Gay Talese, chófer y señora para fin de semana andaluz

El octogenario reportero de New York Times y Esquire ocupa su visita entre el Oratorio de San Felipe Neri de Cadiz y el Alcázar de Sevilla

Ya se sabe que el periodismo es un género tan vacío que obliga a preguntarle a los demás para poder saldar el espacio. A la pregunta, como «way of life», ha consagrado su existencia Gay Talese, italoamericano de rígida osamenta, hecho sin más escuela que la suya. Por el humo, las putas, el jazz y los neones de Nueva York; por los códigos de la mafia; por el rastro de Hemingway en París; por el atardecer del viudo Joe Di Maggio y por cómo Floyd Patterson tuvo que decir su nombre tras caer en la lona contra Sonny Liston: «Sólo te acuerdas de que te estás levantando y el árbitro te dice: '¿Estás bien?' y tú le dices: 'Claro que estoy bien' y él dice: '¿Cómo te llamas?' Y tú le dices: 'Patterson'». Talese ha preguntado por todas estas cuestiones aquí reseñadas y también por cuantos gatos callejeros había en NY en el 57, por los hábitos nocturnos de las señoras que limpian los rascacielos y por lo que de verdad saben los porteros de la vida amorosa de sus vecinos. Para dar un trazo de meticulosidad, digamos que dedicó varios capítulos de «La mujer de tu prójimo» a aquel hombre que se enamoró de una pin-up del Playboy en su aseo y emprendió camino a través de varios estados americanos para perdirle matrimonio.

Estos días, el escritor pasea con el chófer y la señora, como miss Daisy, por Andalucía Occidental. Su agenda, antes de tomar el vuelo de vuelta a América, está salpicada por las lagunas del que sabe perderse. En el Parador de Cádiz, más que de la temporalidad suspendida del hotel, se ofrece la sensación de que Talese ha tomado una habitación sin fecha de salida: «Le dejaremos una nota en la habitación. Está acostumbrado a contestarlas todas», nos dicen. Claro que Talese, con un chófer y su propio pasado, garantiza la sorpresa. El viernes recibió en Cádiz un premio periodístico de la mundana competencia. Por no desmentir a su personaje, y al sastre de su padre, no ceja en el traje, el chaleco, los botines de piqué y el sombrero. Por no desmentir al periodista, también se empleó en la misión que ha elegido desde adolescente y le cuestionó, incluso, al jefe de prensa de la alcaldesa Teófila. Las preguntas del octogenario desataron en este profesional de la prensa gaditana un leve conflicto de personalidad, una inflación de importancia. ¿Cómo te llamas? ¿A qué te dedicas? ¿Dónde has estudiado?, le preguntaba Talese con interés y cuando se hicieron una foto, por un momento se pensó que ya formaba parte de uno de sus mitificados reportajes.

Esta sana neurosis de la interrogación es la que ha hecho de este hombre afable y educado una pieza de museo. Desarmado de «gadgets» y trucos informáticos, apunta notas, escucha y observa, vindicando el talento de la curiosidad. Exhibido como una (vieja) gloria, se ve en la obligación de sacudirse el marasmo del taxidermista. En esto resulta parejo a Miles Davis, al que osaron preguntarle, «¿Es usted una leyenda?» y el trompetista contestó: «Las leyendas están muertas. Yo soy un músico que sigue haciendo canciones». Talese, que sigue escribiendo, ha depurado su prosa hasta hacerla transparente. Además, la fortuna ha puesto el decorado americano, tan nuestro, tan de todos, a favor de sus textos. Uno de ellos, «Voguelandia», contaba la obsesión de una periodista por incluir artículos sesudos y bien redactados en la revista de moda «Vogue». Después de varias tentativas, se encontró con la respuesta de la directora: «Nadie compra Vogue por otra cosa que no sean las fotografías, del mismo modo que nadie va a un burdel a escuchar lo bien que toca el pianista». Tal y como ahora.

FICHA DE CONTEXTO

Viernes y sábado, 14 y 15 de diciembre, Cádiz. Talese recibe un premio de El Mundo en el oratorio de San Felipe Neri. Se anuncian recorridos por tabernas y centros del gaditanismo no concretados. Alto, espigado, con el pelo blanco y una tonsura notable, utiliza varios trajes y despliega amabilidad. Esta mañana recorrerá el Alcázar como deferencia del alcalde de Sevilla, J. I. Zoido.