La salud de Tomás Gómez

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Este fin de semana Tomás Gómez ha hecho campaña desde el balcón de Callao con el cartel: «Mi salud no se vende». El dirigente socialista siempre intenta sacar rédito a través de sus temas favoritos: la Sanidad y Rubalcaba. Nunca defiende los derechos de los madrileños ante el injusto sistema de financiación actual, ni apoya proyectos que generen empleo, ni habla sobre economía o la quebrada Parla, única gestión con la que escribe los dos renglones de su currículo.

Gómez utiliza la salud para meter miedo a enfermos y mayores. Es capaz de acusar al Gobierno de las peores prácticas, mezclando muerte con negocio. Ignora que la Defensora del Pueblo ha señalado que es constitucional la externalización de seis hospitales madrileños, cuya atención está siendo altamente valorada por los pacientes. Y oculta que él mismo propuso privatizar la Sanidad hasta en un 14% en 2008. Tampoco cuenta que los socialistas siempre han propuesto fórmulas público-privadas, cuando no privadas, allá donde gobiernan. Que no se preocupe el señor Gómez, aunque ponga su salud a la venta; nadie se la va a comprar. La mentira crónica es una enfermedad tan cara que a él le ha costado obtener los peores resultados de la historia del socialismo en la región.

Lo cierto es que el PP lleva 18 años gobernando en Madrid y todavía ningún ciudadano ha tenido que pagar un euro ni tirar de Visa, como amenazaban, para ser atendido en un centro sanitario público. Y no sucederá mientras estén al frente el equipo de Ignacio González y el consejero Fernández-Lasquetty, que pelean contra viento y marea la fórmula que haga sostenible uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo.