Tras las huellas de García Berlanga por Madrid en el centenario de su nacimiento

Recorremos las quince paradas por los edificios y las calles de Madrid que marcaron la vida del célebre cineasta

Las quince paradas de 'El Madrid de Luis García Berlanga'
Las quince paradas de 'El Madrid de Luis García Berlanga'

Coincidiendo con el centenario de su nacimiento este mapa ilustrado está dedicado a uno de los mejores directores de cine español: Luis García Berlanga. Una ruta con la que descubrir los edificios y las calles que marcaron su vida en Madrid, gracias a la mirada del escritor Luis Alegre y las ilustraciones de El Marqués. Lo primero que deben hacer es situarse 74 años atrás para entender que el García Berlanga que se instala en la capital en 1947 es un joven apasionado por el cine cuyo instinto natural hacia la alegría ha sido matizado. Sus vivencias en la Guerra Civil y con la División Azul han denostado en un rotundo pesimismo en torno a la vida y la condición humana. Una visión demoledora de su país, del carácter español sumado a un brutal desencanto político.

A pesar de que en aquellos años de posguerra, el dinero de su familia le permite vivir con grandes lujos en el barrio de Chamberí, la realidad es que el cineasta adora los tugurios nocturnos y los cafés y tertulias. En su cine cobra un gran protagonismo el Madrid de la posguerra en «Esa pareja feliz» el Madrid del desarrollismo de «El verdugo», el del tardofranquismo en «La escopeta nacional» y el de la Transición en «Patrimonio nacional» y «Nacional III». Esas películas son un reflejo claro del Madrid de su tiempo y del clima social, político, cultural y moral de un país derrotado.

Quince paradas son necesarias para entender el Madrid de Berlanga. En la calle Alonso Cano, en el número 29, se encuentra la primera: la casa familiar. El cineasta vivió sus primeros años en Madrid en este edificio del distrito de Chamberí hasta 1962. Durante esta etapa firmó cintas tan icónicas como «Bienvenido, Mr. Marshall», «Plácido» y «El Verdugo». Tenemos que dirigirnos hasta la Plaza de Callao para descubrir la segunda: el Cine de Callao. Aquí se estrenó en 1953 el largometraje protagonizado por Jose Isbert y Lolita Sevilla. Madrid ha sido escenario de muchas de sus películas y justificación evidente, para las dos próximas paradas. Es una de las plazas más concurridas de la ciudad e inconfundible por su forma de estrella: la Glorieta de Bilbao. Aquí, en una de sus cafetería se rodó «Se vende un tranvía», obra dirigida por Juan Estelrich y guion de Berlanga y Azcona. La Plaza de la Encarnación es la siguiente: la imponente fachada del Real Monasterio de la Encarnación guarda este enclave donde se rodaron algunas escenas de la mítica «El Verdugo».

Un reunión histórica

Pero para templo importante en la vida de Berlanga fue la Iglesia Nuestra Señora de Covadonga. Allí contrajo matrimonio con María Jesús Manrique en 1954. El Palacio de Linares es la sexta parada y dónde Alfredo Matas propone al cineasta hacer una segunda parte de «La escopeta nacional», después del éxito de la primera. De vuelta a Callao encontramos la Casa de las Alhajas, donde se sitúa el rastrillo benéfico de Patrimonio Nacional. En Alonso Martínez, hacemos una pausa en la Escuela Oficial de Cine, institución oficial para la enseñanza del séptimo arte. El cineasta desarrolló en ella sus labores como docente, tras asistir como alumno al anterior Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. El restaurante O’Pazo acogió en 1958 a un nutrido grupo de profesionales de la cinematografía española, convocados por el productor Alfredo Matas, para debatir algunos temas que le preocupaban. Además de Berlanga participaron Carlos Saura, José Sacristán y Charo López, entre otros.

Un año después de esta histórica reunión, nació la Academia de Cine, la próxima parada y de la que el cineasta sería presidente de honor. No muy lejos de allí, se encuentra el Cine Doré que tras varios años de restauración, en febrero de 1989 abrió sus puertas como sede de la Filmoteca Española que estuvo bajo la dirección del cineasta. La ruta va llegando a su final, con una parada en la librería Ocho y Medio, referencia para los apasionados del séptimo arte; el antiguo «Cine California» que en 2010 reabrió sus puertas bajo el nombre de «Sala Berlanga», su restaurante homónimo en la calle Menéndez Pelayo y por último, y no menos importante, el Instituto Cervantes. Allí, en 2008, el cineasta depositó el guion firmado de «¡Viva Rusia!» que ha sido revelado este año, en su 100 cumpleaños.

Berlanga y su inmortalidad garantizada

► El término «berlanguiano» evoca una sociedad desquiciada, a la que el cineasta pintó con su inconfundible toque de humanidad, gracia y mala leche a través de sus películas. Un legado que aún perdura y que la capital ha sabido siempre apreciar. En Madrid se puede descubrir su nombre en una calle de Rivas-Vaciamadrid, en un instituto de Guadalix de la Sierra, en una plaza de Húmera y en un cine de Argüelles. Fue el 13 de noviembre de 2010, en su casa de Somosaguas, cuando Berlanga murió mientras dormía. Pocos españoles tienen la inmortalidad tan garantizada.