La contaminación da un respiro a la Cumbre del Clima

Solo dos estaciones, la de Escuelas Aguirre y la de Plaza Elíptica, superan las concentraciones de dióxido de nitrógeno que marcan las directrices europeas. La de Juan Carlos I, centro neurálgico de la COP25, presenta uno de los niveles más bajos

Madrid tenía, y tiene, su particular examen durante la Cumbre del Clima. Hasta el próximo viernes 13, los ojos de medio mundo estarán pendientes de la capital. Tras el cambio de última hora que supuso su traslado desde Santiago de Chile a nuestra ciudad, la cita mundial en la lucha contra el cambio climático no se podía permitir una sede presa de emisiones contaminantes. Y Madrid estaba en el blanco de las críticas: junto a Barcelona, fueron las dos ciudades españolas señaladas el pasado julio por la Comisión Europea, que consideraba que nuestro país no estaba haciendo lo suficiente para paliar la situación. El próximo cambio del Madrid Central de Manuela Carmena al Madrid 360 de Martínez-Almeida, no hizo sino añadir más controversia.

Sin embargo, la COP25 se ha celebrado con el viento de cara. Y ha sido precisamente el clima de esta última semana, ventoso y lluvioso, el que ha colaborado de forma decisiva para dispersar las partículas contaminantes. Según los datos diarios de calidad del aire que publica el Ayuntamiento de Madrid, en lo que va de mes solo dos estaciones superan el umbral de los 40 microgramos por metro cúbico (µg/m³) de dióxido de nitrógeno (NO2). Es decir, el valor límite anual para la protección de la salud humana marcado por la legislación europea. Se trata de las estaciones de Escuelas Aguirre y Plaza Elíptica, con valores medios de 51 y 54 microgramos. Dos medidores, dicho sea de paso, en los que la polución se ha cronificado. No en vano, el Ayuntamiento anunció en octubre que reordenaría el tráfico en la Plaza Elíptica para reducir la contaminación. Y es que se estima que más de 5.000 vehículos diarios pasan por la Plaza Fernández Ladreda.

Después de ambos puntos, y justo en ese límite de 40 microgramos, se encuentra la estación de Plaza de España. Zona que se encuentra en plena frontera de Madrid Central, y que se vería perjudicada al tener que cargar con el tráfico que no puede permitirse cruzar el perímetro restringido. Algo similar ocurre en Ramón y Cajal y Cuatro Caminos, donde los valores rozan los 40 µg/m³ aunque se quedan por debajo. Dentro de las zonas con mayores concentración de NO2 de la capital también se encuentra Villaverde, con una media de 39 µg/m³.

En cuanto a los barrios con menos contaminación, se encuentra, curiosamente, el punto neurálgico de la COP25: el medidor de Juan Carlos I, con una media de 25 microgramos. Con todo, hay zonas donde la concentración de emisiones es aún menor. Es el caso de los tres pulmones de Madrid, El Pardo, la Casa de Campo y Retiro (15, 20 y 24 respectivamente), así como la zona de Tres Olivos (24).

Partículas en suspensión

También son positivas las cifras en cuanto a las partículas en suspensión PM10, que, entre otras, factores, surgen por la combustión de carburantes fósiles generada por el tráfico. Ninguna de las estaciones rebasa en diciembre el límite de 50 microgramos, un valor que, según la legislación, no debe superarse en más de 35 ocasiones al año. Como era previsible, Escuelas Aguirre es la que presenta la concentración más alta: 21 µg/m³, la misma cifra que el medidor de Urbanización Embajada, en Barajas. Después de ellos estarían Plaza Elíptica (20), Moratalaz (20) y Cuatro Caminos (19).

LAS CLAVES

  1. La legislación europea no permite superar los 200 microgramos por metro cúbico de NO2 en más de 18 ocasiones al año. Es el valor límite diario para la protección de la salud humana.
  2. El dióxido de nitrógeno se considera el contaminante más nocivo. Sus niveles en la atmósfera están aumentando en los últimos años por la mayor utilización de combustible diésel.
  3. Las partículas en suspensión, como las PM10, proceden de fuentes naturales y artificiales. Entre otros orígenes, pueden surgir por la combustión de carburantes fósiles generada por el tráfico rodado.