La Esperanza de Triana, mucho más que una devoción para Ana

Impresiona. Eso, lo primero. Ver a una imagen cofrade frente a frente, poder tocarla -aunque da reparo, lógicamente- y tenerla cara a cara en la habitación de una vivienda es algo que impresiona, por eso llama tanto la atención la “afición, bueno, devoción”, de Ana Santamaría, que guarda en una habitación a la Esperanza de Triana.

Así, tal como suena, en la quinta planta de un edificio del extrarradio de Camas (Sevilla), esta mujer de 41 años de edad ha conseguido tener una réplica a tamaño real de la imagen de la Virgen de la Esperanza de Triana, idéntica a la que se puede ver cada día en su capilla de la calle Pureza y en la Madrugá por las calles de Sevilla, la misma que en este 18 de diciembre, su onomástica, recibe a cientos de personas para besar su mano.

De entrada, impresiona el ambiente creado en torno a la Virgen, porque nada más entrar en su casa ya se escucha música cofrade de fondo y huele a incienso: “siempre le tengo puesto incienso, siempre la estoy cuidando”, dice Ana, mientras enseña con mimo todo lo que hay alrededor de la imagen a la que dedica su vida, su verdadera pasión, y no cofrade, sino vital.

El ambiente llama la atención en un piso normal de una mujer normal de su edad, y ese ambiente se torna casi en mística cuando se accede a una habitación en la que se encuentra el impresionante altar que ella misma ha diseñado para la virgen, rodeado de un terciopelo rojo que lo abarca por completo, donde está la imagen que sólo se diferencia de la original en algunos centímetros de altura, porque son tantas las similitudes con la original que verla en vivo y pensar en la virgen de la calle Pureza son, salvando las distancias, prácticamente lo mismo.

La historia arranca cuando, de niña, ya recuerda que siempre pensaba en La Esperanza como su verdadera pasión. Explica que es “trianera del polígono San Pablo, ya que su familia vivía pegada a la calle Pureza, hasta que tuvieron que hacer una permuta de su casa por los pisos “del polígono”, pero nunca dejó de tener la cabeza allí, en el barrio donde nació su padre.

Hace más de 15 años decidió darle forma a su ilusión pero no lo afrontó de momento, ya que estuvo cuatro años madurando el proyecto, hasta que lo encargó a Luis Álvarez Duarte, un artista al que la trianera no le es, ni mucho menos, desconocida, ya que se encargó de su restauración.

Este artista sevillano ha sido responsable de dolorosas como la Virgen de Guadalupe, del Patrocinio, del Rosario del Polígono o del Dulce Nombre de Bellavista. Cristos como los del la Sed o el de las Cinco Llagas de la Trinidad y Jesús Cautivo y Rescatado, y finalmente terminó su obra en 2009, en un día que Ana asegura que jamás olvidará.

Y es una imagen a la que no le falta de nada, porque fue oficialmente bendecida el 15 de agosto de ese mismo 2009, en un acto celebrado en la iglesia sevillana del Santo Ángel, con lo que el trato hacia la imagen es el mismo que a cualquier otra que esté bendecida.

Pero su devoción no acaba en la trianera que tiene en su casa, porque está reuniendo su ajuar, y en cuanto reúne un poco de dinero se marcha a buscar una réplica de sus joyas, con algunas muy destacadas, como el ancla de oro de Fernando Morillo o el salvavidas en oro y brillantes de la Virgen de la calle Pureza.

Una página de Facebook dedicada a la virgen, con centenares de comentarios en torno a ella, completan la pasión de Ana por su virgen, que es tal que incluso la habitación está vigilada por cámaras de vídeo, lo que le permite verla allá donde esté si falta unos días de su casa.