Un mal enganche asfixió a los okupas de Móstoles

Hicieron un empalme en la caldera para poder tener agua caliente y calefacción sin pagar la factura, lo que provocó una mala combustión de gas

Ángel, Amós Crístofer y Sandra
Ángel, Amós Crístofer y Sandra

En internet se pueden encontrar multitud de manuales del okupa, donde explican las técnicas para dar la patada a la puerta de una casa vacía y quedarse con ella. Detallan desde dónde se encuentran las tomas generales de agua del Canal de Isabel II a cómo restañar tuberías de cobre para «enganchar» el suministro y cómo hacer un empalme en los contadores de la luz para no electrocutarse mientras roban el servicio a los vecinos. De hecho, cuando reventaron la puerta de la casa en la calle Oviedo de Móstoles donde el pasado domingo fallecieron tres jóvenes que visitaban a su amigo okupa, dejaron sin luz a una vecina al manipular su contador.

Sin embargo, ningún manual explica cómo manejar una caldera de gas para que no se convierta en un asesino silencioso. En un piso cerrado, propiedad de una entidad bancaria tras el desahucio de los propietarios por impago, lo habitual es que se quite el contador del gas, por lo que los jóvenes que ocuparon la casa tuvieron que hacer un empalme ilegal a la tubería general que da servicio al edificio. Con todo, si hubiese habido un escape directamente de la tubería general los chicos lo habrían descubierto inmediatamente, ya que al gas natural –incoloro e inodoro– se le agrega un compuesto químico denominado mercaptano, que hace que el gas tenga olor a huevo podrido para que se puedan detectar hasta los escapes más pequeños. Aún así, el riesgo en este caso es de explosión, ya que es muy inflamable.

El verdadero peligro está en la manipulación de la caldera, probablemente vieja, que los jóvenes okupas hicieron para conseguir agua caliente y calefacción, al manipular las tuberías de una instalación obsoleta pudieron interferir con la combustión adecuada del gas –indicada por una llama azul– y que probablemente se acumulase el monóxido de carbono resultante de una mala combustión –llama amarilla–. Si a esto añadimos que hubiesen tapado las rejillas de ventilación con cualquier elemento, la temeridad de hacer un enganche ilegal fue mortal para Sandra, Ángel y Crístofer.

Cuando Isaac, vecino de Ángel en el municipio toledano de la Puebla de Montalbán, rompió la ventana para entrar en el piso ocupado junto a su amigo Javier, tras llamar durante horas a la puerta y a los móviles de sus compañeros, se encontró con que los dos chicos, su amigo y Crístofer, novio de Sandra, estaban en el sofá, con vómito junto a sus cuerpos, lo cual es una señal de la intoxicación con monóxido de carbono. La joven se dio cuenta de que algo pasaba y trató de llegar hasta la puerta, sin conseguirlo. La noche anterior –los investigadores calculan que el óbito se produjo de madrugada, ya que cuando hallaron los cuerpos éstos estaban muy fríos y rígidos–, otro amigo con el que pasaban la tarde en el piso ocupado decidió volver a su casa precisamente porque se encontraba indispuesto y mareado.

Fábrik, punto de encuentro

Los tres jóvenes fallecidos, Ángel, Amós Crístofer y Sandra, eran cada uno de una localidad distinta: Puebla de Montalbán y Yuncos, en Toledo, y Leganés, en Madrid, respectivamente, pero todos tenían un punto en común: la discoteca Fábrik. Todos habían trabajado o trabajaban en el establecimiento, ya fuese como camareros o relaciones públicas, invitando a las fiestas a través de las redes sociales. Lo mismo ocurría con su círculo de amigos, entre ellos Isaac Piña, que fue quien los encontró ya fallecidos en el piso de Móstoles. Los cuerpos de los tres jóvenes fueron sometidos ayer a las correspondientes autopsias para confirmar la causa de los fallecimientos, ya que, aunque se cree que se trata de una inhalación de monóxido de carbono accidental, serán los exámenes postmórtem los que confirmen este extremo.