Los jóvenes que demuestran que lo que contamina son las calderas

Alumnos de 17 años del IES Gerardo Diego de Pozuelo constatan que las altas emisiones registradas en Escuelas Aguirre, en Retiro, podrían combatirse con un cambio en el sistema de calefacción de las viviendas de la zona

La profesora Carmen Rocío Rodríguez, con sus alumnos María Carrero, Elisa Casarrubio y Alejandro Boyco en la sala de calderas de su instituto
La profesora Carmen Rocío Rodríguez, con sus alumnos María Carrero, Elisa Casarrubio y Alejandro Boyco en la sala de calderas de su instituto

El aire más sucio de Madrid, el que registra el medidor situado en la zona de las Escuelas Aguirre, junto «pulmón» del madrileño Parque del Retiro, se produce principalmente por las calderas y no sólo por los coches que circulan a diario. Son muchos los que vienen defendiendo esta idea, sobre todo tras la polémica por los vetos al coche que ha suscitado Madrid Central. Pero lo llamativo es que esta afirmación de que las emisiones de óxidos de nitrógeno que se producen en la capital viene de la mano de las calderas de carbón en el «Madrid burgués» han sido capaces de demostrarla alumnos de 17 años del IES Gerardo Diego de Pozuelo que han cursado segundo de Bachillerato en la modalidad de Ciencias Sociales. Y esto les ha valido viajar hasta Sillicon Valley.

Ganaron el Reto Big Data del programa Educaixa, que este año había centrado su objetivo en proyectos que pretenden desarrollar la competencia digital del alumno y una actitud activa, crítica y realista hacia las tecnologías. Los jóvenes aterrizaron en Barcelona, después de ser seleccionados por Educaixa por su proyecto sobre cómo hacer un centro inteligente, y acabaron aplicando todos los conocimientos que tenían en análisis de datos.

«Nos dieron una charla sobre medio ambiente y ciudades sostenibles y un fichero con datos. Cada centro participante tenía que proponer una hipótesis y contrastarla con datos», explica Carmen Rocío Rodríguez, la profesora de Economía de segundo curso de Bachillerato del IES de Pozuelo que fue la que embarcó a estos jóvenes alumnos en el proyecto. El margen para llegar a una conclusión era de 24 horas. «Esto es la vida real, trabajar en equipo, bajo presión y hacerlo lo mejor posible», les dijo a sus alumnos.

La ventaja de Madrid es que todos los datos por estaciones están en internet abiertos a los ciudadanos y «las cifras hablan». ¿Qué podía diferenciar la zona del Retiro de Escuelas Aguirre de otras que registran también tráfico intenso? Los alumnos empezaron buscando qué tipo de calefaciones había en el entorno. La mayoría eran antiguas, de carbón, al tratarse de edificaciones de finales del siglo XIX y principios del XX. Analizaron qué tipo de gases contaminantes emitían. Después examinaron las consecuencias de la contaminación: cáncer de pulmón. Casualmente, vieron que los expertos habían alertado de un aumento de casos, especialmente en Madrid, incluso en personas no fumadoras. Luego estaba claro que «hay calderas muy antiguas y contaminantes y su uso ineficiente es lo que provoca los altos niveles de contaminación», concluyeron tras el análisis de datos. Remataron su trabajo con propuestas para revertir la situación, como el fomento del teletrabajo y el cambio de calderas por otras más sostenibles.

Los jóvenes llegaron a ser premiados después de presentar otro proyecto anterior. Consistía en convertir su centro en un «smart institute». ¿Cómo se lanzaron a ello? La profesora Carmen Rocío Rodríguez es de estas que están convencidas de que hay que modificar la forma de enseñar. «Quiero cambiar el mundo del aula, hay que darle un giro porque no está funcionando. Los alumnos se quejan de que seguimos enseñando de la misma manera que hace años», dice. En el Bachillerato de excelencia, que tiene este centro, los alumnos deben hacer un proyecto de investigación por ley. «Y a mí no me parecía justo que mis alumnos no pudieran elaborar ese trabajo. Así que les ofrecí investigar sobre lo que ellos quisieran porque la economía es tan amplia y tiene tantas repercusiones a nivel político y social...¡Todo es economía!», dice.

Carmen Rocío es consciente de que la educación, tal y como está planteada, no responde a las expectativas de las empresas, hay un desajuste entre la demanda empresarial y la capacitación de los alumnos. En ese afán por preparar a sus alumnos para un futuro laboral que les permita poner en juego todas las competencias adquiridas en el centro, invitó a sus estudiantes a presentarse al programa de Educaixa sobre Big Data. «Se utiliza en muchas ramas, no sólo los matemáticos deben manejarlo, también los que eligen las Ciencias Sociales, así que les trasladé la importancia de la investigación, de abrir la mente y de trabajar en grupo», dice.

A los alumnos del instituto les interesaba, entre otras muchas cosas, el medio ambiente. Y en su centro hacía mucho calor o mucho frío por el modo en que estaba diseñado. Tenían unos consumos altísimos de calefacción, en invierno y de aire acondicionado en verano. Así que empezaron a idear cómo conseguir bajar las altas temperaturas que se registraban, sobre todo, con la llegada del verano. Así, mediante la aplicación del análisis de Big Data han convertido el centro escolar en un instituto inteligente sirviéndose de una partida de 15.000 euros que les dio la consejería de Educación para paliar los efectos del calor. Y es que el consumo de luz y gas suponía el 36% de la dotación presupuestaria del centro. El aire acondicionado quedaba limitado a las aulas de la planta superior, que almacenaba todo el aire caliente del edificio. Para solucionarlo se instaló un sistema de ventilación domótica en el hall y toldos inteligentes en las plantas superiores capaces de desplegarse en función de la incidencia de los rayos solares. A día de hoy, la temperatura en el centro ha bajado diez grados.