Monseñor Manuel Irurita Almandoz, fusilado en 1936 y canonizado después como el Obispo mártir de BarcelonaArchivo

El obispo mártir de Barcelona

Manuel Irurita fue fusilado en 1936 y es la primera víctima de la Guerra Civil identificada por técnicas de ADN

Sucedió hace casi ochenta y cinco años en la ciudad de Barcelona. Marco Goñi, sacerdote y familiar (secretario) del Obispo, monseñor Manuel Irurita Almandoz, busca refugio para huir de la cruenta persecución religiosa en que ha estallado el comienzo de la Guerra Civil española. Antoni Tort, que era el joyero titular de la basílica de Nuestra Señora de la Merced, se convierte en protagonista principal de nuestro relato. Por las calles cercanas al Obispado se encuentra providencialmente con la ocasión de refugiar en su domicilio al Señor Obispo. No lo duda ni por un momento. Ya ha recogido a cuatro monjas Carmelitas de la Caridad. Así, desde el 21 de julio hasta el 1 de diciembre, en el taller del joyero se “lleva una vida claustral, por el ambiente de piedad que se respira”.

Es, precisamente, el día de San Eloy, santo obispo francés del siglo VII, que antes había sido un famoso orfebre y a quien se le tiene por patrono de orfebres, plateros y joyeros, cuando en el domicilio de los Tort se presenta un grupo de doce milicianos de la Patrulla de Control número 11 del Pueblo Nuevo para hacer un registro. No es casual, pues el nombre de Antoni Tort y el de su hija Mercedes aparecía en una lista de asistentes a una concentración carlista en Montserrat. Son numerosos los recuerdos de aquellos 132 días que están narrados extraordinariamente en “Doctor Irurita”, obra publicada en 1992 por el jesuita Adro Xavier.

Así pues, allí descubren al Doctor Irurita, que se confesó sacerdote, a su sobrino, y a cuatro monjas. Detenidos todos ellos, son llevados aquella tarde a la sede de la patrulla que estaba en el número 166 de la calle de Pere IV (antiguo “Ateneu Colon”) y, desde allí, a la “checa” de Sant Elías, instalada en un convento devastado, cerca de la calle de Balmes.

Irurita y su sobrino y secretario, el sacerdote Marcos Goñi, escondidos en el taller del joyero Antoni Tort.
Irurita y su sobrino y secretario, el sacerdote Marcos Goñi, escondidos en el taller del joyero Antoni Tort.Archivo

Fusilado tras 48 horas

Una de las religiosas detenidas junto a él cuenta que en uno de los interrogatorios que hicieron al Prelado al día siguiente, le preguntaron si durante los meses de clandestinidad había celebrado la Eucaristía; pregunta a la que respondió con firmeza: “No he dejado de celebrarla ningún día y, si me dejan, lo haré ahora mismo, pues, el mundo se sostiene por el sacrifico de la Santa Misa”. La misma religiosa recuerda que, al ser cacheado, le encontraron un rosario, y mientras se lo quitaban de malos modos, el doctor Irurita, con tono suplicante, les dijo: “Por favor devolvedme el rosario, pues sin él no puedo vivir”.

También hoy, como aquel 3 de diciembre de 1936, es primer viernes de mes. No duró ni cuarenta y ocho horas el cautiverio del Dr. Irurita, pues la medianoche del 3 al 4 de diciembre fue llevado a Montcada i Reixach, en cuyo cementerio se le fusiló junto a su sobrino sacerdote, y a los hermanos Antoni y Francesc Tort. Como no hubo proceso verbal de esta detención y de su desenlace, no se supo durante un tiempo dónde había sido inmolado el obispo de Barcelona. Según testigos, el Dr. Irurita pronunció antes de morir estas palabras: “Os bendigo a todos y bendigo también a las balas que me ocasionarán la muerte, ya que serán las llaves que me abrirán las puertas del Cielo”.

El posterior hallazgo de sus restos tras la guerra y el reconocimiento de la vestimenta que llevaba al ser detenido por parte de miembros de la familia Tort, que estaban presentes en ese momento, disiparon las dudas. El testimonio de otro preso que fue de la misma partida de doce condenados entre los que se hallaba el obispo, a quien había reconocido al partir para Montcada, confirmó lo declarado por los Tort. El cadáver fue llevado a la catedral, donde se le enterró en la capilla del Santo Cristo de Lepanto.

El análisis del ADN, al 99,9%

El llamado proceso informativo para la canonización del Obispo mártir de Barcelona se abre el 12 de febrero de 1959. El cardenal Ricard María Carles manda el 11 de noviembre de 1993 su reapertura. En el año 1999 tuvo lugar el estudio de los restos. Finalmente, el 19 de julio de 2002 se clausura la fase diocesana. La Causa recibe el nihil obstat el 27 de noviembre de 2002. El decreto de validez se otorgó el 14 de febrero de 2003.

Conservo entre mis papeles un recorte del semanario “Catalunya Cristiana” del 20 de enero de 2000. Titula el artículo: “Les restes atribuïdes al bisbe Irurita són autentiques”. No necesita mucha traducción. Llevaba yo cinco años de sacerdote y aquello me produjo verdadera emoción. Cuántas veces como tantos barceloneses, había acudido a la tumba del Obispo mártir en la Capilla del Santo Cristo de Lepanto en la Catedral de Barcelona. Demasiada historia junta en tan hermosa capilla. Pero, desde luego, lo que no podía ni imaginar es que, tras recortar y guardar aquella página de periódico, diez años después, a 28 metros bajo tierra, trabajando en las exhumaciones de la mina de Camuñas (Toledo), hablaría con el protagonista principal de la exhumación del Dr. Irurita.

Se trata del profesor Francisco Etxeberria (Beasain, 1957) presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que ha formado con los años un equipo de trabajo compuesto por historiadores, antropólogos, médicos forenses, arqueólogos, psicólogos además de otros voluntarios. Tras la aprobación de la ley de la memoria histórica de 2000, este prestigioso forense lleva 200 fosas comunes abiertas y 4.800 esqueletos exhumados en toda España desde 2000. Personalmente, sólo tengo palabras de elogio para el profesor Etxeberria y reconozco que con la misma presteza que atendió la llamada del Arzobispado de Barcelona, atendió en el otoño de 2008 la petición del Arzobispado de Toledo para el descubrimiento de los casi 300 cuerpos que yace sepultados a 28 metros bajo tierra en la mina toledana de Camuñas. Nos dijo:

-Yo acudo allá donde se hallan conculcado los derechos humanos.

Bien, pues en la intervención solicitada por el Arzobispado de Barcelona en 1999, participaron los especialistas en Medicina Legal y Forense Rosa Mª Pérez Pérez y Francisco Etxeberria y el análisis genético fue realizado en la Universidad de Santiago por el Prof. Ángel Carracedo, mediante la comparación de muestras de ADN de los restos esqueléticos de una hermana de Manuel Irurita con los correspondientes al esqueleto inhumado en la Catedral de Barcelona, que arrojaron una identificación positiva.

Fin de la polémica

Exteberria ha declarado “aunque en varios lugares se ha dicho que esta es la primera víctima de la Guerra Civil identificada por técnicas de ADN, en realidad hay un caso precedente que nos lleva al año 1999 con motivo de la investigación del caso de Manuel Irurita Almandoz, obispo de Barcelona, que fue fusilado en 1936 y se encontraba inhumado en la Catedral de Barcelona, tras haber sido recuperado de una fosa del cementerio de Montcada (Barcelona) poco tiempo después de finalizada la guerra”.

He trabajado con él y se cómo se puede distinguir un cuerpo de otro y de la fiabilidad, cuando pueden usarse, de las pruebas de ADN. Un resultado del 99,9% es muy abultado para andar con zarandajas. Otros siguen empeñados en politizar una preciosa vida martirial con elucubraciones nocturnas que quedan desmontadas por la ciencia… O ¿sólo vale lo científico cuando nos viene cabal para nuestros argumentos? Que se queden con su absurda y escuálida argumentación. Por mucho papel encontrado por el recientemente fallecido monje Raguer. Yo me quedo con el testimonio de las monjas o de la familia Tort que fueron testigos de vista, con el historiador Adro Xavier o el cardenal Carles y con el profesor Etxeberria.

Aquí pueden descargarse esta interesantísima vida gráfica del Obispo Irurita. https://www.cardenaldonmarcelo.es/blog/vida_grafica_irurita.pdf