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Pernoctar en un balcón por 50 euros al mes

Una veintena de hogares de Villa de Vallecas ofrecen sus terrazas con derecho a cocina a y baño a familias sin recursos. Hasta 15 personas llegan a compartir piso sin calefacción ni luz.

Una veintena de hogares de Villa de Vallecas ofrecen sus terrazas con derecho a cocina a y baño a familias sin recursos. Hasta 15 personas llegan a compartir piso sin calefacción ni luz.

La máxima expresión de la pobreza está en los balcones del distrito de Villa de Vallecas. En el barrio de Santa Eugenia, concretamente en el entorno de la parroquia de San Juan de Dios, desde hace meses hay gente durmiendo a la intemperie en terrazas descubiertas, unos espacios cuyos propietarios alquilan por cincuenta euros al mes. Si están cerradas, la renta sube algo más: entre setenta y ochenta euros de cuota mensual. Algunos de ellos son tan pequeños que no cuentan con el espacio suficiente para que una persona quepa tumbada. Gonzalo Ruipérez, el párroco de San Juan de Dios, alertaba de esta situación en su discurso de agradecimiento por el premio «Alter Christus» el pasado 5 de diciembre: «se alquilan las terrazas sin cubrir, a lo que hemos tenido que responder con muchas mantas, y todavía faltan», aseguró. Pero, cara a cara, el problema es mucho más crudo.

La mayoría de los que se ven obligados a vivir en esas condiciones son personas sin familia –sobre todo procedes de Latinoamérica y de Europa del Este–, aunque también hay niños pernoctando en los balcones de uno de los barrios con la renta per cápita más baja de la capital –entre 23.260 y 25.343 euros anuales–. «Todo el mundo tiene derecho a un hogar digno, y aunque estas personas no duermen en las aceras lo siguen haciendo bajo las estrellas», explica Ruipérez.

Según narra el sacerdote, en el entorno existe la infraestructura necesaria para poner remedio a este problema, ya que asegura que hay suficientes pisos vacíos gestionados por el Instituto de la Vivienda de la Comunidad de Madrid (Ivima) para dar cobijo a estas personas. En total, el párroco asegura que tiene constancia de cerca de alrededor de dos decenas de hogares en esa situación extrema, «y espero que no haya más».

Un techo durante el día

En algunos pisos, que no superan las tres habitaciones, se llegan a concentrar hasta quince personas compartiendo un solo baño: «Junto al frío ese es el principal problema de esta gente». Ninguno tiene calefacción, y una gran parte tampoco cuenta con un suministro de luz. Esos cincuenta euros solo dan derecho a utilizar la cocina en algunos casos, pero sí que pueden estar bajo techo durante el día: el balcón es solo para dormir. Para evitar combatir las bajas temperaturas nocturnas, los responsables de la parroquia de San Juan de Dios reparten mantas, además de alimentos, entre los más necesitados.

Las razones que llevan a una persona a acabar durmiendo en un balcón son variadas, pero el párroco señala las dos circunstancias más habituales. «Puede ser porque el inquilino oficial necesita subarrendar todos los espacios disponibles para pagar el alquiler, tanto que si pudiera lo harían hasta con el cuarto de baño», subraya. La otra, que los más pobres no pueden hacer frente a un alquiler completo: «Si deben varios meses el dueño les pone como castigo dormir a la terraza. Para ellos es una forma de no echar a la gente del todo». Aunque el arrendamiento de balcones la situación más llamativa, en el barrio de Santa Eugenia también se alquilan sótanos, todo de espaldas a Hacienda.

Dentro no hay más sitio

Las personas que se encuentran en esta situación declinaron hablar con LA RAZÓN por miedo a perjudicar a los que ellos han bautizado como «sus señores». «Ellos están agradecidos», indica Ruipérez, que asegura que el de su parroquia es un barrio «familiar» en el que casi nadie duerme en la calle gracias a la hospitalidad y la generosidad de los vecinos. «Los que duermen en balcones lo hacen porque en el interior de la vivienda no hay más sitio». El hecho de que prácticamente la totalidad de los afectados no tenga los papeles en regla agrava aún más las cosas, porque «tienen miedo», asegura el responsabel de San Juan de Dios. Sin embargo, sí cuentan con la asistencia sanitaria básica si acuden a los servicios de Urgencias y tienen derecho a escolarizar a los más pequeños.

Aunque la posibilidad de pernoctar en un albergue está sobre la mesa, y el párroco se la recuerda a los afectados que acuden a su despacho en busca de ayuda, la mayoría rechaza esa opción. «Aunque duerman en la terraza, para ellos esa es su casa, es un sitio en el que entre otras cosas pueden cocinar», explica Ruipérez. Esos alimentos proceden en muchos casos de la propia parroquia, que reparte en torno a dos toneladas de enseres cada quince días, la mayoría donados por organizaciones sociales, y también ropa de abrigo.

Un 21% de los madrileños viven ya bajo el umbral de la pobreza. En el último año, según los datos que ofreció CC OO en el Día Internaconal contra la Pobreza, se han contabilizado 84.000 nuevas personas con escasos recursos. Una cifra que, lejos de reducirse, ha aumentado en más de un punto en el último año, pasando de una tasa de riesgo de pobreza en la Comunidad de Madrid del 20,5 al 21,7 por ciento actual. La tasa de riesgo de pobreza hoy se sitúa unos ingresos inferiores a 17.238 euros para un hogar con dos adultos y dos niños, frente a los 18.641 euros del año 2009.