“Una política de trincheras”

Esta ausencia de cordura resulta inquietante y a este ritmo acabaremos como esos parlamentos donde los diputados pasan de los insultos a las agresiones físicas

La política española ha abandonado la cordura. El debate es cada día más bronco y desagradable. La izquierda considera que es culpa de la derecha y la derecha, de la izquierda. Estamos inmersos en una lucha de trincheras. Esto parece la Primera Guerra Mundial. Una guerra de trincheras en el Frente Occidental donde la línea se movía unos pocos kilómetros y a veces metros a costa de un número terrible de vidas humanas. Las guerras son, por definición, absurdas. Por lo menos por una de las partes y, a veces, por las dos.

La que entonces se denominó la Gran Guerra lo fue en grado sumo, aunque las potencias europeas llevaban desde hacía tiempo caminando con paso firme y el detonante fue el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, heredero del imperio austrohúngaro, y su esposa, Sofía. El orgullo, la soberbia, la falta de diálogo y la ambición convirtieron el conflicto en inevitable y en una tragedia que no concluyó en 1918, sino que abrió un paréntesis hasta la Segunda Guerra Mundial. La política entonces era tan frentista como la que vivimos desde hace un tiempo en el Congreso de los Diputados.

Esta ausencia de cordura resulta inquietante y a este ritmo acabaremos como esos parlamentos donde los diputados pasan de los insultos a las agresiones físicas. La crisis sanitaria ha dejado casi 50.000 muertos y estamos inmersos en una catástrofe económica que obliga a un rescate de la UE. Aunque afortunadamente se enmascare con otro nombre y los hombres de negro, además, irán de gris.

En lugar de buscar consensos se buscan frentes con cómodas trincheras donde combatir al adversario. Iglesias consigue el aplauso de los suyos llamando marquesa a Cayetana y ella aprovecha para llamarle hijo de un terrorista. Nivelazo. El vicepresidente segundo aprovecha la comisión para acusar de golpistas encubiertos a los de Vox mientras destaca que los Jordi’s son unos demócratas. Los de Vox le responsabilizaban de las muertes en las residencias.

No pretendo ser ni equidistante ni partidista, porque podría llenar centenares de columnas con las broncas zafias en el Congreso protagonizadas por diputados de casi todos los grupos. La ausencia de talento es angustiosa y eso que me encanta la esgrima parlamentaria. Les recomiendo un libro que me regalaron hace años donde se recogían los «honorables insultos» que, con gran ingenio, se cruzaban sus británicas señorías en los Comunes.