De las olas de calor a los veranos tórridos

El calentamiento global está dejando desfasado el término «ola de calor». Los meses estivales duran más y son más frecuentes las noches tropicales con medias de más de 20 grados. Este verano, que promete volver a ser uno de los más cálidos registrados, ha venido a dejar también temperaturas récord que alcanzan hasta los 38º en el Ártico. Y mientras la atmósfera se calienta, gana en inestabilidad prometiendo una temporada de huracanes especialmente intensa

España es ahora 1,7 grados más cálida de media y un 3% menos lluviosa que en los 70. Así se desprende del Primer Informe Anual del Estado del Clima elaborado por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y presentado este mes de julio. La tendencia es que cada década la temperatura media vaya aumentando 0,3 grados. Así, 2019 fue el sexto año más cálido de este siglo. Es más: «ocho de los diez años más cálidos desde 1965 se han producido en este siglo y cinco de los seis más cálidos se han dado en la última década», según el informe. Estos días notamos una ola de calor en la Península aunque «ya nos encontramos con veranos muy calurosos, que cada año empiezan antes (a mediados de junio ya hay picos de temperaturas) y que acaban más tarde, a mediados de septiembre. Esto hace que la pérdida de confort por altas temperaturas no sea sólo cosa de unos días, sino algo constante… En esta tercera década del siglo XXI que estamos empezando ha perdido todo sentido hablar de olas de calor, porque ya no son excepcionales», explica Jorge Olcina, director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante.

El investigador también apunta al aumento de las noches tropicales, es decir, aquellas en las que la temperatura media está por encima de los 20 grados. «En lugares como la costa Mediterránea la frecuencia de estos episodios se ha multiplicado hasta por cinco», exclama. Pero es que hay más: a estas noches tropicales se les están uniendo uniendo las llamadas ecuatoriales, aquellas en las que el termómetro marca 25 grados de media. En los últimos 50 años estas noches tórridas se han multiplicado por 10. «Y lo más preocupante es la capacidad de acumulación de calor del mar. El Mediterráneo se ha calentado 1,4 grados desde los 80 y tardará al menos dos o tres décadas en soltar esa energía. Esto supone más noches tropicales y más inestabilidad en forma de gotas frías o Danas», explica Olcina.

El informe de Aemet también pronostica un verano especialmente cálido durante los próximos meses. Y, además, lo hace tras un primer semestre que pasará a la historia (al menos de momento) como el más cálido desde que se tienen registros. «El calentamiento global ha dejado de ser una creencia para convertirse en una evidencia. Y es que una atmósfera más cálida se vuelve más inestable y los cambios son más bruscos», dice el investigador. Y si aquí la temperatura ha subido de media casi dos grados, en el Ártico lo ha hecho entre 4 y 5 grados.

Hace dos semanas la ONU alertaba de una ola de calor extremo en el Polo con temperaturas por encima de los 35 grados. «Sabemos que esta región se calienta el doble que el resto del planeta y a un ritmo muy rápido. Las temperaturas anuales del aire en superficie de los últimos 4 años, entre 2016-2019, han sido las más altas registradas en la región. Además, se da una importante disminución del hielo en más del 50% en comparación con la media 1979-2019», dice Mar Gómez, doctora en Físicas y responsable del área de meteorología de eltiempo.es.

Esto, a su vez, provoca nuevos cambios en el clima. Por un lado, la quema de zonas de tundra. «Los incendios de Siberia y el Círculo Polar Ártico han aumentado. Ya el verano de 2019 fue reseñable en este sentido y este año hemos tenido incluso incendios latentes, o coloquialmente llamados ‘zombies’. Son aquellos incendios que sobreviven al invierno», dice Gómez. Por otro lado encontramos la descongelación del permafrost, esa capa permanentemente helada que encierra un gas todavía con más poder calorífico que el CO2 si se libera a la atmósfera: el metano.

Las consecuencias del calentamiento son múltiples y este año vienen con otro pronóstico a tener en cuenta. La temporada de huracanes que ha comenzado el 1 de junio se anuncia como extremadamente activa. Así lo ha alertado la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de los EE UU. «Este año podrían registrarse 16 tormentas con nombre, más tormentas que la media de los últimos 30 años. De estas 16, está previsto que ocho lleguen a categoría de huracán y que cuatro de ellos sean intensos. ¿A qué se debe? «Diversos factores intervienen en su formación y virulencia. Uno de ellos es la temperatura del mar, que proporciona la energía a los huracanes. Este año sufrimos una anomalía térmica en el Atlántico y tenemos una temperatura demasiado alta para este época, de 26-27 grados incluso», explica Francisco A. Infante, delegado territorial en Galicia de Aemet.

La CC AA se prepara ante la posibilidad de que se desarrollen huracanes cerca de su costa. Algo que se está convirtiendo en habitual. «Lo normal es que estos huracanes que se forman en el Caribe se disipen cuando encuentran las aguas frías de latitudes más al norte. Llegan a la costa peninsular ya como borrascas. Sin embargo, en los últimos años vemos que se desplazan cada vez con más frecuencia de forma anómala. Todavía estamos estudiando el huracán Pablo, que el año pasado se reactivó en medio de Atlántico y llegó como huracán de categoría 1 muy cerca de Portugal, a 700 km de la costa. Es el huracán que más al norte y al este se ha formado. En los últimos años es siempre más habitual que los huracanes pierdan fuerza pero se reactiven en mitad del Océano», concluye Infante.