“Puigdemont, 1- Mas y Bonvehí, 0″

El PDeCat es un engendro pergeñado por los pujolistas y que vive inmerso en una crisis permanente desde su fundación. El objetivo era suceder a la desprestigiada y corrupta CDC

La operación exterminio emprendida por Puigdemont camina con paso firme. Artur Mas cometió el error, algo que es tan habitual como la vida misma, de ponerle como presidente de la Generalitat pensando que sería su dócil marioneta. Y no tardó mucho en traicionarle. No es fácil encontrar alguien como Torra sin personalidad y dispuesto a hacer lo que sea al servicio del líder supremo. El problema es cuando no se busca un buen y preparado sucesor, sino la sumisión. Mas quería alguien gris que le permitiera gobernar Cataluña con el mando a distancia y se encontró con un fanático iluminado que decidió matar no solo al padre sino incluso al abuelo.

El PDeCat es un engendro pergeñado por los pujolistas y que vive inmerso en una crisis permanente desde su fundación. El objetivo era suceder a la desprestigiada y corrupta CDC. Una vez sentado en la poltrona, Puigdemont se sintió inspirado por el espíritu de los presidentes que le habían antecedido desde la Edad Media. El propio Francesc Macià, circunspecto como buen teniente coronel de ingenieros del ejército español, se le apareció en la Casa dels Canonges y le dijo «Carles, tú eres el elegido y en ti deposito mis esperanzas para construir la república de Cataluña».

En esa misma visión, el presidente mártir Companys añadió: «y que Quim Torra, que no es muy listo, sea tu vicario en la Tierra Prometida, y no te fíes de Mas y los pijoconvergentes que son los tibios que no merecen estar en el paraíso de los calçots y los castells». El místico de Waterloo ordenó la expulsión de los herejes y la ejecución ha corrido a cargo de su vicario. Ha sido una purga inmisericorde que sirve de aviso a navegantes. El mesías del catalanismo no quiere voces discordantes, sino creyentes disciplinados.

Estaba muy claro que los consejeros neoconvergentes como Buch, Chacón y Vilallonga no encajaban en sus planes. No hay que olvidar que la extinta Convergéncia y las formaciones que le han sucedido son, sobre todo, una máquina de colocación. Es un patriotismo muy bien engrasado a costa del erario y con unos fieles que no tienen profesión conocida desde hace tiempo. Han sido colocados en la administración autonómica, empresas y medios de comunicación públicos, ayuntamientos y diputaciones. Ahora lo tienen fácil si quieren mantener los chollos, solo tienen que asumir el caudillismo de Puigdemont.