La burocracia echa el freno de la eólica marina

Los expertos reclaman una forzosa modificación de la jurisprudencia, con el fin de facilitar el crecimiento de este modelo de energía en España

El fuerte asentamiento de la energía eólica terrestre no ha causado ningún impedimento a la hora de desarrollar nuevas técnicas de producción energética a partir de la fuerza del aire. A raíz de los buenos resultados que han alcanzado estas plantas, ante el alto nivel de contaminación que se nos presenta, han comenzado a nacer importantes proyectos en el continente europeo, que se agarran de la mano con soluciones tecnológicas defensoras de la energía renovable. Así es como la eólica marina trabaja por hacerse un hueco dentro del mercado que lucha por la disminución del CO2.

La diferencia principal entre los alternadores de creación de energía eólica marina y terrestre se centra en el tipo de aerogenerador. El motor que emite la producción de energía a través de la fuerza del viento marítimo es “superior en tamaño, tiene más potencia instalada y produce mucha más energía que el de tierra”, aparte de que “el número de horas de tratamiento en altamar es superior al terrestre, pues los aerogeneradores de tierra pueden almacenar unas 3.500 horas al año, mientras que los eólicos marítimos “offshore” rondan las 5.400 horas”, asegura el director general de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), Juan Virgilio Márquez.

A pesar del crecimiento imparable de estas tecnologías en el continente europeo, España se encuentra en “stand by” en lo que se refiere al marco legal que acoge a este tipo de generadores de renovable. El norte de Europa lleva ya años apostando por dicha tecnología. Es más, la eólica “offshore” fija ha crecido un 18% durante 2018 sólo en el viejo continente, con 2,6 GW nuevos instalados en 12 parques. La marina representa a día de hoy un 10% del total de energía eólica en Europa y un 2% de la energía consumida; la capacidad instalada asciende a los 18,5 GW que se reparten principalmente entre Alemania e Inglaterra (copan hasta el 85% del mercado).

El desarrollo de la eólica marina “offshore” fija en esta zona del continente posee una importante ventaja de la que España no disfruta: el nivel de profundidad de sus costas. El mecanismo de esta tecnología está constituido por un aerogenerador colocado encima de “una especie de torre incrustada en el lecho marino”, explica Virgilio. Con lo cual, para que la instalación de este tipo de herramientas sea viable, se requiere una cota de profundidad que no supere los 40 metros. Peculiaridad de la que disfrutan mares planos como el Báltico pero de la que España escasea, pues sus costas, sobre todo la mediterránea, presentan una plataforma continental diminuta. “Lo que consigue que esta tecnología, ya consolidada en costes e implantada en numerosas zonas del territorio europeo, sea prácticamente imposible de instaurar en la península ibérica”, añade.

A pesar de los inconvenientes, “España es uno de los países que más invierte en el desarrollo de proyectos I+D y en patentes”, aclara el director de AAE, en busca de oportunidades que favorezcan a la industria y al producto nacional. Y, en el ámbito de la energía renovable, tampoco se queda atrás, con la introducción de la energía “offshore” flotante. Una tecnología que, poco a poco, está consiguiendo tomar el relevo de las renovables pero que “todavía no dispone de costes tan competitivos como la eólica marina fija”. Aunque, tal y como opina Juan Virgilio, en un futuro próximo esta novata de las energías eólicas marinas será capaz de alcanzar los objetivos establecidos por la industria, tan solo por el mero hecho de atesorar “una capacidad de desarrollo segmentado donde la eólica fija no va a tener cabida”.

Visión de crecimiento

La Asociación de Empresas Eólicas contempla a la “offshore” flotante como “una solución idónea” para las zonas de masa terrestre rodeadas por agua, es decir, para las islas. Las razones son obvias y son tres las claves que sostienen la teoría de este grupo: “un impacto visual mínimo, una conmoción ambiental nula y una generación de energía mucho mayor que en emplazamientos cercanos a la costa”.

Cualquier país poseedor de costa sería capaz de instalar esta tecnología flotante, aunque el problema es conseguir la inversión necesaria para su puesta en escena. O lo que es lo mismo, colocar a estos proyectos en una dimensión comercial, lo que requiere “un nivel de inversión adicional”, debido al alto coste que exige la instalación de sus plantas, con respecto a la terrestre.

El verdadero dilema del que nace el bloqueo en el crecimiento de dicho sector es la “desactualización” de la ley que sustenta a la energía eólica marina flotante. Actualmente, esta normativa recogida en Real Decreto 1028/2007, “no hace distinciones, entre eólica fija y eólica marina”, comenta Pedro Mayorga, director técnico de la empresa malagueña EnerOcean. Por ello, son muchos los expertos que la tachan de “anticuada” e “incompleta”, ya que “abandona” en una laguna legal a la “offshore” flotante.