«Memoria de mis putas tristes»: Amor de cartón piedra

Director: Henning Carlsen. Guión: H. Carlsen y Jean-Claude Carrière, según la novela de García Márquez. Intérpretes: E. Echevarría, Geraldine Chaplin, Ángela Molina. México/España/USA, 2011. Duración: 90 minutos. Drama.

Novela declaradamente menor de un Márquez crepuscular, retrata el despertar al amor de un periodista nonagenario por una prostituta menor y virgen. La adolescente misoginia del texto original, que idealiza el misterio del eterno femenino (siempre que sea de pago, claro) a partir de una mirada tópica y condescendiente, se extiende a esta torpe adaptación que no sabe cómo resolver los saltos temporales entre pasado y presente (resueltos con rimas previsibles y escenas brevísimas que imponen un ritmo sincopado a lo que tendría que ser una evocación serena), que abusa de los diálogos literarios, que acartona decorados e interpretaciones –se salvan Geraldine Chaplin y un agradecido cameo de Ángela Molina–, que insiste en poetizar la actitud cobarde y hedonista de su héroe sin intención de entenderla, y que muestra una perezosa reverencia por la prosa del Nobel en su más franca decadencia. Para ser una película sobre el amor tardío, casto y apasionado a un tiempo, es incapaz de transmitir la tensión que provoca tal emoción en contacto con la inminencia de la muerte. Es fría y superficial, encapsulada en un mundo de sentimientos escritos y proscritos, que no hace nada para recuperar la maltrecha suerte de los textos de Márquez en su traducción al cine.