciones. Porque no hay que olvidar que si hoy en día se celebra la Navidad es porque nace Jesús. Y eso es lo que celebramos en estas fechas».

Entre, villancico y villancico, Joaquín Vázquez, uno de los asistentes, añadió: «No nos sentimos representados por este ayuntamiento que se vuelca en celebrar otras fiestas y deja de lado la Navidad cristiana». «Pedimos la vuelta de los Belenes desde el respeto y la alegría», una idea que compartía Sonsoles, otra asistente a la convocatoria realizada a través de las redes sociales en apenas unos días. «Los cristianos respetamos todas las tradiciones. Queremos que el Ayuntamiento también respete las nuestras».

Los congregados bajo el arco central de la Puerta de Alcalá, lograron reunir a gente de todas las edades, desde niños pequeños acompañados de sus padres a adolescentes como Beatriz Lozano: «Me parece muy bien este tipo de iniciativas. Es muy importante que haya un Belén en Madrid en estas fechas».

Los asistentes a la «panderetada» insistieron en desmarcarse de cualquier ideología política. Alicia, otra madrileña que acudió a la cita defendía esta «revolución de los belenes y las panderetas» como un «movimiento popular, casi espontáneo, de gente que quiere defender sus tradiciones».