Moisés Royo: El arquitecto que se mide con Foster

Su vivienda en Piedrabuena (Ciudad Real) está entre las mejores del mundo. Así lo considera la Brick Development Association, que la ha seleccionado como finalista junto a, entre otros, un proyecto en China del arquitecto inglés

Moisés Royo
Moisés Royo

Su vivienda en Piedrabuena (Ciudad Real) está entre las mejores del mundo. Así lo considera la Brick Development Association, que la ha seleccionado como finalista junto a, entre otros, un proyecto en China del arquitecto inglés.

Piedrabuena es un pueblo de Ciudad Real que desde ayer cuenta con un hito en su historia. Pero vayamos paso a paso. Tiene 4.500 habitantes, aunque como le sucede a la mayoría de poblaciones en verano se convierte en lugar de descanso. Muchas de las casas son de ladrillo, una construcción bastante típica de la zona. Ladrillo visto, para más señas. Fachadas casi hechas con escuadra y cartabón. Vista una, vistas todas. O casi todas, pues hay una que se distingue del resto a distancia. Se trata de una vivienda que ha resultado finalista en un concurso internacional entre 324 y en la categoría de Worldwide Award. El estudio MUKAarquitectura se medirá de tú a tú con las últimas intervenciones de Norman Foster en China y con la ampliación de la Tate de Londres que firma el estudio de Herzog & De Meuron, por citar solamente a dos candidatos, lo que significa que el jurado no ha tenido en cuenta el tamaño de la obra, sino «la difícil geometría y estrecha fachada de la obra»Ayer, en el estudio de Moisés Royo, que es el padre de la criatura, apenas daban crédito. Reinaba la euforia, aunque algo ya, dice el protagonista, nacido en Ciudad Real hace 36 años, se barruntaban: «Llevamos tiempo pensando que íbamos a dar el campanazo», asegura el protagonista a través del teléfono. «Es la historia de David contra Goliat», remacha. Esta «agradable noticia», como la define, llega en un momento en que el estudio está a pleno rendimiento. Decidieron embarcarse en la aventura en 2007, en plena crisis y sus allegados les intentaron disuadir de lo que calificaron como «una locura», «pero decidimos tirar para adelante. Yllevamos ya diez años. Yo siempre lo vi como una oportunidad que estaba ahí y que no podía desaprovechar», asegura.

Encargo peliagudo

Para Royo, todos los proyectos comparten categoría e importancia: «Nuestro lema es que el cliente consiga más por menos, e intentamos trabajar con materiales que sean cercanos y hacer con ellos una nueva lectura aplicando al tiempo técnicas actuales, teniendo en cuenta lo que nos pide el cliente», comenta.

Esta casa fue un encargo peliagudo por el solar sobre el que había que trabajar «que es malísimo. Hablamos de una parcela de 2,40 de ancho con un fondo seco y sobre la que no teníamos posibilidad de abrir ventanas. Cuando acabamos la casa la gente del pueblo nos decía: “No sabíamos que aquí había petróleo”», dice con orgullo a través del teléfono. En principio se planteó como una oficina; sin embargo, después se decidió que la planta de abajo fuera una oficina y la de arriba se utilizara como vivienda con un dormitorio, ambas de 60 metros cuadrados. Nos preguntamos si los piedrabueneros, que así se denomina a los habitantes de la localidad, aceptaron esta peculiar de buen grado: «Fenomenal, no tuvimos el menor problema. Lo qué sí nos preguntaba todo el que pasaba por delante al ver las obras era qué se iba a hacer ahí. Y la respuesta que dábamos era divertida: una nave espacial», relata el arquitecto. La obra, nos dice fue un encargo de la estanquera del pueblo para su hijo. El presupuesto era el que era y las condiciones, también. Con esos mimbres y el ladrillo como elemento clave el estudio MUKA, en el que trabajan seis profesionales junto con Royo, se puso manos a la obra y consiguió, por ejemplo, de la angosta fachada angosta un comportamiento bioclimático, es decir que esa especie de celosía que se atisba desde al calle funcionara en verano como una celosía árabe capaz de dejar pasar las corrientes. Esos mismos ladrillos consigue que la vivienda se mantenga fresca, que abunde la luz natural y que este a salvo de miradas indiscretas.

Moisés Royo cuenta que él era el más reticente de su equipo a presentarse al concurso: «Siempre me he preguntado si el hecho de que no exista un reconocimiento hace que tu obra sea peor». No es la primera vez que quedan finalistas en concursos internacionales y es que como él dice «estamos tocándolo con la yema de los dedos». Esta vivienda en Piedrabuena es la primera que construyen en ladrillo, «un material que estuvo muy extendido durante la década de los 80, digamos que es fue él quien nos eligió», señala. Son ya unas cuantas las obras de las que puede presumir este estudio que camina sin prisa pero sin pausa, pero le pedimos a Royo que elija y se queda con dos bien distintas: un cementerio en Robregordo, con el que concurrieron a los FAD en 2014 y la casa Fuensanta. También quedaron segundo en un concurso de ideas en Tokio y en un auditorio en Riga. «Nos interesa este reconocimiento como arquitectos, más allá de los elogios, porque refleja el profundo respeto que debemos a nuestra sociedad», recalca Moisés Royo.