Carabanchel, a la espera: ¿puede ser una zona cero?

Los vecinos del barrio madrileño esperan, y desesperan a que se ordene una restricción con el temor a ser estigmatizados como otros distritos del sur por una densidad de población no deseada

Calma chicha, esa en la que aparentemente no pasa nada a la espera de que ocurra algo aún por definir. Así está el barrio de Carabanchel, en una tarde de truenos y lluvia intermitente en la que la mayoría piensa que todo va a seguir igual, aunque sabemos que va a ser distinto. ¿Cómo? Ni idea, pero hay una sensación generalizada de que este barrio, como Vallecas, Villaverde y otros del sur han sido señalados como contagiadores y, lo más importante, contagiados.

Con centros de salud que necesitan respiración asistida porque ni hay médicos ni enfermeras, pero con la convicción de que si dicen que hay que tener, no confinamiento, pero sí medidas restrictivas, se acatan, mal que nos pese. En el ambiente se respira incertidumbre, con ciertas dosis de humor para aliviar la desazón, porque hay preocupación que se espanta con chistes. Pero cuando escarbas y se habla con los vecinos, las reflexiones son tan variadas como sinceras.

Daniel, arquitecto, lo tiene claro. Él y su familia pasaron la Covid-19, allá por marzo. Se conoce el trayecto sanitario: ir al hospital, ser ingresado tres días y luego pasar la cuarentena en un hospital medicalizado. «Tenían que hacerlo antes porque nos hemos relajado». Con todo, lanza un aviso a navegantes a los poderes públicos. «Este es un barrio de gente trabajadora, el Metro tarda unos ocho minutos en llegar a cada estación y tampoco tienen en cuenta una realidad: aquí no hay pisos de 200 metros cuadrados; la mayoría vive en pisos de 65 metros donde habitan cuatro personas, a lo que hay que añadir la densidad de población. Algún informativo dijo ayer que va a haber una gran escapada. "¿A dónde?, ¿Quién tiene una segunda residencia? Tenemos que trabajar, como mucho hay jubilados que están en sus pueblos y no quieren volver».

Pedro afirma que lo que falta pisar estos barrios y conocerlos desde dentro, no de visita. Por ahora no cree que la posible restricción sea tan severa. «Pienso que lo tienen planificado, habrá límites en movilidad, seguro. Pero también hay que tener en cuenta que más ERTE en la hostelería (que somos unos de los grandes perjudicados) no se puede sostener». Y añade que este barrio «es un poco anárquico, como los del sur de Madrid, somos supervivientes a pesar de nosotros mismos».

Carabanchel no descansa, a pesar de que en estos meses hemos visto como echaban el cierre negocios pequeños como si fuesen un nicho donde la vida se acabó. Así lo sienten las vecinas de toda la vida: su tienda de ropa interior, donde las tenían cogidas las medidas, igual que los locales en que se compraban la ropa de «domingo», como dicen las veteranas. Esa orfandad se comenta en corrillos. Lo peor es no saber nada.

¿Y los jóvenes? Mal, gracias. Daniel y Paula, ambos con 23 años de edad, creen que si hay restricciones «van a ser inútiles, porque nos tenemos que desplazar a nuestros trabajos que no están en Carabanchel. Entonces, ¿qué va a pasar?, ¿traemos el virus de fuera y contagiamos a nuestra familia?», dice Paula. Y Daniel reflexiona: «Los cuidados extremos están bien pero no queremos ser señalados solo por vivir en Carabanchel». Y las personas vienen y van en la calle Oca con la intención de salir sólo para lo imprescindible.

Con permiso, no vivo en Carabanchel, soy de Carabanchel, que es muy distinto. Hay muchas personas que no quieren hablar, aunque tengan cosas que decir. Pero es fácil observar cuando se está en el sitio adecuado y, puede ser, el más inoportuno. Que tampoco se sabe, ¿conocemos tan poco al día de hoy? Lo mejor es poner la oreja y no identificarse. Los ancianos, que se han convertido en la «resistencia», no se resisten a su paseo mañanero antes de que estén puestas las calles, como se dice popularmente.

Dicen, entre ellos, «que peor fue la guerra y la postguerra» cuando Carabanchel era un pueblo. Las grandes superficies, que las hay, también han minimazado las medidas de seguridad. El gel te lo traes de casa. Los menores y adolescentes son los más concienciados. Sin filtro, se han convertido en los chivatos de la calle en cuanto ven a alguien sin mascarilla. Y los vecinos se pasean criticando que algún prostíbulo de andar por casa siga abierto y las casas de apuestas también. Lo que se ignora es que este estío fue, como título Shakespeare una de sus obras, «El sueño de una noche de verano».