¿Es posible una contención de la República popular china?

El Secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, está decidido a «hacer responsable» a China de las terribles consecuencias del Covid en el mundo, por su ocultación y errores en lo referido a la pandemia. La reacción agresiva del Partido Comunista a las acusaciones y críticas en la OTAN, puede tener consecuencias impredecibles. Pekín está tensando la situación en Asia. Desde la eliminación de los Derechos Humanos, la Seguridad Jurídica e Independencia Judicial en Hong-Kong, comprometiendo su futuro económico; a incursiones militares del Ejército Popular en territorio de la India, con decenas de fallecidos; o boicots a los productos australianos, por favorecer una investigación sobre la gestión del virus en Wuhan. También tras las declaraciones del Presidente del Senado checo en su visita a Taiwán –«soy un taiwanés»–, el Politburó amenazó con duras represalias contra Chequia, por injerencia en sus asuntos internos.

China se siente fuerte y dice tener el virus controlado. Sus agencias difunden fotos de fiestas multitudinarias en Wuhan, y estadísticas sobre su modélica recuperación económica. En junio, el PIB norteamericano se habría contraído un -32% y el de la UE un -12%, mientras que China se supone que creció un 3,2%. Sean o no fiables las fuentes, Pekín no tiene todas las de ganar.

Ante el acercamiento entre India y EEUU, la República Popular China crea tensiones entre sus vecinos para proyectar una imagen de fuerza que permita legitimar su ocupación ilegal de aguas jurisdiccionales de países limítrofes del Sudeste Asiático; e intenta presionar a Taiwán, que es la auténtica y original República de China, cuya población prefiere la Libertad. Tras la incursión de Pekín en territorio hindú, Delhi ilegalizó la plataforma Tik Tok, y excluyó a Huawei de las infraestructuras del 5G, así como múltiples aplicaciones chinas en las redes indias.

EEUU e India estarían empleando la misma medicina que Pekín aplicó a las empresas occidentales en su suelo, como Google, Amazon, Facebook y Apple, y ahora favorecen su implantación en Asia, pues en China no tienen cabida, discriminadas por la canibalización y una regulación que favorece, sin pudor, a sus gigantes como Baidu, Alibaba y Tencent.

Además, EEUU considera otras tácticas de desacoplamiento frente a Pekín, para limitar su endeudamiento y dependencia. Washington baraja restringir más las exportaciones de semiconductores a China, que sólo controla el 5% de la producción mundial, cuando EEUU controla el 45%. A través del control americano de estas cadenas claves de valor, se les aislaría de los jugosos negocios en TIC’s y la misma Internet. Como contrataque, en agosto amenazó con limitar sus exportaciones de tierras raras a EEUU, imprescindibles para ciertas aplicaciones militares estratégicas, por incrementar las ventas de armamento americano ultramoderno a Taiwán.

La subida de aranceles a las enormes exportaciones agroalimentarias y mineras australianas a China, son una medida de presión al premier Morrison, quien pretende invalidar los contratos firmados por el Estado de Victoria con Pekín, en el marco de la Ruta de la Seda, recentralizando la contratación federal para minimizar la frecuente injerencia política de Pekín en Australia, cuya economía ha entrado en recesión y a quien pretende controlar a distancia.

- El modelo económico depredador comunista –empezando por los préstamos usurarios de ruina a los países de su Ruta de la Seda–, y su falta de respeto por la vida humana, propiciaría –con contradicciones– un realineamiento inestable de Australia, EEUU, Japón e India, contra el nuevo competidor estratégico post Covid: la República Popular China. Esta, en el trasfondo, tampoco está al margen de las recientes tensiones político-comerciales entre Japón y Corea del Sur.

Entretanto la titubeante UE despierta tarde, pasando de posturas conciliatorias en mayo, a acercarse a las americanas en septiembre. Si bien la recuperación de los flujos comerciales y de inversión internacionales con Pekín, son claves para la recuperación europea tras el Covid, su candidez frente al pragmatismo del Partido Comunista es proverbial: Alemania transfirió su tecnología y excedentes comerciales con la UE a sus negocios en China, durante la crisis 2008-2012, cuando el desempleo en el Sur de la Unión se disparaba. Ahora, con la economía europea devastada por la pandemia, y dada la creciente autonomía china en materia tecnológica, Alemania es prescindible; por tanto es más difícil obviar el dumping social en las fábricas de la BASF, Daimler o Volkswagen en China, o las persecuciones políticas en Xinjiang, Tibet y Hong Kong.